El Ricardo III que Bieito esculpe a golpes de martillo
El director catalán subraya el tono bufonesco del rey de Shakespeare en una producción argentina
- Autor: William ShakespeareDramaturgia y dirección: Calixto BieitoIntérpretes: Joaquín Furriel, Luis Ziembrowski, Ingrid Pelicori, Belén Blanco, María Figueras, Marcos Montes, Luciano Suardi, Iván Moschner, Luis Herrera, Silvina SabaterTeatro Grieg (10/07/2026)
Alto, ágil, bien plantado, atractivo, furioso, violento, histriónico, bufonesco. Y sin joroba. Así es el Ricardo III de Shakespeare imaginado por Calixto Bieito que ha pasado por el Festival Grec en una producción de 2025 del Teatro San Martín de Buenos Aires, encabezada por el actor Joaquín Furriel, a quien Calixto Bieito ya había dirigido en 2010 en una versión de La vida es sueño de Calderón de la Barca.
Un Ricardo III más farsa que tragedia que grita, golpea, corre, salta e incluso se pasea por la platea invitando a los espectadores a meter el dedo en el pastel envenenado con el que asesina al duque de Buckingham. Y más de uno lo hace. Este Ricardo III quiere el poder. Quiere el reino, pero sobre todo quiere hacerse ver como un bufón perverso que reclama atención, exhibiendo su cinismo en un perfil que se mira en el payaso asesino. Es el centro de una historia contada a base de golpes de efecto.
Bieito recupera la historia de uno de los grandes villanos de Shakespeare a partir del descubrimiento, hace unos años, de lo que podían ser sus restos en un aparcamiento municipal donde había estado el convento de los franciscanos. Y es así que la obra arranca con los científicos y su investigación ante una puerta metálica. Unos científicos que asoman la cabeza de vez en cuando con explicaciones científicas que niegan su deformidad, en unas escenas superpuestas a la historia original sin justificación dramática.
Es el mismo Bieito de aquel fabuloso Rey Lear con Josep Maria Pou. El Bieito de los arrebato y los anacronismos. El Bieito de la poética de la violencia, que aquí se enfrenta a problemas con una escenografía que no le va al Teatro Grec, problemas con la iluminación, y diría que problemas para retratar la obscenidad del poder. Furriel, uno de los actores más famosos en Argentina, ha hecho suyo el personaje hasta casi anular al resto de personajes, convertidos en meros servidores de su presencia y sus palabras. Furriel se luce, pero a la función le faltan pliegues y le sobran golpes de martillo.