La crisis de la vivienda

Expulsada de un ático insalubre justo cuando al fin se reforma: "Me ha provocado problemas de salud crónicos"

Una inquilina lleva cinco años viviendo entre mohos y goteras en una infravivienda en Ciutat Vella

BarcelonaEn Barcelona es posible vivir de alquiler en una vivienda de insalubridad extrema. También es posible vivir y que el administrador esté al corriente, que un técnico del Ayuntamiento le haya visitado y que incluso un arquitecto haya acreditado "una situación dramática de humedades" que puede provocar rinitis, bronquitis e incluso neumonía. Éstas, de hecho, son las afecciones respiratorias que cada invierno, desde hace ya cinco años, encadena su inquilina, Felicia. Y también es posible que ahora, justo cuando se están llevando a cabo las reformas obligatorias para que deje de ser una infravivienda, la propiedad haya decidido no renovar su contrato. Contra su voluntad, esta vecina se marcha de este ático del Born dentro de pocos días.

En el número 9 de la calle Canvis Nous, muy cerca de la basílica de Santa María del Mar, unas escaleras estrechas e irregulares llevan a un luminoso ático con terraza. El edificio es antiguo y necesita una reforma que apenas se está llevando a cabo. "He seguido viviendo aquí porque es imposible encontrar otra cosa", explica Felicia en declaraciones al ARA, y rápidamente denuncia una intención especulativa: "Y ahora que me voy, están haciendo las reformas que tocaban. Se me obliga a abandonar mi casa justo cuando no tienen más opción que hacer las reformas, privándome del derecho de gozar de la vivienda". El alquiler le costaba 650 euros al mes cuando entró en el 2021, y ahora ya paga más de 700 euros, un incremento contemplado por ley por el derecho del propietario a repercutir anualmente el índice de precios de consumo (IPC) en la renta.

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Las condiciones del piso son extremas porque sólo consta de un muro de 15 cm sin ninguna habitación y aislamiento alrededor. Pero esto no es todo: en la parte superior del ático, en un altillo en el que tiene la cama, las paredes son de sólo 4 cm. Esto ha provocado que, durante las obras, le hayan caído pedazos de pared en el colchón. Pero el verdadero problema es que, según recoge un informe arquitectónico, el nulo aislamiento de la edificación provoca que el vapor de agua del ambiente se condense y quede adherido a la cara interior de las paredes, por el contraste de temperatura con el exterior.

Todo esto se ve con un vistazo rápido. El ático de Felicia tiene moho en las paredes, que ella misma va limpiando con lejía, y también una parte del parqué absolutamente gastada por las goteras que caen del tejado cada vez que llueve. Enseña vídeos de paredes regalimosas, vídeos con trozos de pared en la mano por las obras que le hacen desde fuera y también cómo saca vaho un día de invierno cualquiera desde dentro de casa. "El otro día se me cayó el armario de la cocina. Se desmontó de la pared, de la humedad que había", explica.

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Rinitis crónica y neumonías

Todo ello ha ocasionado problemas respiratorios a Felicia, que ha tenido que pedirse más de diez bajas laborales en los últimos años, según ha podido comprobar el ARA. "He desarrollado problemas de salud crónicos debidamente documentados, incluyendo migrañas, infecciones en los senos paranasales, infecciones pulmonares y neumonía", dice en un texto que ha enviado hace poco al Sindicato de Alquiladoras.

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En invierno no puede dormir en su cama, y ​​debe bajar al sofá y poner la almohada sobre una estufa, mientras intenta pasar la noche como puede. "Cada mañana me despierto con los ojos hinchados", dice. Cuando se quejó a la propiedad o inmobiliaria, a la que trasladó que no podía calentar el piso por los problemas de condensación, le dijeron que abriera las ventanas, asegura. También que limpiara ella el moho de las paredes, como hace a menudo para evitar más complicaciones de salud. Este diario ha intentado contactar con Judith Strub, la administradora que gestiona este piso, pero no ha obtenido respuesta.

Todo ello le ha costado mucho dinero. Desde el sofá, completamente manchado de la humedad condensada una y otra vez. Explica al ARA que ha tenido que cambiarlo una vez, al igual que la cama, porque se infiltra el agua. "También he perdido mucha ropa. En total quizás he perdido más de 2.000 euros", dice. El contrato que firmó con la propiedad es del 2021, justo un año antes de que caducara la cédula de habitabilidad del ático, emitida en el 2007 por una vigencia de 15 años, y que en las condiciones que Felicia ha habitado este ático, y que han acreditado arquitectos, no se concedería en ningún caso.

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