Europa, estrangulada por el gas y el petróleo de Putin

Europa tiene muy difícil a corto plazo encontrar otros proveedores para sustituir el petróleo y el gas de Moscú

BarcelonaLa invasión de Ucrania por parte de Rusia ha puesto de nuevo sobre la mesa la importancia geopolítica del petróleo y el gas, que se han convertido prácticamente en una arma más de guerra. Un hecho ya visto en otros conflictos, sobre todo en el Próximo Oriente, pero que pone de nuevo sobre la mesa la debilidad de Europa en materia energética. Las claves hay que buscarlas en la lentitud en la transición ecológica, que en un mundo global sitúa al Viejo Continente en una situación de gran dependencia.

Europa y Estados Unidos no han dudado en sancionar Putin por esta guerra, intentando ahogar financieramente su régimen con medidas como la exclusión del Swift –el sistema interbancario global–, la congelación de sus reservas en el extranjero y la retirada masiva de empresas occidentales que operaban en Rusia. Pero Vladímir Putin tiene un as bajo la manga: su petróleo y su gas. “Es un arma muy importante, entre el 35% y el 40% de la energía de la Unión Europea viene de Rusia”, apunta Xavier Ferrer, presidente de la comisión de economía internacional y de la UE del Col·legi d'Economistes de Catalunya. Para entender esta situación hay que dar respuesta a algunas preguntas:

Las fuentes energéticas

El gas y el petróleo todavía aportan más de la mitad de la energía

A pesar de las grandes inversiones en energías sin emisiones y renovables, lo cierto es que en el mix energético mundial el petróleo y el gas –y todavía el carbón– tienen un papel predominante. Entre el crudo y el gas natural aportan casi el 56% de toda la energía del mundo. Y la producción europea de estas dos fuentes energéticas es mínima, mientras que Rusia se sitúa en el segundo puesto del podio mundial de la extracción de gas y petróleo.

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La energía en el mundo

Según el Banco Mundial, Rusia posee el 30% de los recursos naturales del mundo, especialmente petróleo, gas natural y metales preciosos. Con un PIB de 1,3 billones de euros, solo el petróleo aporta un 8% del total. Además, el país de Vladímir Putin tiene el 27,8% de las reservas mundiales de gas (unos 47.572 millones de metros cúbicos). Es decir, una cuarta parte de la producción mundial de gas es de Rusia y el país tiene unas reservas para mantener este ritmo durante 60 años. Rusia tiene una economía “aparentemente saneada, pero no está diversificada, puesto que un 30% depende de la energía”, explica Xavier Ferrer.

Principales productores de petróleo del mundo
En millones de barriles diarios
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Principales productores de gas natural del mundo
En BCM

A pesar de todo, las empresas energéticas rusas no se sitúan en el podio mundial, entre otras cosas porque venden petróleo y gas subvencionado en el mercado interior. Entre las grandes petroleras y gasistas del mundo, Gazprom es la octava, Lukoil la novena y Rosneft la decena. Ninguna de ellas supera los 100.000 millones de dólares de facturación y tienen delante gigantes energéticos como los chinos Sinopec y PetroChina, o los occidentales del oro negro Exxon, Royal Dutch Shell, BP, Total y Chevron.

Europa, cautiva

Más de la mitad de la energía de la UE depende de terceros países

Eurostat lo deja claro. La tendencia en la Unión Europea es un aumento de la dependencia energética de terceros países. Un 58,2% del total de la energía en la UE se compra afuera. Y la dependencia es especialmente grave en el caso del gas.

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Procedencia de las importaciones de petróleo y gas natural de la UE
En porcentaje por estados

Dentro de esta dependencia energética europea, la aportación rusa es de mala sustitución. En el caso del petróleo, Rusia es el primer suministrador europeo, con casi el 30%. La dependencia de Rusia todavía es peor en el caso del gas. Un 41,1% de este hidrocarburo que consume Europa procede de la Federación Rusa. Su sustitución por otros proveedores también es muy difícil y, además, hay una dificultad añadida: el gas ruso entra en Europa en gran parte por gasoductos. Sustituir este abastecimiento por otros orígenes obligaría a Europa a importar gas natural licuado (GNL), es decir, gas que se transporta en barcos y que requiere una infraestructura de regasificación. El GNL es mucho más caro que el gas transportado por gasoducto, puesto que se tiene que licuar en origen, transportar en buques y regasificar en el destino. Un 25% de las plantas de regasificación de Europa están en España, pero la mala interconexión energética del Estado con el resto de la UE hace muy difícil aumentar la cantidad de gas que desde España se puede inyectar en el resto de la UE. 

“Dejar de importar gas y petróleo de Rusia haría caer el PIB de este país en picado y la gente de allí se replantearía muchas cosas”, indica Víctor Ruiz Ezpeleta, profesor de la EAE Business School. El gran problema es que Europa no puede romper la dependencia de Rusia de un día para el otro. Para hacerse una idea, el plano europeo para descarbonizar la energía hasta 2050 prevé unas inversiones de un billón de euros. Además, habría que electrificar toda la economía y el transporte para no depender del gas y el petróleo.

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La ventaja de los EE.UU.

Biden se puede permitir prohibir importar energía de Rusia

Mientras la dependencia europea del gas y el petróleo rusos impide a la UE tomar medidas de embargo para ahogar económicamente más al régimen de Vladímir Putin, Estados Unidos ya han tomado medidas concretas y han prohibido comprar petróleo y gas a los rusos. El presidente de EE.UU., Joe Biden, tiene una ventaja importante respecto de sus socios europeos para tomar estas medidas. EE.UU. produce petróleo y gas. De hecho, con sus reservas se podrían abastecer, a pesar de que compran energía a otros países. Su dependencia del petróleo ruso, inferior al 8%, es residual. Además, pueden suplir el petróleo y el gas ruso con más producción propia.

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Esto es posible porque utilizan el fracking. Cuando el petróleo se abarató, muchas empresas de fracking quebraron porque la extracción que usa este sistema solo es rentable si el precio del barril se sitúa de media por encima de los 46 dólares. Con el encarecimiento actual –el barril de crudo por encima de los 100 dólares–, el petróleo y el gas extraídos con este sistema son más que rentables. Según la consultora Primary Vision, el año pasado había 167 equipos de perforación de fracking y a estas alturas ya han aumentado a 264.

El papel de la OPEP+

Un aumento de precio por la incertidumbre geopolítica

La OPEP (la Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo) es un cártel que en las anteriores crisis del petróleo ha jugado con los precios. “Ahora, sin embargo, el precio se mueve por la incertidumbre, no por una cuestión de oferta y demanda”, indica Joaquim Daura, vicepresidente del Clúster de l'Energia Eficient de Catalunya. Ante la situación en Ucrania, organismos como la Agencia Internacional de la Energía (AIE) han pedido a los países productores que aumenten la extracción para ayudar a moderar los precios.

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Pero de momento la denominada OPEP+, que son los socios de la OPEP más algunos países que sin estar en el cártel actúan de manera coordinada –entre los que se encuentra Rusia–, ha decidido aumentar la producción a solo 400.000 barriles diarios. La OPEP+ produce aproximadamente el 40% del petróleo que se consume en el mundo.

Si se cumple lo que los líderes de la OPEP+ acordaron en su última teleconferencia, la producción de estos países se tiene que situar en 41,698 millones de barriles diarios. Con el reparto que hacen estos países, a Rusia le toca una producción de poco más de 10 millones de barriles diarios. Una producción que se puede ver afectada si persiste el embargo de Estados Unidos y si otros países buscan otros proveedores, porque, además, la exclusión de los bancos rusos del Swift dificulta el pago de este petróleo a los productores rusos.