Mishima y las amistades poéticas celebran Sant Jordi
Eva Baltasar, Pol Guasch, Carlota Gurt y Biel Mesquida participan en 'La Noche de las Rosas' en La Paloma.
- Mishima, Eva Baltasar, Pol Guasch, Carlota Gurt y Biel MesquidaLa Paloma. 22 de abril de 2026
Los Mishima han completado este miércoles su primer ciclo olímpico de La Nit de les Roses. Ya hace cuatro años que fueron la primera banda que actuaba en la histórica sala La Paloma en el corazón del Raval barcelonés después de su rehabilitación y lo hacían proponiendo una fiesta de pre Sant Jordi que fusiona palabras y música, tal como corresponde a la banda más literaria del panorama catalán contemporáneo. Como decía Manuel de Pedrolo, si son rosas, florecerán. Y estas han estallado ufanas: si las ves coreando los temas de Mishima y los aplausos a los escritores que hacían de teloneros son el barómetro, esta es una tradición que ha llegado para quedarse.
En tiempos de miedo por el futuro del catalán, David Carabén lanzaba un mensaje optimista: “Tenemos la lengua suficiente en forma como para haberle tenido que dar cuatro vueltas estos días para hacer la selección de autores”. La escuadra ciertamente era de lujo. Abría fuego el último premio de Honor de las Letras Catalanas, el poeta Biel Mesquida, que recitó torrencial las tres últimas piezas de su último libro, Trast. Habló de terremotos, martillazos y letraterremotos y recordó el encarcelamiento injusto del rapero Pablo Hasél, mención que recibió un gran aplauso.
Siguió otra premiada, en este caso con Anagrama: Carlota Gurt. Els erms es un libro sobre el desencanto y la autora leyó un pasaje cústico sobre el abismo entre quien somos y quien querríamos ser, expresado en términos de una escasa eyaculación. Eva Baltasar regaló un pasaje de su quinta novela, Els peixos, sobre una historia de amor dolorosamente asimétrica en la que una mujer la vive desde el desmembramiento y la otra desde el hedonismo. La parte literaria la cerró Pol Guasch, que optó por no leer del último libro, Relíquia (donde narra el suicidio del padre), y optó por presentar un texto nuevo compuesto a partir de algunos de los versos más célebres de Mishima y reflexionar a partir de ellos sobre el amor. “¿Llegados aquí, sabiendo que tenemos que marcharnos, si pudiera huir sabes dónde iría?”, concluía con voz delicada, segundos antes de recibir una de las ovaciones de la noche.
La Noche de las Rosas es, también, solidaria. Parte del precio de la entrada se destina a la fundación Arrels, que vela por los sin techo. Como Víctor, que subió al escenario para explicar cómo se había salido después de cinco años viviendo en la calle. “El problema de la calle es la salud mental”, recordó, sobre las consecuencias que tiene en las personas que no pueden disponer de hogar.
Terminada esta generosa y lucida primera parte, fue el momento del concierto de unos Mishima pletóricos y que jugaban en casa. El público cantó de todo –más ellas que ellos– y reinaba un ambiente despreocupado y alegre, incluso durante las canciones más melancólicas.
Una microtradición dentro de esta neotradición es el estreno en directo de la última versión en grupo, que este año corresponde a Solo amigos, la adaptación del Back to friends de Sombr. El tema llegaba después de una retahíla de versiones encadenadas que se iniciaba con El libro del amor (Peter Gabriel) y seguía con las covers de las ediciones anteriores de esta fiesta pre Sant Jordi: Roses (de Miley Cyrus), La diabla (de Xavi) y HdHFMD (de Bad Bunny). La fiesta acabó con dos clásicos propios: Un trozo de barro y Todo vuelve a empezar.