La deuda pública baila al son del IPC y los tipos de interés
Los inversores se desprenden de los bonos públicos e impulsan un incremento de su rentabilidad por el temor a la inflación y sus consecuencias
BarcelonaLos rendimientos de la deuda pública han experimentado en las últimas semanas una importante escalada, hasta niveles de hace dos décadas. Los temores a la inflación y, por tanto, la previsión de nuevas subidas de los tipos de interés, han impulsado las ventas de estos activos. El hecho es que si el coste de la vida se encarece, el interés fijo que paga un bono pierde poder adquisitivo y, en consecuencia, los inversores venden los títulos que tienen en cartera y reclaman una rentabilidad más elevada en las nuevas emisiones.
Esto ha forzado a los gobiernos a dar más interés para atraer un capital que requieren para financiar su enorme pasivo. En este contexto, hay quien es más optimista y afirma que no hay motivo de alarma hasta que la deuda a 10 años en los Estados Unidos, que es la referencia para la valoración de todos los activos, supere el nivel del 5%. "Los títulos a 10 años están por debajo de la media histórica del 5% en los Estados Unidos", afirma el director general de GVC Gaesco, Jaume Puig.
En cambio, hay quien tiene una visión menos positiva y, aun admitiendo que la inflación subyacente —la que excluye los alimentos no elaborados y la energía, por tanto, la menos volátil— está de momento más controlada, todo indica que antes de que acabe el año habrá al menos una subida de los tipos de interés. En este sentido, el fundador y consejero ejecutivo de EFPA España (Asociación Española de Asesores y Planificadores Financieros), Josep Soler, ve probable que el Banco Central Europeo (BCE) mueva ficha en su próxima reunión, el 10 de septiembre. Al organismo monetario de la eurozona se le podría sumar la Reserva Federal de los Estados Unidos (la Fed), que la tiene el día 16.
En cualquier caso, el nuevo dirigente de la Fed, Kevin Warsh, podría esperar a que pasen las elecciones de medio mandato en el país norteamericano, previstas para noviembre, para subir tipos. Cabe recordar que Warsh fue propuesto por el mismo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que mantuvo una ofensiva contra el anterior dirigente del banco central del país, Jerome Powell, a quien presionaba para que bajara el precio del dinero. El ahora máximo responsable de la Fed insinuó la semana pasada, en la reunión que se celebra anualmente en Jackson Hole, en el estado de Wyoming, que podría subir el precio del dinero si la inflación persiste. En cualquier caso, no dio muchas pistas de cuándo lo haría. Y la evolución de la inflación subyacente, la estructural, le podría ofrecer cierto margen para evitar dar a Trump el disgusto de afrontar las elecciones de medio mandato con un encarecimiento del crédito para las familias y las empresas. De esta manera, una posible subida de los tipos de interés en la primera potencia mundial no se produciría ni en la reunión del día 16, ni en la del 28 de octubre, sino en la del 9 de diciembre, una vez pasados los comicios.
Es verdad que la inflación se ha disparado a consecuencia de la guerra en Oriente Medio y la escalada del petróleo. Pero la estructural no está desbocada en Estados Unidos: se situó en julio en el 2,5%, frente al 2,6% del mes anterior. La cifra dista del indicador general, que en julio fue del 3,4%. Por su parte, la inflación subyacente en la zona euro marcó una tasa del 2,4% en agosto (la general fue del 3,3%) y en España del 2,9% (frente a una general del 4,3%). En paralelo, el barril de Brent —que es la referencia en Europa— está alrededor de los 95 dólares y con tendencia al alza, pero todavía lejos de los más de 110 de hace unos meses, señala Puig.
Mirando la evolución del bono a 10 años, que en EE. UU. se utiliza para fijar el precio de las hipotecas y del crédito, este experto añade que "todavía hay margen de subida". Actualmente se mueve en torno al 4,76%, unas décimas por debajo de la referencia del 5%. En todo caso, en España ya se está notando la previsión de encarecimiento del precio del dinero en el euríbor diario a un año, la referencia para las hipotecas de interés variable y el interés al cual los bancos se prestan dinero entre ellos. En agosto se acercó a una media del 3% (2,952%) y durante los días de la primera semana de septiembre no ha bajado de este nivel, que no se veía desde hacía dos años. La media provisional hasta el viernes pasado era del 3,079%.
Soler recuerda que hay algunos factores que impulsan la rentabilidad de la deuda pública. El primero es el incremento del gasto por parte de los gobiernos en apartados como la defensa, lo cual empeora los déficits y la deuda de los estados. Además, los gobiernos deben competir con las grandes tecnológicas, como Nvidia, Apple, Amazon, Microsoft o Meta, que necesitan emitir deuda para financiar la expansión de la inteligencia artificial (IA). Soler también añade las emisiones que se han lanzado a hacer las grandes aseguradoras para financiar un incremento de los riesgos a escala global. Todo ello provoca una espiral alcista. Los emisores deben aumentar el interés que ofrecen para atraer capital.
En este contexto, la deuda japonesa a 10 años ha cotizado por encima del 3% por primera vez desde 1996, siendo Japón un país que estaba acostumbrado a unos tipos de interés cercanos al 0%. Los tipos de interés aumentan en todos los mercados. En cualquier caso, con las perspectivas de nuevas subidas de la inflación y el riesgo de que el encarecimiento de la energía se contagie al resto de la economía, los inversores tienden a reclamar más rendimientos. Y esto complica los costes financieros para las administraciones, que ya son elevados. En los Estados Unidos, la deuda ha superado los 40 billones de dólares, lo cual significa el 120% de su producto interior bruto (PIB, el indicador que mide la actividad económica de un territorio). Los inversores exigen una prima cada vez más alta para invertir en bonos, a la espera de qué pasará con el precio del dinero.