¿Te gusta echar la caña?
Casa Calicó, con 175 años de historia, es el Fórmula 1 de la pesca
Quizás no todo el mundo sea plenamente consciente de ello, pero hay muchas formas de pescar. En Casa Calicó, en la calle Ávila –en el corazón del Poblenou– se las saben todas desde siempre. Son un Fórmula 1 de la pesca, conocen los secretos de la pesca deportiva de competición, la recreativa y la tradicional o alimenticia. Las manías de los pescadores, las tácticas para mejorar la técnica, los accesorios que mejor te pueden ir, lo que más le conviene a un principiante y lo que anhela el más experto de los pescadores.
Por ejemplo, hay muchos fanáticos de la pesca deportiva que lo que más valoran es la adrenalina de la pesca activa, por eso utilizan cebos atrayentes en forma, por ejemplo, de pececitos de colores que manipulan y hacen mover con la caña como si fueran títeres para atraer la pieza que desean y que ésta desee y que ésta desee. A esta técnica se le llama spinning. En cambio, hay pescadores que prefieren la pesca más bien pasiva, reunión en la playa con amigos y mientras charlan o vermutean tienen la caña plantada por si los peces pican. Es una vertiente más social de la pesca que se conoce como surf gasting. Está también la pesca de barca, claro. A quien le gusta mucho este mundo es bastante probable que en un momento u otro se atreva. Es golosa la posibilidad de volver a casa con un calamar, una sepia o un buen bonito. No nos olvidemos de la pesca de montaña. En el río, las inevitables truchas, y en el lago, las carpas.
Una caña de playa puede alcanzar los cuatro metros y veinte centímetros. Una de río, en cambio, no alcanza los dos metros y es mucho más flexible. Pasarías horas escuchando a Daniel Calicó, el actual propietario del establecimiento, y su padre, Enric, ya jubilado pero con una energía y memoria envidiables casi cerca de los noventa años. Son la segunda y tercera generación de este negocio que desde hace ocho años está situado en Poblenou, pero que pasó décadas en la plaza de les Olles, hasta que en el 2018, con la nueva ley de arrendamientos urbanos, el propietario del local decidió que había que subirles el alquiler a 8.000 euros al mes.
Por suerte, encontraron este nuevo emplazamiento que no les resultaba nada extraño. En el mismo barrio, por cierto, donde habían tenido el viejo almacén y cerca del mar, su hábitat más natural y reconocible. Un caso tristemente reiterado en la Barcelona de hoy que les hizo perder entre un 30 y un 40% de su facturación anual. Un batacazo del que se han podido resarcir y salir adelante con nueva clientela y, sobre todo, gracias a la gran diversidad de artículos que ofrecen –unas 8.000 referencias distintas– y que les permiten aguantar las embestidas de las grandes superficies y de la venta por internet.
La especialización es un factor clave, la capacidad para satisfacer todo tipo de gustos y demandas. Hace unos años, en Barcelona había entre quince y veinte tiendas de pesca. Ahora quedan dos. La tienda de la plaza de les Olles la fundó hace 175 años el señor José Borrull, que tenía una fábrica de redes de pesca y al que el Born le pareció una zona ideal, junto al ferrocarril y al puerto, para instalar una tienda de pesca. Con la crisis de los años 20 y un progresivo endeudamiento llegó el momento en que traspasó el negocio a Joan Calicó, el padre de Enric y el abuelo de Daniel, que venía del mundo del cuero y supo ver el potencial que tenía la pesca recreativa para hacer crecer el negocio.
Él fue también el fundador de la marca Kali de productos de pesca. En los setenta, el negocio se escindió en dos. Por una parte Calicó SA, encargados de la fabricación y distribución, y por otra la tienda. Los materiales han evolucionado mucho a lo largo de los años. Antes, los carritos eran de aluminio. Hoy son de policarbonato. Las cañas eran de caña natural y hoy son de fibra de carbono. Existen muchas posibilidades. Diferentes materiales, cualidades, tamaños y formas. Tener un carrito de calidad es siempre recomendable. Un económico, de 50 euros, puede durarte sólo un año si le das mucho uso.
Tanto Enric como Daniel se han querido y aman el negocio porque lo han vivido desde pequeños. Ambos pescan, por supuesto. Enric nos enseña orgulloso la foto con el corball de 41 kilos que pescó en un viaje a Mauritania. "¡Se quedaron todos alucinados!", recuerda.