En el Farró se arreglan cerraduras y se fabrican rejas
La cerrajería La Gleva, fundada en 1860, se ha especializado en encargos de todo tipo para edificios y muebles
¿Un cerrajero puede ser también herrero? ¿Cuál es la diferencia entre un cerrajero y un cerrajero? Consultando las definiciones de los diccionarios, parece haber consenso en que un cerrajero incluye la práctica de cerrajero y de herrero. Cerrajero: "Artesano o técnico especializado en fabricar, reparar, instalar y ajustar cerraduras, llaves, cerrojos y diversos objetos metálicos, especialmente para edificios y muebles". Algunas definiciones dan "cerrajero" como sinónimo. Otros, en cambio, aseguran que un cerrajero es estrictamente el experto en cerraduras de puerta. Bien, sea como sea, en la calle de la Gleva número 2 encontramos la cerrajería La Gleva, que desde hace doce años es el hábitat cotidiano de Javier Redonnet. Desde el día que pasó por allí y vio que el antiguo cerrajero que trabajaba allí estaba a punto de jubilarse y aceptó traspasarle el negocio. Javier conoce el oficio desde muy joven. Desde que a los 17 años hizo un cursillo de soldador y le cogió el gusto a la profesión. Trabajó por cuenta ajena durante varios años, hasta que encontró este rinconcito en el fantástico barrio del Farró y se estableció por cuenta propia.
Javier trabaja solo, y los encargos del barrio hacen que haya días que no dé alcance. Ahora está metido en una barandilla curvada de acero inoxidable para la rampa de una portería vecina. Le está costando ponerle el pie en el cuello. Pero saldrá adelante, claro. Su especialidad es el hierro. Experto en cambiar puertas de porterías, hacer rejas para puertas y ventanas, estantes y muebles de hierro, instalar buzones y escaleras y soldar todo tipo de utensilios. Hay personas que le traen una olla de la cocina para que les suelde un asa que se ha caído. "Quizás le sale más a cuenta comprar una nueva en la tienda de cosas del hogar", les sugiere. Pero ya se sabe que las personas podemos tomar cariño a los utensilios habituales que nos acompañan en el día a día, y el encargo de la soldadura sale adelante.
¿Qué hace cuando le encargan un trabajo en una portería? Va, toma tamaños, enseña fotos de muestra de otros trabajos anteriores y saca adelante el proyecto. Pone los cristales si es necesario, también la cerradura, conecta los interfonos, etc. Tiene clientela fija en administradores de fincas y también en particulares que requieren sus variadísimos servicios. Hace poco, un señor que todavía tiene gas butano en su casa le pidió una casita de hierro para guardar las bombonas y protegerlas de la intemperie.
Encargos de todo tipo
¿Otros encargos curiosos o extraños? Un estante para esconder una caja fuerte, soldar las piezas para un trofeo que hay que entregar pronto, arreglar una escultura de hierro que tienes en casa de toda la vida y se ha roto, poner patas a un viejo brasero para que se convierta en una mesa, taburetes de bares que conviene arreglar o reforzar, asientos que se trenza. soldar un pincho para que se convirtiera en un arma del ejército nazi y formara parte de una exposición.
Quizás el punto fuerte del negocio de Javier son las cerraduras de las puertas. Es la vertiente que económicamente resulta más interesante y rentable. Una demanda habitual es cambiar la cerradura, pero también repararla. Las piezas esenciales son el bombín –la pieza en la que se introduce la llave– y las gargantas –las placas donde encaja el dentado de la llave–. Son mecanismos de precisión que requieren técnica y conocimiento profundo del oficio. Y Javier es una garantía.
Esta esquina del Farró es una cerrajería desde 1860. Ha pasado por todas las épocas y etapas posibles. Es un espacio pequeño pero bien aprovechado que durante muchos años albergó una forja. Parte de la maquinaria tiene muchos años y funciona como el primer día. Incluso hay un antiguo yunque para trabajos manuales con hierro y martillo. Una reliquia del pasado que todavía hace el hecho.