Torroella alcanza el tope de escritores por metro cuadrado
La librería El Cucut celebra el tradicional merienda literaria que da el pistoletazo de salida a Sant Jordi
Torroella de MontgríUn viento de tramontana pesado para Semana Santa es un pequeño placer culpable para quienes no tenemos vacaciones, ni casita, ni barquito en el Empordà. La librera de El Cucut de Torroella de Montgrí, Maria Teresa Calabús, se encomienda a Fages de Climent y le pide al Cristo de la tramontana aquello de "dad el verde exacto a nuestro prado / y medid la tramontana justa / que seque la hierba y no nos espolee el trigo". Este jueves el Señor estaba magnánimo porque ningún ES-Alert ha impedido que se celebre el famoso almuerzo literario de la librería. Me imaginaba un pequeño Sant Jordi en familia, poder hojear libros y charlar con comodidad, pero me encuentro una ratio de escritor por metro cuadrado muy elevada, con los consiguientes compradores dificultando el paso. Cincuenta y cinco autores y mil trescientos buñuelos de Cuaresma caseros.
Oigo a Sílvia Soler que recita Fages de Climent a mi lado porque, como su madre era su discípula, tenían el poema en una baldosa en la entrada de casa. Conversa con Martí Gironell, uno de los instigadores de este encuentro, que se ha consolidado como el primer acto pre-Sant Jordi "sin prisas ni colas agresivas, sin que los autores tengan que irse a ningún lado", destaca Calabús. Aquí los escritores tampoco se sientan, expuestos, sino que van charlando y los lectores los tienen que interceptar al vuelo. Busco beef sobre si la festividad es como estar en un zoo, pero no cuela. "Me resisto a criticar Sant Jordi. Incluso con la locura de Barcelona, yo encuentro tiempo para hablar con los lectores. Aquí es más relajado, sí. Pero Sant Jordi es una pasada y mira que ha habido que no firmaba mucho...", dice Soler. Eva Piquer también es fan radical y, evidentemente, la editora Pilar Beltran que afirma que, una vez superado el trance de las listas, "todos los editores, pequeños, medianos y grandes, están contentísimos, ningún momento del año hay tanta diversidad y, además, hay tantos Sant Jordis como quieras; mira a Jordi Coca, que es autor mío". Aniol Rafel asiente al lado. "El libro se tiene que defender todo el año, tienes que ir a las librerías, a clubes, allí donde haya gente, y entonces por Sant Jordi te tendrán presente", recomienda Gironell.
Veo que Regina Rodríguez Sirvent y Gil Pratsobreroca se desvirtualizan con un abrazo. Ella me confiesa que tiene la adrenalina disparada y se despierta a las 4 cada noche, pero se lo pasa bien. Asegura que hay "un compañerismo maravilloso" entre autores: "No competimos por las listas, es absurdo, esto no son los 100 metros lisos", dice desde la cima del ranking. Xavier Bosch viene de incógnito, porque no tiene novedad, y le admite a la librera que para el año que viene ya lo ve justito. Este año no pasará Sant Jordi en Barcelona: "Cuando no tienes novedad haces más estorbo que servicio", opina Bosch. Y mira Pratsobrerroca: "Será el más vendido", vaticina, como si fuera Arturo pasando la corona. El debutante osonense confiesa que intenta no pararse a pensar en cifras de vértigo: ya lleva 9 ediciones (50.000 ejemplares), ha vendido la traducción a 9 lenguas y tiene 14 productoras interesadas en adaptar el libro. "Me siento como si tuviera un hijo y lo enviara por primera vez de colonias: ¿dónde se lo pasará mejor?", se plantea. Yo le pregunto si serán colonias en inglés: "Quisiera que fueran en catalán".
Aparece Montse Virgili sonriente, porque se ha colado en el AVE con un billete equivocado de día y ha protagonizado una serie de espías para que no la atraparan, y todo para llegar a una comarca donde no hay pajaritos. Veo que se juntan las caras conocidas: Ariadna Oltra y Elisenda Carod se dicen que todavía no se han leído pero se han escuchado haciendo promoción. "No me siento intrusa, soy periodista y he escrito un retrato sobre el periodismo", me dice Oltra, que ve revelador que no tengamos periódicos a mano "ni para hacer una calçotada", provoca. "¿El final de los periódicos?", le medio reprocha Bosch. "Y así vamos, por el pedregal", responde.
Carlota Gurt llega atribulada a las 6 de la tarde, sin comer y a media mudanza. Oriol Canals explica que esta Semana Santa acabará el próximo libro y lo entregará justo el martes. Jordi Puntí está feliz porque ha vendido un Maletes perdudes —la librería tiene fondo de todos los autores invitados—, pero él se ha dedicado a hacer el artículo del libro de su compañera, Stefanie Kremser: "Este es el bueno", dice a unos clientes. El padre de Rodríguez Sirvent también se ha puesto al lado de la pila de libros de la hija para hacerle la promoción. "¡Es mi comercial. Le ha vendido un libro incluso a Artur Mas!", celebra la hija. Y también lo celebra cada año el ARA en la portada: Sant Jordi es leer y también amar.