Macroeconomía
Economía 10/01/2022

España, uno de los países más expuestos a la crisis de Turquía

Las ventas de armamento y la presencia del BBVA marcan las relaciones económicas entre los dos países

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Exposición de los bancos en Turquía, por países

BarcelonaEspaña es uno de los países más expuestos a la crisis que afecta a la economía de Turquía. El país presidido por Recep Tayyip Erdogan está sufriendo una importante subida de la inflación que está aumentando el coste de la vida de la población. Una de las causas de esta subida es la depreciación de la moneda nacional, la lira, que solo en el mes de noviembre perdió un 30% de su valor.

La evolución de la lira turca en los mercados de divisas es uno de los quebraderos de cabeza principales para el gobierno de Erdogan. Como se puede ver en el gráfico adjunto, la moneda ha perdido en poco más de una década más del 85% de su valor en comparación con el euro, una evolución similar a la registrada con el tipo de cambio de las principales monedas del mundo, como el dólar o el yen. Esto tiene un impacto en dos direcciones en el comercio exterior turco. Por un lado, las exportaciones de las empresas turcas se abaratan, puesto que a los extranjeros cada vez les es más barato comprar liras, pero, por el otro, si los turcos quieren importar productos extranjeros, les saldrá todo mucho más caro, puesto que tendrán que cambiar a un precio más elevado su moneda para obtener euros o dólares.

El segundo fenómeno, el encarecimiento de las importaciones, es una de las razones detrás de la fuerte subida de precios registrada en el país, donde este año el gobierno espera que sea de aproximadamente un 20% anual. Por comparación, los precios crecerán en la zona euro un 2,6%, según las previsiones del Banco Central Europeo. La rebaja de un punto, del 16% al 15%, de los tipos de interés anunciada por el banco central turco en noviembre para reactivar la actividad económica en plena pandemia puede provocar todavía más inflación en el país.

La reducción de tipo aprobada del regulador monetario y la posibilidad de que se repita en un futuro próximo "han conducido a un deterioro de la confianza doméstica que se ha reflejado en una acusada depreciación de la lira turca", indica un informe de la agencia de calificación norteamericana Fitch, que rebajó la perspectiva del rating de la deuda pública turca de estable a negativo. "Turquía ha entrado en este nuevo periodo de estrés en una posición vulnerable", asegura el documento.

El sector bancario español es quien más puede notar las consecuencias de este deterioro de la economía, marcado sobre todo por la pérdida de valor de la moneda. La banca española es, con mucha diferencia, la más expuesta a activos turcos, con cerca de 63.000 millones de euros. La mayor parte de la exposición la acumula el BBVA, que tiene en Turquía su tercer mercado –el primero es México y el segundo España–, donde facturó 563 millones de euros en el ejercicio 2020, un 14% del total del grupo.

La entidad de origen vasco ha intentado aprovechar la debilidad de la lira para conseguir el control del 100% de Garanti, una de sus filiales en el país, pero a la vez puede sufrir en cuanto a los ingresos y beneficios en Turquía, tanto porque la economía no se encuentra en un buen momento como porque los negocios que tiene en el país, como es lógico, se llevan a cabo en liras, que pierden valor día tras día. A raíz del anuncio del BBVA, los tres eurodiputados de Junts –Carles Puigdemont, Clara Ponsatí y Toni Comín– enviaron una pregunta escrita al Banco Central Europeo sobre los riesgos que supone la operación y la exposición al mercado turco para la entidad y el conjunto de la banca española.

Navantia, la otra gran expuesta

España es uno de los estados de la Unión Europea que mantiene una relación más estrecha con Turquía. Los dos países son socios de la OTAN, lo cual facilita la cooperación entre gobiernos en materia de defensa. De hecho, la venta de armamento es uno de los focos económicos principales de discusión –y acuerdo– cada vez que Erdogan se ha reunido con presidentes del gobierno español, tanto Mariano Rajoy antes como ahora Pedro Sánchez. En 2018 Rajoy añadió una cláusula de confidencialidad a las ventas de material bélico a Turquía.

La gran beneficiada de los últimos acuerdos hispano-turcos de venta de armamento ha sido la empresa Navantia. La naviera pública española creó en 2015 un consorcio con la turca Sedef para la construcción del portaaeronaves ligero TCG Anadolu, que se incorporará a las fuerzas navales turcas en 2022 y que está diseñado a partir del Juan Carlos I, el barco más grande de la armada española. Este proyecto, que incluía la posibilidad de hacer un segundo barco, tiene un coste de unos 275 millones de euros.

En este sentido, el acuerdo de 2015 se notó en el comercio armamentístico entre los dos estados. Antes de aquella fecha las ventas de material bélico español en Turquía extrañamente superaban los 100 millones de euros –con la excepción del 2012, cuando fueron de casi 503 millones–, pero a partir de entonces se dispararon. Entre el 2015 y el 2020, la industria de defensa española ha exportado más de 4.175 millones de euros, lo cual ha convertido el país euroasiático en uno de sus principales mercados, según datos del ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Un deterioro de la lira y de la economía turca podría reducir estas cifras.

Además, también hay que tener en cuenta que estas ventas de armamento han costado a España las protestas de dos socios de la UE, Grecia y Chipre, que mantienen una larga relación de hostilidad con Ankara por el control del mar Egeo –el año pasado escaló hasta rozar el conflicto armado– y la ocupación turca del norte de Chipre desde 1974. Hasta el punto de que en el mes de junio el gobierno de Atenas comunicó a Navantia que quedaba excluida de un concurso público por valor de 5.000 millones de euros para construir fragatas para la marina helénica, mientras mantenía en el proceso de selección a las otras seis compañías –todas extranjeras– que se habían presentado.

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