Energía

7.000 km y 13 países: la crisis energética reabre grandes proyectos en África

Nigeria y Marruecos aceleran los trabajos para un gasoducto en pleno giro europeo hacia el continente

MADRID7.000 km y 13 países, 11 de los cuales de África Occidental. Este es el trazado del que sería el gasoducto marino (a pesar de que también tendría partes terrestres) más grande del mundo. Una infraestructura que conectaría Nigeria con Marruecos, con la posibilidad de proporcionar después gas a España e, incluso, a la Unión Europea. Del proyecto se habla desde el año 2016, pero no ha sido hasta finales de este mes de abril que se ha puesto en marcha el estudio preliminar de ingeniería y diseño para materializarlo. 

El engranaje de la infraestructura se aceleró el octubre pasado, cuando Argelia decidió cerrar el tubo que conecta el país con Marruecos, el llamado gasoducto del Magreb, que durante 25 años ha alcanzado de gas argelino al país alauí y, de rebote, España a través del estrecho de Gibraltar. La decisión de Argelia generó preocupación en Rabat, donde la producción de energía es escasa y no hay gran capacidad de almacenamiento. Así, a raíz del cierre de este gasoducto, el rey Mohamed VI puso encima de la mesa diferentes planes para mejorar el abastecimiento de energía: acelerar la refinería de Nador; reactivar las conexiones con España (reabrir la parte del gasoducto del Magreb que conecta Marruecos con la península Ibérica para poder importar gas de países terceros como Catar, una decisión que se ha acabado materializando este abril, a pesar de que fuentes del sector confirman al ARA que el tubo está parado) y, en tercer lugar, mirar hacia Nigeria, donde entra en juego el gasoducto.

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El gasoducto Nigeria-Marruecos
Países por donde pasaría y comparativa de la situación con el Medgaz y el gasoducto del Magreb

En abril, Marruecos y Nigeria escogieron la consultora australiana Worley, especializada en el desarrollo de grandes proyectos industriales, para la planificación de este gran tubo, denominado también gasoducto African Atlantic. Tal como detalló la empresa en un comunicado, los promotores del proyecto son la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos y la Cooperación Nacional de Petróleo de Nigeria. La infraestructura estaría financiada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). "El gasoducto ofrecerá una nueva vía para que los países de la ruta exporten su gas a los países vecinos y a Europa", se recoge en el comunicado.

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La idea, expresada públicamente por las autoridades nigerianas, es que una vez el combustible llegue a Marruecos dé el salto a la península Ibérica, en concreto por Cádiz, a través del gasoducto del Magreb, ya construido. "Todos los gasoductos transnacionales son difíciles de gestionar, sobre todo en África", apunta Aurèlia Mañé, profesora de Economía Aplicada de la UB y experta en temas energéticos, que anticipa que lo ve "altamente inviable". Los motivos, la "transnacionalidad", es decir, la opción real de conectar con Europa, y la situación social, política y económica de los mismos países por donde pasaría la infraestructura. Aun así, Mañé reconoce que casos como este "ahora tienen más interés" por el contexto geopolítico. A raíz de la guerra en Ucrania, "se está reconfigurando el mercado del gas y, a la vez, se están creando nuevas alianzas energéticas", comenta en una conversación con el ARA.

"Son proyectos orientados a la exportación y que responden a intereses de grandes multinacionales. Mientras tanto, el suministro eléctrico no llega a la población africana", apunta Jesús García-Luengos, investigador del Grupo de Estudios Africanos de la UAM. Para este investigador, cuando se anuncian grandes proyectos así y de fondos hay una Europa que busca desesperadamente gas para asegurarse la seguridad energética. "No se está reflexionando sobre las consecuencias negativas sobre la población", remarca García-Luengos, que añade que "muchos gobiernos africanos siempre han estado de acuerdo porque están al margen de la gente". Además, el investigador apunta que hay que tener en cuenta que la seguridad energética no se puede desvincular de los derechos humanos, el medio ambiente y la seguridad del país de origen: "Es imposible dejarlo al margen si queremos abordar de forma coherente el reto. Todo está vinculado".

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El papel de España

En materia energética, sin embargo, Nigeria no es un país desconocido para España. De hecho, en estos momentos es el tercer proveedor de gas del Estado, solo por detrás de Estados Unidos y Argelia. En concreto, el país africano vendió en España el 13,5% del total de gas que llegó en el mes de mayo (4.946 GWh de gas licuado transportado a través de barcos metaneros), según los últimos datos publicados por el Boletín Estadístico del Gas de Enagás, la empresa gestora del sistema gasístico.

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Nigeria siempre ha tenido un papel importante –acentuado los últimos años– como una de las principales fuentes de suministro de este combustible. A modo de ejemplo, en 2021 fue el tercer país que más gas vendió a España (11,5% del total). A esto hay que añadir el petróleo. Según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petroleros, Nigeria suministró a España más de 2,4 millones de toneladas de este combustible fósil durante el primer trimestre de 2022, poco más del 15% de las importaciones totales españolas durante este periodo.

A pesar de este vínculo, la del pasado 1 de junio fue la primera visita de un jefe de estado de Nigeria a España de los últimos 17 años. El presidente Muhammadu Buhari se reunió con Pedro Sánchez en la Moncloa. Un encuentro del que salió una declaración conjunta en la que precisamente se apuntaba a un reforzamiento del suministro de gas y petróleo procedentes del país africano, que España reconoce como "uno de sus principales y más fiables" proveedores energéticos. Una declaración nada en vano si se tiene en cuenta que se enmarca en un "momento de especial presión internacional en los mercados de la energía" fruto de la guerra en Ucrania, como asumió el propio Gobierno español.

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"¿Y qué hace España con el gas?", se pregunta Mañé. La profesora de la UB apunta a que hay que tener en cuenta las pocas conexiones del Estado con el resto de Europa. García-Luengos añade que no se puede perder de vista el objetivo final: "no digo que el gas no sea necesario, pero hay que debatir de qué manera y, sobre todo, seguir apostando por las energías renovables".