Barça
Deportes 27/02/2021

El Barça se niega a tirar la toalla (0-2)

Una versión más valiente del equipo de Koeman recupera el optimismo y baja los humos del Sevilla a pesar de las bajas en la defensa (0-2)

4 min
Dembélé, celebrando el 0-1 en el campo del Sevilla
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BarcelonaA pesar de haber quedado atrapado en la esquina del ring, golpeado por los rivales y con dolor en todo el cuerpo, el Barça se niega a tirar la toalla. Si hay que caer, Ronald Koeman ha decidido por fin que será atacando, valiente. En una demostración de coraje, el Barça cortó las alas a un Sevilla que llegaba en forma al partido, dejándolo lejos en la clasificación (0-2). Y, de paso, enviaba una advertencia al equipo de Lopetegui: si ya se veía en la final de Copa, será mejor que sea prudente y espere al partido de vuelta de las semifinales. El Barça supo jugar bien de salida y sufrir al final, cuando perdió por lesión a Dest y Araujo. La alegría no estuvo completa. 

Koeman fue valiente y demostró que se ha pasado los últimos días rompiéndose los cuernos para sorprender a Julen Lopetegui. Y, de paso, ayudar a sus futbolistas. Pero en la época del Big Data, en la que todo parece clasificado y explicado con estadísticas, la cabeza continúa teniendo un papel clave. Y el Barça se tenía que lamer las heridas de los últimos partidos, empezar a olvidar las decepciones del PSG y del Cádiz, y centrarse en el futuro. No dar tantas vueltas a los errores del pasado reciente y concentrarse más en el juego. Bajando los humos de un Sevilla que seguía una gran racha de resultados, el Barça persigue el tren de la Liga por el andén de la estación, intentando subir al último vagón antes de que sea demasiado tarde. Y, de paso, se ilusiona con la Copa.

De hecho, en muy pocas cosas se pareció el Barça que perdió en Sánchez Pizjuán en la Copa, con este que fue capaz de hacer perder los papeles a un Sevilla que, en el descanso, no había conseguido chutar ni una sola vez a portería. Poca broma, el club andaluz hacía una década que siempre chutaba como mínimo una vez a portería después de los primeros 45 minutos, pero se encontró una versión agresiva del Barça. Si hasta ahora Koeman siempre había optado por ser prudente cuando llegaba un partido importante, en esta ocasión decidió salir a atacar. Como si haciendo caer el muro del Sevilla, también se quitara de encima las dudas y los miedos que han marcado una buena parte de su periplo esta temporada.

A pesar de jugar con tres centrales –Piqué, Lenglet y Mingueza–, el Barça salió a comerse el rival. Como juego colectivo, el fútbol permite a futbolistas que lo pasaban mal, como Busquets, mejorar la autoestima gracias al nuevo ecosistema creado por Koeman, con Sergiño Dest atacando por la derecha, Messi por todas partes y Dembélé como falso nueve. Lenglet, el hombre que no hace tanto lloraba por haber cometido un penalti en el último minuto, jugó con la cabeza alta muy acompañado por Piqué y un Mingueza cada vez más consolidado. Dest, el jugador maltratado por Mbappé en la Champions, hizo suya el lado derecho y se quedó a pocos centímetros de marcar en la segunda parte. Y Dembélé, con libertad y metros para correr, se pudo estrenar por fin como goleador este 2021, después de una dulce asistencia de Messi. El argentino, sin rehuir el cuerpo a cuerpo con un rival muy físico, continúa ampliando sus estadísticas de goles y asistencias como quien no quiere la cosa. El Messi de 2021 no es tan determinante como el de 2011, pero a pesar de jugar enfadado y mustio, continúa llevando la voz cantante. Nadie tiene la capacidad individual de cambiar el guion de un partido como él.

Sin embargo, este Barça alentador no consiguió dejar de cometer el mismo pecado de toda la temporada: perdonar. En la primera parte el Sevilla, ahogado, sobrevivió como pudo. En la segunda Messi, Dembélé y Dest continuaron desaprovechando ocasiones ante Yasinne Bounou. Y Lopetegui, que removió el equipo dos veces con cambios tanto de hombres como de dibujo táctico, consiguió con un montón de suerte llegar vivo al final de un partido que tendría que haber sido coser y cantar para un Barça muy superior. A medida que se acercaba el final del partido, los viejos fantasmas del pasado volvieron a planear sobre el área de Ter Stegen, que vio como En-Nesyri conseguía marcar a 10 minutos del final, a pesar de que antes se había aprovechado de un control con la mano que indultaba una defensa cada vez más castigada. En parte, porque Piqué, cansado, se había retirado del terreno de juego. Y la que tenía que ser la gran noticia, el retorno al terreno de juego de Ronald Araujo, se convirtió en un nuevo dolor de cabeza para Koeman porque el joven central uruguayo duró tan solo quince minutos sobre el césped y se volvió a romper. También Pedri acabó tocado, después de dejarse la piel sobre el césped.

Eso sí, a diferencia del partido contra el Cádiz, el Barça supo marcar el segundo gol antes de que fuera demasiado tarde. Y fue Messi, claro. El genio que siempre está, ahora andando, ahora corriendo. Entendiendo el juego mejor que nadie. Otros jugadores se habrían limitado a defender el 0-1 pero Messi sabía que había que marcar el segundo para volver a cambiar el estado de ánimo del barcelonismo. Quizás no llegarán títulos, pero si hay que caer, que sea con dignidad. Los sufrimientos de los últimos minutos no pueden eclipsar la gran primera parte jugada en Sevilla. Hacía falta una actuación como esta. Tanto a los jugadores como a los forofos. Y a Koeman, claro.

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