El petróleo y el mensaje
El gobierno estadounidense ha sido explícito a la hora de manifestar que el objetivo de su intervención en Venezuela era acceder a los recursos de hidrocarburos. El país latinoamericano ya no es un gran productor de crudo, apenas el 0,8% de la oferta mundial actual y lejos del 7% que llegó a representar en 1970 a causa de la corrupción en la petrolera estatal (PDVSA), la falta de inversión y las sanciones, pero posee el 17% de las mayores reservas globales. Sin embargo, gracias a la ayuda iraní, china y la relajación de las restricciones sobre compañías internacionales como la estadounidense Chevron o la española Repsol, el país había logrado elevar de nuevo su producción de petróleo.
El crudo venezolano es de tipo pesado, de mala calidad, y tradicionalmente se había dirigido a Estados Unidos, que tiene sus refinerías específicamente diseñadas para procesar este crudo. Por eso, a pesar de la revolución de la fractura hidráulica (fracking) que ha convertido a Estados Unidos en un exportador neto de petróleo (de tipo ligero) el país sigue importante crudo pesado. El control estadounidense del petróleo venezolano facilitaría aumentar la producción de crudo en Venezuela y sus exportaciones a Estados Unidos, ayudando a cubrir parte del consumo nacional y permitiendo más exportaciones estadounidenses de petróleo ligero y refinados (como la gasolina) al resto del mundo. Por eso, las empresas necesitarán estabilidad legal e institucional y un horizonte claro de retorno de sus inversiones en un contexto de exceso de oferta mundial de crudo y precios contenidos del Brent. Actualmente, nada de eso está garantizado.
Más allá de la lectura económico-energética, Estados Unidos ha enviado un fuerte mensaje. No tolerará proyectos políticos no alineados a sus intereses en la zona de influencia. El régimen chavista había logrado eludir la presión estadounidense gracias a los intercambios de petróleo crudo por gasolina, el pago en especie y el uso de la flota fantasma. Sin embargo, poco después de asumir el cargo, Trump aumentó la presión al revocar la licencia a compañías no estadounidenses para operar en Venezuela y amenazar con un arancel del 25% a cualquier país que comprendido petróleo venezolano. De facto, convirtió a Chevron en la nueva Compañía de las Indias Americanas, la única con autorización para producir y exportar petróleo venezolano.
Con el bloqueo naval y el embargo petrolero dio un paso más autorizando la captura de barcos y la incautación de la carga, lo que afecta de forma directa a Cuba –el único país del Petrocaribe que todavía recibía ayuda y crudo venezolano–, y China, principal destino exportador de los hidrocardos década. Envía, además, un mensaje en clave interna –solo intervenciones en beneficio de Estados Unidos–, y afecta a otros aliados de Venezuela como Rusia, cuya flota fantasma de petroleros, que opera al margen del sistema financiero y de seguros internacional, ha sido también víctima del bloqueo y de una persecución a través del Atlántico digna de una. Es el regreso a la política de las cañoneras y la piratería del siglo XIX. Pero nada está escrito y este siglo también fue la centuria de las revoluciones y la emancipación colonial de América Latina.