Especial Sant Jordi

La rosa de San Jorge

San Jorge fue declarado patrón de Cataluña en 1456 y por aquellas fechas se comenzó a hacer la Feria de los Enamorados, en la que se regalaban rosas a las chicas

LA ROSA DE SAN JORGE
Xavier Theros
15/04/2026
5 min

El Día de Sant Jordi es tradicional regalar rosas, una flor que ya era apreciada en la antigüedad por sus valores simbólicos. Su cultivo se pierde en las culturas clásicas, parece que ya existía en Mesopotamia, y tanto griegos como romanos le tenían gran afición. Además de su función ornamental, esta planta era muy apreciada por sus propiedades curativas y aromáticas, y se usaba en perfumería. En Roma el rosetum era un tipo de jardín formado casi exclusivamente por rosales. Y cada mayo celebraban las Rosalia, una festividad en la que se llevaban rosas a las tumbas de los difuntos. En la cultura latina, la rosa roja tenía una consideración especial, estaba vinculada a la pasión amorosa y a los enamorados gracias a su relación con la diosa Venus. Por lo tanto, podríamos decir que regalar rosas rojas es una costumbre de origen romano.

Rosa de Rosario

El cristianismo también adoptó la rosa roja como emblema. Los pétalos representaban las llagas de Cristo, mientras que las espinas aludían al tormento de los mártires. La leyenda dice que en el siglo VI san Medardo instituyó la Fiesta de la Rosa, en la cual se regalaban rosas a la muchacha más virtuosa. En la Edad Media esta flor adquirió una gran importancia como símbolo de la pasión de Jesús, y fue muy cultivada en los jardines monásticos. Posteriormente, fue asociada al nuevo culto a la Virgen María, desarrollado a partir del siglo XII por la orden cisterciense, que fue la primera en bautizar sus abadías con advocaciones marianas, y el principal difusor de la rosa, que tomó como divisa.

Esta nueva percepción se puede observar en la devoción popular a la Virgen María del Rosario, que fue uno de los cultos más extendidos en la Cataluña medieval, promovido por la orden de los frailes dominicos. Esta orden estableció las cofradías del Rosario e instituyó su fiesta el 8 de mayo. Al fundador de los dominicos, santo Domingo de Guzmán, se le considera el creador de la oración del rosario. La ristra de cuentas ensartadas con que se reza recuerda las guirnaldas de rosas con que se adornaban las imágenes de la Virgen María, definida como una “corona de flores espirituales”. La costumbre de rezar el rosario se extendió por Europa, y en 1475 el prior dominico de Colonia creó la primera Cofradía del Rosario, dedicada a difundir esta particular plegaria en que María es designada “rosa mística”.

San Jorge y la rosa

El origen del culto a san Jorge es bastante oscuro, el antropólogo J.G. Frazer lo relacionaba con el dios semita Baal, conocido en Anatolia como Jdor, una divinidad que era derrotada en combate por la muerte y después resucitada por la diosa Anad, en una metáfora del triunfo de la primavera. En los Balcanes este dios era celebrado cada 23 de abril. La historia del Jorge cristiano apareció en el siglo IV y lo presentaba como un soldado romano que, durante una persecución contra los cristianos, se negó a matar a nadie y por ello fue martirizado. El culto al santo llegó pronto a Europa, y san Jorge de Capadocia ya fue venerado por la monarquía merovingia. Posteriormente, los guerreros que volvían de las Cruzadas lo hicieron patrón de la caballería europea. Y en el siglo XIII se difundió su leyenda, recogida en la Leyenda dorada de Jacopo da Varazze. Allí Jorge era un guerrero que salvaba a una princesa de morir devorada por un dragón, y cuando caía la sangre del monstruo a tierra nacía un rosal.

La rosa de Sant Jordi

En Cataluña, las rosas rojas se convirtieron en un emblema de San Jorge. Reyes como Pedro el Católico, Jaime I o Pedro el Ceremonioso contribuyeron a popularizar la fiesta del santo, en la que se mezclaba el episodio de la sangre del dragón transformada en un rosal con la metáfora cristiana de la sangre de Cristo convertida en una rosa. De ahí comenzó la costumbre de regalarles a las chicas que iban al Palau de la Generalitat, a la misa que se hacía por San Jorge en la capilla del santo. Al anochecer de aquel día, era tradicional que acudieran los novios y las parejas de enamorados. Pronto se empezó a organizar una feria de rosas y claveles en el Pati dels Tarongers de la Generalitat, un mercado de flores que en el siglo XV se conocía como la Feria de los Enamorados. El día de San Jorge, declarado patrón de Cataluña a partir de 1456, también era conocida como el Día de los Enamorados.

La fiesta de la rosa

A finales de la Edad Media, la rosa conoció una progresiva popularidad. Su cultivo se hizo masivo, y la costumbre de lanzar pétalos de rosa al paso de las procesiones, como la del Corpus, se extendió por todo el territorio. Durante el siglo XVI, el culto a la Virgen del Rosario se generalizó. También fue el momento álgido de la oración del rosario, cuando el papa Pío V encomendó a la Virgen el ejército cristiano en la Batalla de Lepanto, y pidió a los fieles que rezaran el rosario. Al resultar vencedores en combate, se instituyó la fiesta de la Virgen del Rosario el 7 de octubre, aniversario de la batalla.

Durante los siglos XVII y XVIII, el mercado de los Enamorados que se hacía en el patio de la Generalitat ya se había extendido por la calle del Bisbe, la plaza Sant Jaume y sus alrededores. Los claveles habían desaparecido y era una feria prácticamente reservada a la rosa roja, que se regalaba a la prometida o a la novia. En el siglo XIX esta Feria de los Enamorados cobró impulso e importancia. Por la guía El libro verde de Barcelona, de 1848, sabemos que entonces no se regalaba una única rosa roja a la amada, sino que la costumbre era ofrecer un ramo.

A finales del siglo XIX, la figura de sant Jordi cobró una significación más patriótica y cultural, mientras que la tradición de regalar rosas fue presentada como una celebración cívica. Por El Correo Catalán sabemos que en 1884 la feria había crecido considerablemente en extensión, y en pocos años llegaría hasta la Rambla. En mayo de 1913 se organizó la Fiesta de la Rosa en el Turó Parc. Al año siguiente la Mancomunidad de Cataluña comenzó a promocionar la rosa de Sant Jordi. Poco después, en 1926, el escritor valenciano Vicent Clavel promovió la Fiesta del Libro, que inicialmente conmemoraba el nacimiento de Miguel de Cervantes, el 7 de octubre. Tres años más tarde, el gremio de libreros le cambió la fecha y la hizo coincidir con Sant Jordi.

La fiesta actual no aparece hasta 1931, con el primer ayuntamiento republicano, cuando se fusiona la celebración de Sant Jordi y la rosa con los libros. A partir de ese instante, las paradas de rosas han colonizado toda la ciudad, y hacen aparición en localidades de toda Cataluña. La costumbre de regalar rosas y libros se ha internacionalizado, y ha llegado a ser uno de los momentos más significativos del calendario festivo catalán.

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