Novedad editorial

"Vivir en el Born es lo que debe parecerse más al infierno"

Marc Artigau publica el libro de relatos 'Este será nuestro pozo', que ha recibido el premio Mercè Rodoreda

02/04/2026

BarcelonaEl primer trimestre del año, Marc Artigau (Barcelona, 1984) ha llevado el sombrero de dramaturgo y ha estrenado la comedia sobre el Alzheimer Una festa a Roma, dirigida por Clara Segura en el Teatre Lliure. El segundo trimestre, de cara a Sant Jordi, el dramaturgo se pone el sombrero de narrador y presenta el volumen de relatos Aquest serà el nostre pou (Empúries), que acaba de ganar el premio Mercè Rodoreda en la Nit de les Lletres Catalanes.

Artigau es un escritor todoterreno: ha publicado novelas como Aurora (Destino, 2023) y La vigília (Premio Josep Pla, 2019) y una trilogía de thrillers con Jordi Basté, colabora en El món a RAC1 haciendo un cuento de un minuto diario y es una presencia habitual de las carteleras de la ciudad –en junio estrenará en el Maldà la comedia El meu germà–. Si en el teatro muestra la cara más benévola y luminosa, en los cuentos aparece una visión más oscura y descarnada del mundo. "Los cuentos son más íntimos y me da la impresión de confesionario, ahí puedo decir lo que pienso. Aquí soy más malo", reconoce.

Cargando
No hay anuncios

Una lapidación con ojos de niño. Una venganza juvenil en una residencia de ancianos. Un crucero familiar con un final digno de Supervivientes. Artigau es juguetón con la forma de los cuentos y salvaje con el fondo, porque lleva al extremo a los protagonistas de los relatos, que actúan como si no existiera ninguna ley ni ningún juicio externo, como si nadie los estuviera mirando. ¿Qué pasaría si la naturaleza humana se dejara ir desbocada? "Creo que hemos dejado a la responsabilidad colectiva cosas que tienen que ver con la responsabilidad individual", opina.

Cargando
No hay anuncios

Este será nuestro pozo excava en la idea de un sistema que aparentemente funciona pero que en realidad está agotado. En La mancha del señor Antonio hay un abuelo que se desangra mientras los vecinos le hacen compañía esperando una ambulancia que no llega. "El otro día leí [en el ARA] que hay una correlación directa entre los lugares donde cierran más bares y la extrema derecha, porque el bar es un espacio de encuentro. Hay confianza en la gente, sí, pero no en el sistema", reflexiona.

Los personajes de algunos cuentos muestran una falta de empatía casi psicopática. "Es el nuevo paradigma mundial hacia donde vamos: la política de Trump es la ley del más fuerte. Esto me hace pensar en la lengua. Tenemos una lengua minorizada, y no tenemos el poder ni los recursos para conservarla: a ver cómo lo haremos, porque también hemos visto que no dejar un papel en el suelo no ha servido de nada", apunta. Es una preocupación que retrata en Ciutat de vacances, donde imagina una pareja desahuciada de su casa por no ser turista: resulta que en primera línea de costa es ilegal vivir allí, solo se puede estar de vacaciones, feliz, hablando inglés o castellano.

Cargando
No hay anuncios

"Hemos dejado de ser ciudadanos para pasar a ser consumidores. O ser un gasto, si somos un señor que se cae por la calle. Estamos en un sistema en el que si no aportas es que restas y, por lo tanto, no te mereces estar aquí –continúa–. Yo viví en el Born, y es lo que debe parecerse más al infierno, porque bajas a la calle y todo el mundo está de vacaciones y tú tienes prisa por ir al metro. Todo gentrificado... Por eso vivo en Sants. Leí en el ARA que alguien decía que Gràcia ya no mola y Sants sí. Lo desmiento: Sants no mola nada, es una mierda, no vengáis, ocupamos casas y quemamos gente, no os lo recomiendo nada".

Cargando
No hay anuncios

Una distopía no tan lejana

Los doce cuentos respiran un aliento clásico y beben de una tradición que será familiar para los lectores catalanes. Artigau cita a Quim Monzó y Sergi Pàmies, pero también a Julio Cortázar, J.G. Ballard y Mariana Enriquez. El hilo que anuda los cuentos, además de las muertes, es "la sensación de perplejidad". Ya sea por el punto de vista del narrador, el espacio, el tema o el género, el autor juega a dislocar la realidad como si estuviéramos en un capítulo de una distopía estilo Black mirror.

Cargando
No hay anuncios

Uno de los protagonistas del cuento que da nombre al libro, Este será nuestro pozo, descubre un hombre que ha caído dentro de un agujero y, en lugar de salvarlo, entabla con él una amistad intensa y pasajera. "Todo lo que es extraordinario acaba deviniendo cotidiano –reflexiona el autor–. Si admiras a algún artista, no tienes que conocerlo. Al final a todos nos pasa lo mismo. Puedes idealizar a un futbolista y después lo escuchas y... ¡ay! Pero es que son chicos muy jóvenes". Lo escribe así en el cuento Náufragos: "Muchos creen que amar es conocer a alguien de verdad; todo lo contrario, la gente que conozco profundamente siempre acaba decepcionándome".

La inmoralidad de los cuentos de Marc Artigau los convierte, por oposición, en cuentos morales. En Mamadou plantea qué tenemos derecho a pedir que hagan los inmigrantes –como el protagonista, de nombre sugerente– a cambio de un trabajo y un techo. El compendio aborda las grandes preocupaciones contemporáneas, pero siempre desde la ficción. "Odio la literatura de terapia, no necesito saber que es verdad. La ficción te permite ser más libre, más analítico y dar más profundidad a temáticas que están en la calle sin ser dogmático. Quien tenga un discurso que monte una iglesia. Yo reivindico el derecho de no tener opinión de muchas cosas. Escribir es entender que va de grises, no de blancos y negros".

Cargando
No hay anuncios