Marchar de un ático insalubre justo cuando por fin se reforma: "Me ha provocado problemas de salud crónicos"
Una inquilina lleva cinco años viviendo entre mohos y goteras en una infravivienda en Ciutat Vella
BarcelonaEn Barcelona es posible vivir de alquiler en una vivienda de insalubridad extrema. También es posible vivir y que el administrador esté al corriente, que un técnico del Ayuntamiento le haya visitado y que incluso un arquitecto haya acreditado "una situación dramática de humedades" que puede provocar rinitis, bronquitis e incluso neumonía. Éstas, de hecho, son las afecciones respiratorias que cada invierno, desde hace ya cinco años, encadena su inquilina, Felicia. Con las reformas obligatorias todavía en marcha, ella abandonará este ático del Born en pocos días porque la propiedad ha decidido no renovarle el contrato, que caduca dentro de unos meses.
En el número 9 de la calle Canvis Nous, muy cerca de la basílica de Santa María del Mar, unas escaleras estrechas e irregulares llevan a un luminoso ático con terraza. El edificio es antiguo y necesita una reforma que apenas se está llevando a cabo. "He seguido viviendo aquí porque es imposible encontrar otra cosa", explica Felicia en declaraciones al ARA, que denuncia que justo cuando se reforma el edificio, ella debe irse. "Y ahora que me voy, están haciendo las reformas que tocaban. Se me obliga a abandonar mi casa justo cuando no tienen más opción que hacer las reformas, privándome del derecho a disfrutar de la vivienda en unas condiciones de habitabilidad por las que he estado pagando religiosamente".
Sin embargo, la administradora del contrato de alquiler, Judith Strub, contactada por este diario, explica que ni el propietario ni ella tenían la potestad de hacer las reformas necesarias porque, dice, requerían la conformidad de la comunidad de propietarios, y que una vez acordada la derrama con todos los vecinos, por fin se ha llevado a cabo. "Se trata del piso de un propietario que vive con su madre casi centenaria en un piso de alquiler para cuidarla", explica Strub, y dice que la inquilina ha seguido viviendo en esta finca centenaria por voluntad propia, ya que esta situación tampoco era del agrado de la propiedad o del administrador. "Durante los cinco años que ha vivido en el ático, han quedado otros pisos libres en la misma finca con una renta similar y no se ha interesado por cambiar de piso", ha explicado Strub, algo que la inquilina dice que no sabía y que nadie se lo comunicó.
El alquiler le costaba 650 euros al mes cuando entró en el 2021, y ahora paga más de 700 euros, un incremento por ley por el derecho del propietario a repercutir anualmente el índice de precios de consumo (IPC) en la renta.
Las condiciones
Las condiciones del piso son extremas porque sólo consta de un muro de 15 cm sin ninguna habitación y aislamiento a su alrededor. Pero esto no es todo: en la parte superior del ático, en un altillo en el que tiene la cama, las paredes son de sólo 4 cm. Esto ha provocado que, durante las obras, le hayan caído pedazos de pared en el colchón. Pero el verdadero problema es que, según recoge un informe arquitectónico, el nulo aislamiento de la edificación provoca que el vapor de agua del ambiente se condense y quede adherido a la cara interior de las paredes, por el contraste de temperatura con el exterior.
Todo esto se ve con un vistazo rápido. El ático de Felicia tiene moho en las paredes, que ella misma va limpiando con lejía, y también una parte del parqué absolutamente gastada por las goteras que caen del tejado cada vez que llueve. Enseña vídeos de paredes regalimosas, vídeos con trozos de pared en la mano por las obras que le hacen desde fuera y también cómo saca vaho un día de invierno cualquiera desde dentro de casa. "El otro día se me cayó el armario de la cocina. Se desmontó de la pared, de la humedad que había", explica.
Rinitis crónica y neumonías
Todo ello ha ocasionado problemas respiratorios a Felicia, que ha tenido que pedirse más de diez bajas laborales en los últimos años, según ha podido comprobar el ARA. "He desarrollado problemas de salud crónicos debidamente documentados, incluyendo migrañas, infecciones en los senos paranasales, infecciones pulmonares y neumonía", dice en un texto que ha enviado hace poco al Sindicato de Alquiladoras.
En invierno no puede dormir en su cama, y debe bajar al sofá y poner la almohada sobre una estufa, mientras intenta pasar la noche como puede. "Cada mañana me despierto con los ojos hinchados", dice. Cuando se quejó a la propiedad o inmobiliaria, a la que trasladó que no podía calentar el piso por los problemas de condensación, le dijeron que abriera las ventanas, asegura. También que limpiara ella el moho de las paredes, como hace a menudo para evitar más complicaciones de salud.
Todo ello le ha costado mucho dinero. Desde el sofá, completamente manchado de la humedad condensada una y otra vez, explica al ARA que ha tenido que cambiarlo ya una vez, al igual que la cama, porque se infiltra el agua. "También he perdido mucha ropa. En total quizás he perdido más de 2.000 euros", dice. El contrato que firmó con la propiedad es del 2021, justo un año antes de que caducara la cédula de habitabilidad del ático, emitida en el 2007 por una vigencia de 15 años, y que en las condiciones que Felicia ha habitado este ático, y que han acreditado arquitectos, no se concedería en ningún caso.