Información y opinión sobre la enseñanza y apunte sobre la línea editorial
El suscriptor Carles Ferrer Casas, profesor de secundaria en el Instituto Joaquim Mir de Vilanova y la Geltrú, me escribe una carta muy argumentada y con muchos puntos del orden del día, digamos, que me apresuro de agradecer en su valía. Empieza por constatar que se publican pocas cartas de los lectores, y esto va en detrimento de alguna propia en la que, como docente, diría la suya a cuento de la problemática de la enseñanza, que es el nudo del correo que me hace, pero con exquisito fair play, no se queja.
La cuestión –resumo– es que el diario publicó un artículo de opinión de página entera, "El tabú de la escuela pública: escoger a los docentes" (23/01/26), con llamada a portada, firmado por dos representantes de la entidad Clam Educatiu. El lector resalta el contraste de que el ARA dé ese vuelo a esta entidad y, en cambio, la manifestación convocada por los sindicatos sólo fuera recogida (25/01/26) por "un mero apunte secundario, poco más de treinta palabras".
Cruzando ambas situaciones periodísticas, secciones de Opinión y Sociedad, Carles Ferrer enuncia preguntas muy directas interrelacionadas: cuál es el criterio para publicar un artículo de opinión; si el criterio es de calidad expositiva y en consecuencia "no puedo meterme porque es un criterio subjetivo"; y, finalmente, si es una cuestión de línea editorial: "Esto ya me preocuparía más. Entre otras cosas, porque la tesis central del artículo de mis colegas (imagino que son docentes, como yo) es apoyar lo que dice la LEC [Ley de Educación de Cataluña] sobre la capacidad de los equipos directivos de elegir a los docentes de los centros y, de plantillas", que entiende que "es la opinión mayoritaria de los docentes [...] por considerarla una excusa para privatizar la gestión y convertir el mérito profesional en un mérito arbitrario por parte de las direcciones".
Concluye el lector Ferrer que Clam Educatiu "no tiene ningún tipo de representatividad democrática", mientras sí la tienen los sindicatos. "¿Cómo es posible que el diario ARA dé una tribuna privilegiada a una opinión absolutamente privada, dignísima, sólo faltaría... pero absolutamente particular, privada y exclusiva de una plataforma cuya experiencia no veo por qué motivo debería suponerse, mientras que los sindicatos no son invitados a expresar, en igualdad de condiciones, su argumentario?"
La jefa de Sociedad, Gemma Garrido, explica que: "En la fecha que indica el lector, la intensidad informativa era máxima en relación con Cercanías –el país estaba paralizado por las diversas incidencias ferroviarias que todos conocemos–, y también a causa de una nevada en varios puntos del país que amenazaba con complicar aún más la movilidad. Es por esta razón, y también porque la manifestación de docentes no alcanzó la capacidad de convocatoria inicialmente prevista, que desde el punto de vista informativo le dedicamos el espacio de un breve a la edición web y de un friso a la edición papel.
Sin embargo, desde la sección de Sociedad queremos subrayar que Educación es una cartera troncal –tenemos una redactora especializada en este ámbito– y que se hace un seguimiento intenso de las reivindicaciones de los maestros, tanto las articuladas a través de los sindicatos como las que defienden otras entidades y/o colectivos (también los docentes a título personal), y en cuanto a la cobertura de las últimas reuniones, manifestaciones y paros, el seguimiento ha sido continuado". Y adjunta diez artículos hablando en los últimos treinta.
La capitalidad del tema que me presenta el suscriptor, allá de las concreciones, es la definición de la línea editorial del diario, cuestión nodal de la que, sin embargo, hablamos poco. En todos los periódicos son los editoriales, quienes la representan. Como siempre remiten a algún tema de actualidad publicado el mismo día, esta línea editorial no es única, sino que deriva de cuestiones concretas y, en consecuencia, afortunadamente esta línea es más volumétrica que planea y se convierte en un canto a la diversidad, a una pluralidad reflejo de la sociedad que la define, que se va adecuando a los contextos, y la hace actual en cada momento, en cierta medida 1889. Esta pluralidad se manifiesta con nitidez en la sección de Opinión. Su jefe, Toni Güell, lo razona en relación con el correo del suscriptor Ferrer:
"Las opiniones y pronunciamientos de las entidades con mayor representación democrática, ya sean sindicatos, patronales, partidos políticos u organizaciones de otra índole, tienen, precisamente por su valor representativo, un seguimiento constante desde las secciones informativas, como Sociedad o Política. Esto podría hacer que su presencia en las páginas de opinión de los diarios resultara meramente reiterativa. Por ello, la opinión, de estas organizaciones, pero procura dedicar la mayor parte de sus espacios de opinión a abrir los grandes debates del momento a otras figuras que, desde su conocimiento, experiencia, autoridad o solidez expositiva, presenten una tesis clara y razonable que haga avanzar el debate y permita al público del diario tener contacto con los distintos puntos de vista que hay en torno a una misma cuestión". Y redondea:
"En este sentido, Clam Educatiu –una asociación de unos 350 miembros, docentes y personal del sector educativo– ha hecho, como otras voces del sector –colectivas y también individuales–, aportaciones sólidas en diferentes aspectos del debate educativo, lo ha hecho en diferentes foros y medios, y mantiene unos planteamientos que resultan bastante distintos o complementarios a los de otros actores. La decisión de publicar su artículo, pues, respondía a la intención continuada de la sección de Opinión de contribuir a la construcción de una conversación pública plural, así como ha sido la intención cuando el diario ha publicado artículos y columnas de decenas de profesores, maestros, pedagogos o rectores universitarios a lo largo de estos años".
La cochinilla, Rosemary Kennedy y los Vallesos
El suscriptor Jordi Riera, que es biólogo y especialista en producción de embutidos, se dirige a enviarme algunas aclaraciones sobre los colorantes. Tema que trató Trinitat Gilbert en Comemos del domingo 1 de febrero, con un titular y un subtítulo que no sé si se hacían comida, pero seguro que se hacían leer: "Un insecto triturado es el que da color rojo al jamón dulce (y también al pintalabios). Se llama cochinilla, y en el etiquetado el nombre toma otras expresiones, como E-120, ácido carmínico o bien carmín".
Jordi Riera explica que el colorante de la cochinilla es admitido, y que "el cultivo de la cochinilla tiene gran importancia económica en las Islas Canarias". Hay, sin embargo, algunas excepciones, como el jamón cocido extra, que es el más vendido.
Como el lector hace una serie de consideraciones técnicas, me transmite que está dispuesto a facilitarlas a la redactora, por lo que se las he trasladado a ella, han hablado, se han entendido y me dice Trinitat Gilbert que será una buena fuente. La función del Defensor del Lector, en este caso, más que llevar un tema a debate, que, en puridad, no sería tal, ha sido una conexión que eventualmente puede enriquecer a la periodista.
La conclusión que saco de todo ello es que, si bien la cochinilla es un homóptero parásito con muy mala pinta cuando lo ves por los árboles, y connotaciones asquerosas derivadas del nombre, tiene funciones que son benignas; que la ingesta de insectos dará para mucho; y que el precio de los embutidos es un índice de naturalidad.
Dejo constancia de otros dos correos, y siento no haberme podido ocupar de ellos in extenso por el momento.
La lectora Beatriz Marco nos llama la atención por el artículo del 4 de enero en el que se afirmaba: Rosemary Kennedy, "nacida en 1918 con problemas mentales ya la que se sometió a una lobotomía fallida en 1941". Según la lectora, los problemas mentales fueron causados por la operación, inducida por el padre, que fue mal, "por lo que la desgracia no es el comportamiento de Rose ni los suyos problemas mentales sino la actuación de su padre, que fue abominable".
El lector Pere Guarch se queja de que usemos el plural "Vallesos", tanto en un artículo como en el editorial del 11 de febrero: "¿Verdad que no hablamos de los Empordans, ni de los Pallarsos, ni de los Penedesos?" Y remacha el clavo: "Los topónimos no tienen plural". "Sencillamente horroroso", "falta de sentido lingüístico, que se está sustituyendo por una falsa funcionalidad que maltrata a la lengua". Ciertamente, el plural de Vallès es una expresión coloquial no normativa, pero que en un diario deberíamos poder permitirnos... Otra cosa es si, por ejemplo, usemos el coloquial en el artículo y el normativo en la editorial, para acabar esta página con la cuestión que la encabezaba. Da capo.
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