Club Premium

El valioso archivo del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo abre las puertas para el Club Premium del ARA

El "club de los incondicionales del ARA" disfruta visitando las entrañas del recinto modernista de Sant Pau.

24/03/2026

Hace frío en el depósito del Archivo Histórico del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo, situado en el mismo recinto modernista, debajo del vestíbulo, el antiguo hub del centro hospitalario, donde tiempo atrás se hacían los registros de entrada y por dónde pasaban los carros con pacientes que se dirigían a los pabellones que les correspondían: mujeres con enfermedades infecciosas, mujeres con enfermedades no infecciosas... (y lo mismo para los hombres). La temperatura aquí dentro siempre es baja para que se conserven bien los valiosísimos documentos que custodia (en una serie de compactos).

Una veintena larga de suscriptores del ARA, miembros del Club Premium, bien abrigados, repasan con los ojos bien abiertos los lomos de los documentos. Los hay escritos en latín, en catalán, en castellano... La lengua indica con bastante precisión la época de cada uno. "Mira, documentación del año 1711, poco antes de la pérdida de las libertades nacionales. Todo escrito en catalán, claro", destaca un suscriptor.

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La pieza estrella del archivo son los siete volúmenes del proyecto de construcción del hospital donde estamos ahora, que dejó de acoger a pacientes hace varios años (ahora es exclusivamente para visitas turísticas y actividades culturales y científicas). Estos siete volúmenes están muy bien guardados dentro de una caja de madera –"Como la caja que contenía el proyecto de Barcelona como sede de los Juegos Olímpicos de 1992; la "caja mágica", se llamó", remarca otro suscriptor–. En cada lomo de estos volúmenes dice (en castellano: estamos en el año 1911): "Proyecto de Hospitales de Santa Cruz y San Pablo¡Hay cuatro volúmenes dedicados al presupuesto!

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"El Hospital de la Santa Cruz, origen de este hospital, de la Santa Cruz y San Pablo, se fundó para acoger a los pobres, los sinhogares, los «expósitos», los huérfanos, los «hojos»... Inicialmente, no era para curar», subraya Miquel Terreu, jefe del archivo. "Los recursos del hospital no venían de los enfermos ni de sus familias sino de limosnas, donaciones, herencias... También de privilegios reales: disposiciones con rango de ley que suponían ayudas indirectas, ya fuera evitando gastos o abriendo las puertas a fuentes de ingresos", explica Miquel Terreu. En el techo del vestíbulo, entre otros muchos símbolos, se encuentra la Cruz de Sant Jordi, que representa a los "ciudadanos honrados de Barcelona", que durante siglos han sostenido el hospital. "Todo ello generaba mucha documentación de carácter económico. Por eso, buena parte de lo que hay en el archivo son documentos con números", añade.

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"Los médicos, en este hospital, visitaban a los enfermos gratuitamente. Este sistema «caritativo» funcionó hasta los años 60 del siglo XX", destaca Miquel.

Acto seguido el grupo accede a una sala donde hay una larga mesa con libros, planos y documentos diversos que pertenecen al archivo, pero los han separado de ellos a propósito para que se puedan ver bien. Destaca un "libro de mesa" del siglo XIII –antes de la imprenta, pues– y otro de la Casa de Convalecencia con la historia de los hospitales de Barcelona, ​​que contiene unas bonitas ilustraciones más o menos fidedignas. "¿Son facsímiles?", pregunta un suscriptor al responsable del archivo. "¡No! Nosotros no tenemos presupuesto para hacer facsímiles –le responde–. Todo son originales".

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Miquel explica que durante siglos el Hospital de la Santa Cruz tuvo la exclusividad de las representaciones teatrales en la ciudad de Barcelona. Se hacían en el teatro que llevaba su nombre, Teatro de la Santa Cruz, situado en la Rambla. "Este privilegio lo concedió Felipe II de Castilla, después de ocho años de gestiones por parte del hospital", explica Miquel. "¡Sí, Felipe II, lo que se inventó la burocracia española!", dice con una sonrisa. Esta exclusividad se perdió con la apertura del Liceu, ubicado en la misma Rambla, algo más arriba. Una vez perdido el monopolio teatral, el Teatro de la Santa Cruz, como quería seguir teniendo protagonismo, pasó a llamarse Teatro Principal.

Finalmente, los miembros del Club Premium se han adentrado por un túnel subterráneo para visitar libremente algunos pabellones de lo que es el mayor conjunto modernista del mundo (un espacio equivalente a nueve islas del Eixample).

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Este gran centro hospitalario –que fue financiado por Pau Gil, banquero barcelonés residente en París que murió sin descendencia directa y dejó buena parte del legado para hacer un nuevo hospital para los pobres, con la condición de que se llamara Sant Pau, y que quedó inacabado– es, junto al Palau de la Música Catalana, el Do de la Música Catalana, Montaner –que continuó su hijo, Pere Domènech Roura– y es, bien justificadamente, Patrimonio Mundial.

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