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La alianza de los Sprüngli y los Lindt: el origen del imperio chocolatero suizo

La compañía factura ahora 5.800 millones de euros anuales, cuenta con 11 fábricas y más de 500 tiendas

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04/02/2026
3 min

David Sprüngli, un hombre robusto y de manos ásperas, siempre llega al obrador antes de que aclare. Allí se encuentra su hijo, Rudolf. Juntos preparan los pastelitos que venderán en la tienda durante el día. Tiene sesenta años y le ha costado mucho llegar hasta allí: quedó huérfano a los ocho años, trabajó de aprendiz de panadero y acabó haciendo de sirviente en una casa de Zúrich. En 1836 finalmente se convirtió en propietario de su propio establecimiento. Poco a poco, se estaba especializando en un producto que todavía era casi una rareza: el chocolate. La venía deshecha, para beber. Pero en 1838 empezó a producirla en forma sólida, compacta, manipulable. Siete años después, ya había abierto otro establecimiento en el centro neurálgico de la capital suiza, en Paradeplatz, rodeado de una clientela burguesa y refinada.

Cuarenta años más tarde, en Berna, un joven de 24 años llamado Rodolphe Lindt sale del obrador de chocolate que regenta y se va a casa. Es el viernes. Cuando vuelve el lunes, se da cuenta de que se ha dejado puesta en marcha la máquina que baraja la pasta de cacao. Lo detiene y se abalanza sobre el cuenco: hay una masa lisa, aromática y muy fina. Sin querer, acaba de perfeccionar la técnica del conchado, el método para que el chocolate quede homogéneo. Aún no lo sabían, pero la historia de la familia Sprüngli, en Zúrico, y la de la familia Lindt, en Berna, acabarían entrelazadas.

Más de un siglo después de aquellos primeros experimentos entre obradores, la intuición de Sprüngli y el azar de Lindt se han convertido en un gigante industrial. Hoy Lindt & Sprüngli factura 5.820 millones de euros anuales, con un crecimiento cercano al 8% interanual impulsado sobre todo por el mercado europeo. Sólo Europa aporta más de 2.300 millones de euros en ventas, gracias a un consumo fuertemente vinculado a los bombones, regalos y figuras de chocolate. Pero ¿cómo acabaron cruzándose los caminos de las dos familias?

La construcción de un imperio

En 1892, con la retirada de Rudolf Sprüngli-Ammann, la empresa familiar se dividió en dos ramas. Por un lado, las confiterías de Zúrico; por otro, la fábrica de chocolate, en manos de Johann Rudolf Sprüngli, que heredó un negocio sólido pero con el reto de industrializarse. Para ello necesitaba capital, pero sobre todo marcar la diferencia. Es en ese punto cuando entra en escena Rodolphe Lindt. El inventor del conchado había revolucionado la textura del chocolate, pero no disponía ni de las instalaciones ni de la estructura necesarias para responder a una demanda que no paraba de crecer. En 1899 Sprüngli compró la fábrica de Lindt en Berna y, con ella, el secreto del conchado, por la cifra de 1,5 millones de francos de oro. Lindt se mantuvo vinculado durante un tiempo, pero el control del negocio pasó a manos de la familia Sprüngli.

El cambio de siglo consolidó la nueva empresa. Pese a las dificultades de la Primera Guerra Mundial, la industria chocolatera suiza creció con fuerza, y Lindt & Sprüngli tuvo un papel destacado. Ya en 1915, una parte importante de la producción se destinaba a la exportación. Durante las siguientes décadas, la empresa extendió su presencia con filiales y agencias comerciales en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. En 1949 nació Lindor, primero en forma de ladrillo con relleno cremoso y, años más tarde, como los bombones esféricos que acabaron definiendo la marca. En 1952 se sumó el conejito dorado, pensado inicialmente como un detalle familiar de Pascua y convertido, con el tiempo, en un icono global.

En la segunda mitad del siglo XX, Lindt & Sprüngli consolidó una manera muy concreta de entender el chocolate premium: productos reconocibles, calidad constante y una fuerte asociación con los regalos y las celebraciones. El cambio definitivo llega con la globalización del negocio. A partir de los noventa, aceleró la expansión internacional a través de adquisiciones selectivas: primero en Europa, después en Estados Unidos. La compra de firmas históricas como Ghirardelli o, más adelante, Russell Stover permitió a la compañía ganar peso en Norteamérica y situarse entre los grandes actores mundiales del sector. Paralelamente, la marca desplegó una red de tiendas propias. Hoy opera con una red de unas 500 tiendas propias, produce chocolate en 11 fábricas repartidas entre Suiza, Europa y Estados Unidos, y distribuye sus productos a más de 120 países.

Las fechas clave
  • 1836

    David Sprüngli regenta una pequeña pastelería en Zúrich con su hijo.

  • 1846

    El negocio se establece en Paradeplatz, en el centro neurálgico de Zúrico, y se consolida entre la burguesía urbana.

  • 1879

    En Berna, Rodolphe Lindt desarrolla el conchado, el proceso que da al chocolate una textura fina y homogénea.

  • 1892

    Con la retirada de Rudolf Sprüngli-Ammann, hijo de David Sprüngli, la empresa familiar se divide entre confiterías y fábrica de chocolate.

  • 1899

    Johann Rudolf Sprüngli compra la fábrica de Lindt y el secreto del conchado por 1,5 millones de francos de oro; nace Lindt & Sprüngli.

  • 1915

    Una parte significativa de la producción se destina ya a la exportación internacional.

  • 1949

    Nace Lindor, primero como baldosa con relleno cremoso.

  • 1952

    Se presenta el conejito dorado, que se convertirá en un icono global de la marca.

  • 2000

    Lindt & Sprüngli acelera la expansión internacional con adquisiciones clave en Europa y Estados Unidos.

  • 2025

    Lindt & Sprüngli opera en más de 120 países, con unas 500 tiendas propias y una facturación anual superior a 5.800 millones de euros.

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