Maria Arnal: "La muerte de mi prima es la primera herida de mi corazón"
Música. Publica el disco 'Ama'
BarcelonaLa promesa era bien explícita en los conciertos que dio el año pasado para presentar las canciones que han terminado en el disco Ama (Atlantic Records, 2026). Maria Arnal (Badalona, 1987) tenía entre sus manos un material extraordinario para poner en marcha una nueva etapa una vez cerrada la sociedad con el guitarrista Marcel Bagés. Todo ello también es fruto de investigaciones escénicas diversas con la compañía de danza La Veronal (La mort i la primavera en el TNC y la banda sonora de la película Polvo serán, de Carlos Marques-Marcet, ambas con la muerte como eje) y un trabajo de largo recorrido con la inteligencia artificial aplicada a su voz (que nació a raíz de la fascinante colaboración con Holly Herndon en el Sónar de 2021). También resuena la admiración por la sonoridad del órgano y el entusiasmo por la polifonía profana de los madrigales, además del amor por las músicas populares tradicionales. Y con este envoltorio musical proyecta uno de esos jardines prohibidos de la memoria: la muerte de su prima a consecuencia del sida, una historia familiar llena de silencios y contemporánea de lo que cuenta Carla Simón en las películas Estiu 1993 (2017) y Romería (2025). La carga conceptual es contundente, pero el acierto de Maria Arnal es transmitirla con ligereza y sensualidad poética y musical, porque a menudo la mejor vanguardia es la que no lo parece.
¿Por qué a tu generación, que es también la de Carla Simón, le interesa tanto expresar artísticamente el impacto que tuvo el sida?
— Creo que somos una generación que vivimos ese silencio, pero no lo entendimos porque éramos niñas. Perpetúas un silencio muy incómodo que hace que la herida sea menos sana. Tampoco entendías la enfermedad ni el estigma. Ahora, desde nuestras visiones artísticas, podemos hablar de ello, encontrar palabras e imágenes que sanen un poquito ese silencio que en ese momento no se podía decir. Por eso el disco comienza con un verso de Safo: "Lo que te quede por decir quedará por llorar". La lágrima es una liberación, porque no solo lloramos de pena.
En tu caso, la herida es la muerte de tu prima cuando ella tenía 15 años y tú 13 años.
— Quería que esta nueva etapa fuera muy distinta. Quería sentirla muy mía, y por eso decidí cogerme a una fuerza que sintiera muy propia. Y la muerte de mi prima es la primera herida de mi corazón. Yo tenía 13 años y por eso en el disco hay trece canciones. Ella murió de sida [contrajo el virus por la leche materna], al igual que mis dos tíos, que cogieron el VIH en los años noventa. No supe que ella había muerto a causa del sida hasta años más tarde, y tampoco sabía si podía contarlo. Había un silencio familiar y social. Ahora se trataba de poner nombre a esa herida.
Hablas de liberación. ¿También artística?
— Sí, en este sentido también hay una liberación: esto es lo que soy y no me escondo detrás de nada, ni detrás de grandes proclamas, ni grandes conceptos ni grandes historias. Es una música que he hecho desde el corazón, dedicada a la primera herida, pero también con todo lo que he aprendido en estos años y todas las cosas que me han hecho sentir viva y reenamorarme de este oficio. Yo me sigo considerando cantautora, aunque siento que he sofisticado tanto tanto la voz como la producción musical con la investigación de la tecnología de la IA.
¿Es Maria Arnal y solo Maria Arnal?
— Después de trabajar tanto tiempo con Marcel [Bagés], sentía que me había acomodado a hacer una parte del trabajo, y ahora quería hacer el trabajo entero, a 360 grados. ¿Y cómo sería esta María? ¿Cómo voy a componer? Decidí que quería hacerlo de formas que no fueran las que había hecho. Por ejemplo, casi todas las canciones las he hecho desde la música, es decir, desde la voz como instrumento, no como portadora de texto; muy anticantautora, si quieres. Y las letras las he terminado al final. Hay algunas que no, como Que me quiten, que la primera vez que canté la melodía sobre los acordes ya estaba el verso "Que me dejen lo que tengo". Este disco es tal y como soy ahora, hecho con una madurez que me ayuda a sostener esta vulnerabilidad de decir "esto es lo que soy ahora, y si te gusta guay, y si no, pues no pasa nada". Pero es un disco que he hecho sobre todo para mí.
¿Y cómo ha evolucionado el proyecto desde que lo presentaste en directo en festivales como el Sónar y el Mercat de Música Viva de Vic?
— Ha evolucionado bastante. En aquellos conciertos del año pasado no quería incluir ninguna canción del repertorio antiguo, porque ya tendré tiempo este año de incluir alguna, como Tú que vienes a rondarme, Meteorito o La virgen roja. Quería ocupar todo el tiempo de los conciertos con el material nuevo para ver también cómo conectaba la gente y cómo me sentía yo. Una frustración que tenía, sobre todo con el disco Clamor (2021), es que publicamos las canciones sin que hubieran pasado por el escenario, prácticamente. Me gusta estar cambiando las cosas siempre, y de repente me encontré con unas canciones que ya estaban cerradas antes de madurar en directo. Además, dado que no quería hacer las cosas como las había hecho antes, era inevitable comparar los procesos y quería poder tener el escenario como último espacio de composición antes de cerrar las canciones. Y lo mismo con el repertorio final del disco, que me ha costado muchísimo decidir cuáles se quedaban fuera.
De hecho, hay canciones como Esquinitas, que tiene madera de hit, Espejo y Lunar que interpretaste en los conciertos del 2025 y que no están en el disco.
— Son canciones que forman parte de esta etapa de creación, pero que sentía que en el disco no tenían un sitio. Son canciones hechas para el directo y para conectar con el público en el viaje del espectáculo, que no es necesariamente el mismo viaje que el del disco. Para mí fue una revelación muy desagradable cuando me di cuenta de que en el disco no me servía todo el trabajo que había hecho de avanzar en las canciones hacia el espectáculo. Las canciones tenían un lugar tan cómodo en directo, y los conciertos estaban funcionando tan guay, que, al sacarles todo el espectáculo de alrededor, algunos no me entraban en el viaje del disco, que es un viaje más introspectivo. Por tanto, el arco emocional del disco tenía sentido que fuera la síntesis de lo que consideraba que era mejor en conjunto. Y estas no entraron.
¿Y no has pensado en hacer una edición en vinilo que recoja las canciones que has dejado fuera?
— Tenía claro que no quería hacer un disco largo. No quería realizar un disco de 25 canciones. Para mí es como un primer disco, y tampoco quería empalagar. Soy una artista de escenario. He picado piedra en mil escenarios distintos. El otro día pensaba en unas fiestas mayores de Madrid, que cantamos encima de un camión, con los churros ahí y todo. El escenario es mi primer lugar. Y quería empezar esa etapa desde allí. Estoy contenta de haberlo hecho así, porque en estos conciertos he recibido mucha información de cómo el público entra en las canciones o no entra, cuáles funcionan muy bien en directo y cuáles no tanto. Hace tres años, si me hubieras dicho que estaría aquí, creo que me habría costado creerlo, porque estaba muy agotada y me sentía creativamente muy floja. Sentía que necesitaba hacer un cambio heavy. Y ahora estoy contenta de haberlo hecho. Es mi éxito personal, poder decir: "¡Lo he conseguido!".
¿Carta es la canción que mejor sintetiza el disco, tanto musicalmente, por el tratamiento polifónico de tu voz y la percusión, como por lo que explica la letra?
— Mi prima dejó una carta que nunca le respondí, porque, claro, ya no estaba... Pero con su muerte siempre me he relacionado con ella como si tuviera mucha presencia. La tengo superpresente. Y eso me interesaba mucho en el disco, esta idea de una presencia física que no tiene cuerpo. Lo trabajo con las voces sintéticas, que son mis voces sin mi cuerpo. Los órganos, el instrumento que intenta imitar la voz humana desde el misterio, son también muy importantes en este disco. La voz sintética me conecta con todo lo que no sabemos, con ese misterio, pero también quería que las canciones pudieran ser ligeras y juguetonas. En este disco no quería elegir una María, quería que estuvieran todas. Quería ser Madrigal, quería ser polifónica.
La canción Madrigal tiene ese carácter juguetón y profundo a la vez.
— Es una canción que me encanta. El madrigal es una polifonía típica del Renacimiento, cuando la polifonía deja de ser una forma de comunicarse con Dios y se empieza a desarrollar la idea de interioridad y exterioridad, el mundo dentro, el mundo fuera, y esa idea de voz interior que no es Dios, sino que es uno mismo. En la canción tenemos a una chica que está escuchando música por la calle y se siente increíble. No sabes qué ha pasado por la noche, pero se lo ha pasado de increíble y desprende una sensualidad de lo más natural. Y hay una referencia a Ausiàs March en la letra, que es una mezcla rarísima, pero que para mí tiene como mucho sentido, es natural.
¿Es natural que Madrigal sea en catalán?
— Sí, yo creo que sí, totalmente. Desde el principio estaba en catalán. Lo que ocurre es que al principio quería que hubiera alguna canción que no tuviera letra, que solo fuera vocalización. Y con esta tuve uno de los momentos de crisis del disco, porque sin letra no me entraba en el viaje del disco. En directo podía sostenerla, pero en el disco tengo que cogerme a la letra, no puedo no tenerla. Pero la imagen la tenía desde el principio: una chica caminando por la calle con los auriculares y sintiéndose dueña de la calle. Madrigal la conecto con Meua [la versión de canción de cuna valenciana La meua xiqueta és l'ama], que dice: "Mi niña es la ama del corral y de la calle".
Y Tic-tac, que es la canción con un espíritu más rave, ¿con qué la conectas?
— La integro en el disco con el sonido de los órganos y con una electrónica más gruesa, aunque también tiene elementos vocales más etéreos. Conceptualmente, habla de la muerte como un estadio de algo mayor. Es la más budista, por decirlo de algún modo. No hemos estado juntas en esta vida, pero siempre lo estaremos en las que viviremos, más o menos. También hay algo de nostalgia: ¿cómo sería volver a conocerte otra vez? Una vuelta atrás que es ir adelante en una nueva vida.
Quienes no creemos en Dios tenemos la memoria para recordar a los que ya no están y confiamos en que la trascendencia sea el recuerdo que tendrán otros de nosotros.
— Exacto. Cuando murió mi prima, tuve una crisis gigante. Antes de que muriera, habíamos ido mucho a la iglesia, mi familia. Siempre me acuerdo rezando y pidiendo: "Que se ponga bien, que se ponga bien". Y cuando murió fue como "a la mierda Dios".
¿Cuál fue la primera canción del disco que compusiste?
— Ama, que tiene una percusión hecha con una escalera metálica. Muchas de las cosas que existen en las percusiones del disco son espacios de comunicación. Por ejemplo, con una escalera vas de un sitio a otro. En Pellizco hay muchas puertas. Y en Si te asomas, ventanas.
En el título del disco, Ama, juegas con la polisemia de la palabra en castellano, ¿verdad?
— Totalmente, sí. Ahora me siento ama de mi voz tal y como quiero tenerla. Soy yo quien decido cómo cantar, cómo decir. También me siento dueña de la visión artística: puedo contar esta historia que me han contado desde el silencio con mi sensibilidad y eligiendo yo las palabras desde el imperativo de amar, desde la fuerza del amor, que es lo que me conecta tanto con algo que es mucho de mi esencia, que es esa muerte, esa persona que me acompaña siempre, que no siempre está.
También hay una Maria Arnal con rabia. La de Que me quiten, que despliega versos sobre violencia y estigmatización: "Que me priven de mi voz. / Que me quemen en la hoguera, / que me claven en la cruz. / Que me impongan un destino...".
— Es una canción que no podía escribir hace diez años. Tenía que escribirla ahora mismo, con esta edad, por todas las cosas que he vivido y que ahora soy más consciente de cómo funcionan. Antes no tenía esa madurez como mujer. Ahora sí que puedo cantarlo, porque he vivido muchas de esas cosas que digo. O las he entendido desde esa perspectiva mucho más feminista sobre qué es el cuerpo de una mujer; como mujer, simplemente por ser mujer en la vida cotidiana, pero también ser el cuerpo de una mujer en un proyecto en el que tú eres la líder, y en un contexto de industria musical. Hago una enumeración de los martirios psicológicos, emocionales y físicos que el cuerpo de la mujer ha recibido durante siglos y siglos de patriarcado, pero sin que suene panfletario. No quiero literalidad, quiero poesía, pero verdad.