Joan Laporta, durante el discurso de la toma de posesión
18/09/2026 - 07:01 h.
Financiero y economista
3 min

BarcelonaEl Barça ha superado por primera vez los 1.000 millones de euros de ingresos. El retorno al Camp Nou, el crecimiento de Barça Licensing & Merchandising y la fuerza de la marca confirman su potencial comercial. El debate no debería limitarse a celebrar la facturación. La pregunta es: ¿qué queda de estos 1.000 millones y qué valor somos capaces de crear con este dinero?

El club presenta un ebitda de 149,8 millones, pero hay que interpretarlo: las amortizaciones de los jugadores forman parte del negocio. Después de amortizaciones, deterioros y otros cargos, el resultado de explotación se sitúa en 49,6 millones. Además, pesan 114,2 millones de gastos financieros, 86,2 de los cuales vinculados al Espai Barça.

El dato más relevante, sin embargo, es la caja. El flujo de caja de las actividades de explotación ha sido negativo, de -74,4 millones. Se han pagado 93,9 millones de intereses y han entrado 354,4 millones netos de nueva financiación. A pesar de esto, la tesorería se ha reducido en 91,5 millones.

Esto no significa que un préstamo pague una nómina. Si el negocio no genera suficiente caja, hay que vender patrimonio, anticipar ingresos o asumir más deuda. Un club que factura más de 1.000 millones no debería normalizarlo.

Generar más caja no depende solo del Camp Nou. El Barça tiene millones de seguidores y una relación emocional que pocas marcas pueden replicar. Pero la monetización digital todavía no aporta valor y algunos proyectos han provocado deterioros significativos. Digital, contenidos, datos, comercio electrónico y fanengagement tienen que ser negocios globales y recurrentes.

La Masia es mucho más que una fuente de plusvalías: es un activo deportivo, económico y estratégico. El valor de mercado de Lamine Yamal, Cubarsí o Fermín no aparece en el balance porque la normativa contable no permite reconocer el valor generado internamente, a diferencia del coste de un jugador fichado. Pero, incluso si se pudiera incorporar, no solucionaría los problemas patrimoniales: mejoraría la fotografía contable, pero no generaría caja ni reduciría la deuda. Maquillaría el balance sin cambiar la realidad financiera.

Para convertir este valor en caja habría que vender. Y entonces, ¿cómo sustituiríamos a estos jugadores y a qué coste? La plusvalía sería inmediata, pero habría que asumir nuevos traspasos y salarios, posiblemente a cambio de jugadores de menos valor deportivo e identitario. Presentar, por tanto, el valor latente de La Masia como la solución a los problemas patrimoniales del club es demagógico: no genera caja ni reduce la deuda y, para convertirlo en liquidez, obliga a vender activos esenciales.

Vender jugadores formados en La Masia solo puede ser racional cuando no tienen recorrido en el primer equipo. La preocupación aparece cuando los traspasos dejan de responder a una decisión deportiva o estratégica y se convierten en una necesidad recurrente para cuadrar las cuentas. Entonces, el club deja de monetizar talento y empieza a descapitalizarse para sostener el funcionamiento ordinario. La Masia no es una reserva para arreglar los números, sino una ventaja competitiva. Hay que proteger y potenciar a quien sostiene la competitividad, la identidad, los ingresos y el valor futuro del Barça.

Crear valor también implica evitar destruirlo. Barça Produccions acumula un deterioro próximo a los 162 millones: sin un modelo de negocio viable y capaz de generar caja, no se crea valor.

El Espai Barça será la principal decisión económica de las próximas décadas. Puede generar unos 250 millones anuales de ingresos adicionales, pero ¿cuántos de estos dineros se convertirán en ebitda y caja libre después de costes, inversiones, intereses y amortización de la deuda? Más aún cuando hacen falta cerca de 300 millones adicionales para completar las obras principales.

La ejecución también obliga a revisar decisiones. Según las informaciones publicadas, Limak fue la peor valorada en el informe técnico previo. Fue elegida, entre otros motivos, por los plazos y por el coste. Los plazos no se han cumplido y el club no ha explicado las consecuencias contractuales. Hay que reflexionar sobre la adjudicación, los criterios aplicados y el control posterior.

La transparencia y la rendición de cuentas son esenciales. La asamblea de compromisarios no puede ser un trámite telemático ni validar a distancia decisiones ya adoptadas. Debe ser el espacio de representación, debate y control de los socios.

La sostenibilidad económica es la condición para preservar la propiedad del club en manos de los socios y para que el Barça decida su futuro sin ceder aquello que lo define ni hipotecar su futuro. Este debate no debería enfrentar a optimistas y pesimistas, ni a partidarios y críticos de la junta. Debería servir para construir una institución más fuerte, solvente e independiente.

El Barça ha demostrado que puede facturar como los más grandes. Ahora toca demostrar que también puede gestionar como los mejores. Porque no necesita solo crecer. Necesita crecer bien.

Marc Ciria fue precandidato a la presidencia del Barça en las elecciones de 2025

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