Música

Rosalía lo ha vuelto a hacer con 'Berghain' en los Brit Awards

Rosalía en la gala del Brit Awards 2026, en Manchester.
02/03/2026
3 min

Seguramente muchos seguidores de Rosalía pensábamos que no interpretaría en directo Berghain. No sólo por las dificultades vocales y la necesidad de la presencia orquestal, sino también por los cambios estructurales y estilos que supone este tema de poco más de tres minutos. Pero sí, ha vuelto a hacerlo. Nos ha vuelto a embelesar. Parece que, realmente, la de San Esteban Sesrovires nos invita a participar de una doble posesión divina: por Apolo, cuando canta con la voz de cabeza que seduce con una fuerte racionalidad alemana, y, después, por Dionís, con el remix de Conrad Taylor (con "till you love me").

La ganadora del premio al artista internacional del año de los Brit Awards 2026, galardón otorgado el sábado en Manchester por la industria fonográfica británica, y que se ha impuesto a Bad Bunny, Taylor Swift, Lady Gaga, Sabrina Carpenter y un largo etcétera, lo ha vuelto a charlar.

La actuación en directo de Berghain, una canción que hasta ahora sólo habíamos tenido la posibilidad de disfrutar en el videoclip que estrenó el álbum Lux, no puede ser considerada meramente una actuación pop que justifica el premio que ha recibido, sino que debe considerarse una sublime manifestación estética de la fragmentación contemporánea. En esta pieza, Rosalía consolida su transición, siguiendo el rastro de sus álbumes anteriores, hacia una ontología que nace de la dicotomía entre lo humano y la máquina, donde la voz ya no busca sólo la expresión de la interioridad clásica, sino que se convierte en una textura más en un engranaje sonoro brutalista. La interpretación vocal de soprano lírica de Rosalía establece una dialéctica con la naturaleza telúrica de la intervención de Björk (sensacional y única, como siempre!), que la acompañó en esta magnífica actuación. Ésta última, con sus saltos interválicos orgánicos y su uso de la atonalidad, actúa como el residuo de una humanidad que se resiste a ser totalmente digitalizada.

El baile colectivo con el que termina el tema puede recordarnos el desenfreno del éxtasis corporal de cualquier noche en el famoso local berlinés Berghain. La dirección creativa de Pilar Vila Tobella y la escenografía y la coreografía de (La)Horde –un colectivo francés de coreógrafos y cineastas como Marine Brutti, Jonathan Debrouwer y Arthur Harel, que combina danza contemporánea, culturas digitales y movimientos postinternet, como el jumpstyle o el rábano, para explorar la relación entre cuerpo, comunidad y política en la era global– son de una fuerza sobrecogedora. Esta puesta en escena de los bailarines puede evocar perfectamente las teorías de Byung-Chul Han sobre la sociedad del agotamiento y la transparencia. Los movimientos coreográficos, espasmódicos y altamente fragmentados, tanto musical como visualmente, funcionan como una representación de la sumisión del cuerpo al ritmo algorítmico del capitalismo tardío; no hay fluidez, sino una sucesión de puntos de tensión que recuerda la alienación del sujeto contemporáneo frente a la máquina. En este sentido, Berghain deja de ser una referencia geográfica al club berlinés para convertirse en un no lugar en el que, como postularía Marc Augé, la identidad se diluye en la repetición del pulso techno.

La sensación de que nuestro presente habita en un estado de encantamiento por futuros que nunca llegarán a materializarse se define con el término de hauntología. Aunque el término fue acuñado originalmente por Jacques Derrida en 1993, fue el crítico cultural Mark Fisher quien le popularizó a principios del siglo XXI para diagnosticar la estagnación de la cultura contemporánea. Este marco teórico se articula sobre tres pilares fundamentales. En primer lugar, la pérdida de futuro, que describe nuestra incapacidad para imaginar horizontes realmente nuevos, forzándonos a reciclar estéticas y sonoridades del pasado, tal y como se observa con el inicio del tema lírico cantado por Rosalía en alusión al legado clásico y con el revival del techno de los 90 en Berghain. En segundo lugar, el fantasma de lo que podría haber sido, referido a aquellas utopías del siglo XX, como la del optimismo tecnológico desatado, que pese a haber fracasado todavía resuenan como espectros de la creación musical contemporánea. Y, finalmente, la estética de la nostalgia, en la que el uso de sonidos rotos o granulares nos recuerda constantemente que el tiempo está "fuera de sitio".

En la actuación de Rosalía, la hauntología emerge con una fuerza abrumadora al utilizar una estética de club industrial de hace décadas para narrar un 2026 hiperdigitalizado que nos presenta la paradoja de una música que apunta al futuro, pero que se ancla todavía en el pasado.

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