¿De dónde salen los ascensores Otis? El invento que ha transformado la vida en la ciudad
El freno de seguridad marcó un antes y un después e hizo posible una nueva forma de construir
La cabina es de madera oscura y el suelo está gastado. Lo rodea una reja metálica que se debe cerrar con un golpe seco antes de activar el mecanismo y subirse arriba, lentamente. En el Eixample de Barcelona todavía resisten cientos de ascensores como éste, construidos entre finales del siglo XIX y la Guerra Civil. Sobreviven al menos 1.200 en toda la ciudad, según el último inventario municipal. Si sube y se fija bien, verá que muchos llevan todavía el mismo nombre grabado en algún elemento de la cabina: Otis. Es la empresa estadounidense que desde hace más de 170 años lidera el sector ascensores. Cada día mueve a unos 2.400 millones de personas en todo el planeta, da servicio y mantenimiento a cerca de 2,4 millones de ascensores y escaleras mecánicas, y cuenta con 72.000 trabajadores. En 2024 cerró el ejercicio con un beneficio de 1.578 millones de euros, un 17% más que en el año anterior.
Sus ascensores subieron por los pilares de la Torre Eiffel, atravesaron el corazón del Empire State Building y recorren hoy los 828 metros del Burj Khalifa, el rascacielos más alto del mundo. Pero, ¿cuál ha sido el secreto para que una empresa nacida en el siglo XIX haya llegado tan arriba? ¿Quién lo empezó todo?
Un freno, el hallazgo clave
A mediados del siglo XIX, cuando los ascensores eran todavía artefactos rudimentarios e inseguros, un artesano estadounidense llamado Elisha Graves Otis encontró la forma de crear un sistema de freno capaz de detener la cabina si se rompía el cable. Su solución atacaba uno de los grandes quebraderos de cabeza de la revolución industrial: desplazar cargas entre plantas sin asumir riesgos mortales. El freno de seguridad de Otis marcó un antes y un después: hizo posible confiar en el movimiento vertical y abrió la puerta a una nueva forma de construir: las ciudades empezaron a crecer hacia arriba.
Los encargos empezaron a llegar con cuentagotas, pero de forma constante. En 1854 la compañía vendió ocho ascensores; al año siguiente, quince. El salto simbólico llegó en 1857, cuando Otis instaló el primer ascensor de pasajeros en un edificio comercial de cinco plantas en el centro de Nueva York. Cuando Elisha Graves Otis murió prematuramente en 1861, con sólo 49 años, la compañía no se detuvo. Sus hijos, Charles y Norton Otis, asumieron su control, aseguraron la patente del freno de seguridad y profesionalizaron la empresa. A finales de la década, Otis era ya una firma con ambición industrial y una estrategia clara: innovación técnica y expansión comercial.
La época de los rascacielos
A partir de la década de 1870, el ascensor dejó de ser sólo una máquina funcional y se convirtió también en un elemento estético: cabinas ornamentadas, interiores diseñados por ebanistas y sistemas cada vez más seguros. La empresa introdujo avances como el ascensor hidráulico y empezó a ganar contratos emblemáticos, desde el Capitolio de Estados Unidos hasta los pilares inclinados de la Torre Eiffel.
Ya en el siglo XX la introducción de la tracción sin engranajes permitió superar límites de altura impensables hasta entonces e hizo posible la era de los rascacielos. Edificios como el Empire State Building o, más adelante, las Torres Gemelas, se construyeron en torno a los sistemas de transporte vertical de Otis. Paralelamente, la empresa amplió el negocio del mantenimiento y servicio, resistió la crisis de los años treinta y aceleró la innovación durante la posguerra con ascensores automáticos, música ambiental y nuevas soluciones de seguridad.
La digitalización y el futuro
A partir de los sesenta, Otis incorporó el control electrónico y, en los setenta, abrió la puerta a los ascensores guiados por microprocesadores. La expansión hacia Asia, especialmente China, convirtió el crecimiento urbano acelerado en su principal motor, mientras que el negocio del servicio y el mantenimiento se consolidó como pilar clave. A partir de 2000, la empresa entró en la era digital y centró sus esfuerzos en dos conceptos esenciales para el futuro del sector: la eficiencia energética y el mantenimiento predictivo. Hoy Otis está presente en más de 200 países, opera la mayor cartera de mantenimiento de ascensores del mundo y sigue siendo una pieza esencial en el funcionamiento cotidiano de las ciudades.
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1853
Elisha Graves Otis presenta su freno de seguridad para ascensores, la innovación clave que hace posible confiar en el transporte vertical.
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1857
Otis instala el primer ascensor de pasajeros en un edificio comercial de Nueva York.
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1861
Muere Elisha Graves Otis; sus hijos, Charles y Norton, asumen el control de la empresa y consolidan su expansión industrial.
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1870
Otis impulsa ascensores hidráulicos y sistemas más seguros, en paralelo al nacimiento de los primeros edificios en altura.
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1911
La tracción sin engranajes permite superar límites de altura y abre definitivamente la era de los rascacielos.
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1960
Introducción del control electrónico y de los microprocesadores en los ascensores.
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2000
Otis entra de lleno en la era digital con la eficiencia energética y el mantenimiento predictivo como ejes de futuro.
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2024
Otis cierra el ejercicio con una facturación de unos 14.000 millones de euros, un beneficio de 1.578 millones y 72.000 trabajadores en todo el mundo.