El húngaro que hizo grande la industria de su país enlatando carne
Manfréd Weiss y su hermano Berthold impulsaron la modernización empresarial de Hungría antes de la Primera Guerra Mundial
Hasta la década de los cuarenta, la liga de fútbol húngara había sido cosa de tres: la gran mayoría de títulos se los habían repartido entre el Ferencváros, el MTK y el Újpest Dósza, los tres grandes clubs de Budapest. Pero coincidiendo con la Segunda Guerra Mundial asomó un equipo modesto de la isla de Csepel, que se llamaba precisamente Csepel SC. Rompió la hegemonía vigente gracias a sus victorias de 1942, 1943 y 1948. Por cierto, cuatro años después del último título, durante la temporada 1951/52, el Csepel SC tuvo en sus filas a un joven delantero destinado a hacer historia: su nombre era Zoltán Czibor y tiempo después pisaría el Camp Nou para triunfar vestido de azulgrana.
- 1857-1922
Que el Csepel SC lograra disputar títulos a los grandes monstruos del fútbol húngaro solo tenía una explicación: el club estaba directamente vinculado a una de las industrias estratégicas del país, la del metal, con una gran factoría. El equipo había sido fundado por trabajadores de la empresa Weiss Manfréd Acél- és Fémművek (Fábrica de Metal y Acero de Manfréd Weiss). Los orígenes del conglomerado industrial hay que buscarlos en el año 1892, cuando Manfréd Weiss, de origen judío, decidió trasladar allí sus actividades empresariales, inicialmente una fábrica de conservas y alimentos enlatados, pero más tarde también una fábrica de municiones de guerra.
El joven Weiss no quería ser un pequeño comerciante, como lo habían sido su abuelo y su padre, así que emigró de su Pest natal a Hamburgo para trabajar en el comercio colonial. El aprendizaje fue rápido, porque antes de la veintena ya era el responsable de un negocio local.
Coincidiendo con la muerte prematura del padre, Weiss volvió a Hungría para unirse a la familia y engrandecer sus actividades profesionales. El desarrollo económico que generó el Compromiso Austro-Húngaro de 1867 (el kiegyezés, más autogobierno para los magiares) benefició la economía del país y también el pequeño negocio de Weiss y su hermano Berthold.
Además, entre 1878 y 1882 se produjo la invasión de Bosnia y Herzegovina, lo que ofreció algunas oportunidades inesperadas. La demanda de carne fresca por parte del ejército del imperio era muy difícil de satisfacer, porque el producto no llegaba en buenas condiciones a los campos de batalla, de manera que Weiss tuvo la ocurrencia de enviarla ya cocinada y envasada en latas cerradas herméticamente, lo que evitaba que se estropeara. La idea tuvo tanto éxito, que al acabar la guerra montó la Weiss Berthold és Manfréd Első Magyar Conserv Gyár (Primera Fábrica Húngara de Conservas de Berthold y Manfréd Weiss), que vendía sus productos bajo la marca Globus. La carne solo fue el comienzo, porque la empresa probó de envasar con buenos resultados toda una serie de alimentos, entre los que destacaba el café soluble, un precedente del célebre Nescafé que años más tarde produciría la multinacional suiza Nestlé.
Diversificación
Las buenas relaciones con el ejército construidas durante la guerra permitieron que Weiss ampliara su catálogo de productos, sobre todo cuando se dio cuenta de que de manufacturar latas a producir munición no había mucha distancia. Así fue como la empresa familiar puso un pie en la fabricación de armamento y también en la industria pesada. Los siguientes años fueron de diversificación, porque Weiss contribuyó a crear la principal industria textil del país y el Magyar Ipar-és Kereskedelmi Bank (Banco Industrial y Comercial Húngaro).
Otro cambio relevante fue una mudanza obligada de la factoría porque, a raíz de una explosión, las autoridades obligaron a trasladar la fábrica a la isla de Csepel, que en aquel momento no formaba parte del municipio de Budapest. Poco después de esto, Berthold prefirió dedicarse a la política y dejó las riendas de la compañía a Manfréd.
La nueva etapa estuvo marcada por aquello que se conoce como políticas sociales, porque Weiss estaba muy preocupado por el bienestar de sus trabajadores. Durante su mandato, dentro de la empresa creó una maternidad, una guardería, un hospital, viviendas para obreros, un fondo de viudedad e incapacidad, entre otros servicios esenciales. La Primera Guerra Mundial provocó que la compañía multiplicara su producción y que el número de trabajadores escalara hasta cerca de los treinta mil. Al finalizar el conflicto bélico, el régimen comunista nacionalizó la empresa, lo que empujó a Weiss a un intento frustrado de suicidio. Murió poco después víctima de un ictus.