Maduro y su chándal: cuando la ropa se convierte en mensaje
La película distópica y de sátira política Don't look up (2021) retrataba a una sociedad incapaz de afrontar una amenaza existencial inminente. Ante la destrucción anunciada del mundo, los protagonistas preferían mirar a otro lado, atrapados en cuestiones irrelevantes. Hoy, en un contexto de profunda desafección política, de impotencia colectiva y superficialidad generalizada, parece que estemos viviendo el nuestro Don't look up particular.
Mientras la captura de Nicolás Maduro supone un golpe de extrema gravedad contra el orden internacional, cuestionando principios fundamentales como la soberanía estatal y la prohibición del uso de la fuerza como instrumento de gobernanza global, con riesgos reales de escalada hacia un conflicto de alcance mundial, una parte de la población ha preferido fijar la atención en el chándal de Maduro, incluso se. Mirar hacia otro lado, desplazar la atención hacia el gesto o la superficialidad, es a menudo la forma en que las sociedades evitan enfrentarse a las consecuencias de sus propios límites. Sin embargo, más allá de aceptar la futilidad de la anécdota, el chándal merece ser analizado como un elemento que contribuye a construir el relato del momento político.
Hubo un tiempo en el que los dictadores de izquierdas de Latinoamérica construyeron su estética a través de la indumentaria militar, como prolongación del mensaje ideológico. Esta estética partía, inevitablemente, de la figura del Che Guevara y pasaba después por Fidel Castro y Hugo Chávez, con uniformes de combate verde oliva, chalecos o guerreras y botas militares. Diferente de la de dictadores de derechas como Pinochet o Videla, llenos de medallas y distinciones que recordaban a la jerarquía y les separaban del pueblo, esta ropa encarnaba claramente la idea de revolución permanente, sus orígenes guerrilleros y la imagen del luchador junto a la gente.
El cambio drástico de esta vestimenta que parecía consolidada vino de la mano de Fidel Castro, quien desde 2006 convirtió el chándal deportivo en su imagen de los últimos años de vida. Bautizado como el fenómeno del "chándalismo revolucionario", buscaba construir la idea de "hombre común", acercarse a un público joven y asociarse a la actividad física, reforzando un cierto vigor a pesar de los estragos de salud y la edad avanzada. Un fenómeno que siguieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro, apareciendo a menudo con chándales de colores relacionados con el socialismo bolivariano para conectar con las masas.
En todas las imágenes que nos han llegado de Maduro tomado, se ha producido un auténtico despliegue "chandallil", desde el modelo Nike Tech gris hasta sudaderas de colores oscuros, ya sin los tonos vivos de la bandera venezolana que tanto lucía en público. Esta ropa, que probablemente le facilita la detención, tiene un objetivo claro: desmontar públicamente la imagen de dignidad del dictador, evitando transmitirle como líder o mártir. El chándal es una pieza versátil que, en este caso, Estados Unidos está usando para mostrar el cuerpo de Maduro como perdedor, haciendo que la famosa frase de Karl Lagerfeld adquiera un nuevo sentido: "El chándal es un signo de derrota. Cuando pierdes el control sobre tu vida, te compras un chándal".