El dólar resiste (de momento) el primer año de Trump
Los aranceles, las amenazas a los aliados y los ataques a la Fed dañan el valor de la moneda estadounidense, pero no la hunden
BarcelonaEl primer año del retorno de Donald Trump a la presidencia estadounidense ha ocasionado una pérdida de valor notable del dólar y un incremento de los intereses de la deuda estadounidense, pero en ningún caso puede considerarse una caída sin precedentes. Pese a las amenazas de Washington a los aliados más cercanos de EE.UU. –como Dinamarca–; la guerra comercial; las intervenciones militares en Venezuela e Irán, y los ataques a la independencia de la Reserva Federal (Fed, el banco central de EEUU), el billete verde ha hecho valer su posición dominante como divisa refugio para mantener la fortaleza.
Concretamente, entre el 20 de enero de 2025, el día que Trump tomó posesión del cargo de presidente, y en la misma fecha de 2026, la cotización del dólar frente al euro se redujo un 11,2%. Se trata de una cifra significativa, pero en ningún caso puede tratarse como un descenso histórico. De hecho, el 20 de enero de este año un dólar se cambiaba a 85 céntimos de euro, un precio ligeramente superior al que se registraba durante las primeras semanas de la presidencia de Joe Biden, en enero y febrero de 2021. Posteriormente, con el demócrata en la Casa Blanca, la divisa de EE.UU. cuando Europa sufrió una fuerte crisis inflacionaria ocasionada por la invasión rusa de Ucrania y el encarecimiento de la energía que se derivó.
Hasta ahora, la caída relativamente leve del dólar en los mercados de divisas contrasta con el elevado grado de inestabilidad e incertidumbre que las políticas de Trump han ocasionado tanto internamente en Estados Unidos como a escala internacional. Cabe recordar que, con sólo un año en la Casa Blanca, Trump se ha puesto de espaldas a todo el resto de aliados de la OTAN y los principales socios comerciales de EEUU en Asia, como Japón o Corea del Sur, tanto con las amenazas a la integridad territorial de Dinamarca por Groenlandia como por la escalada arancelaria, que también. La inestabilidad también ha ido además por la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, los bombardeos en Irán, el apoyo a Israel en el conflicto de Gaza y las tensiones de toda la administración estadounidense con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, mientras Trump intenta negociar un acuerdo de paz con el presidente ruso, Vlad.
Internamente, el elemento más destacable en cuanto a la política económica son los ataques al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, puesto que la independencia de los bancos centrales respecto a los gobiernos se considera uno de los pilares de la política monetaria de los países avanzados. Trump ha criticado abiertamente a Powell al considerar que la Fed no baja suficientemente los tipos de interés (una medida que fomenta el crecimiento económico, pero al mismo tiempo aumenta los precios) y amenazó con despedirlo, pese a no contar con la potestad constitucional para ello.
Además, pese a haber prometido en campaña reducir la deuda y la inflación, los datos oficiales muestran que, al menos este primer año, el presidente estadounidense no ha salido adelante. Tampoco le gustaron las cifras de empleo, que señalaban un incremento del paro, y en agosto despidió a Erika McEntarfer, responsable de la agencia pública que las calcula. Más allá de la política económica, Trump ha instaurado redadas de agentes policiales encapuchados para arrestar y deportar a inmigrantes (incluidos menores) y ha enviado a la guardia nacional a varias ciudades con alcaldes de la oposición demócrata bajo el pretexto de que sufren un exceso de crimen o crisis derivadas del tráfico.
El dólar mantiene la "inercia"
Ante estos 12 meses tan cargados de cambios radicales y polémicas, el dólar ha perdido valor, pero sigue por encima, por ejemplo, de lo que valía en enero del 2008, cuando se encontraba por debajo de los 70 céntimos de euro. Normalmente, un período tan corto con tanta estabilidad habría hecho prever un pánico más fuerte respecto a la solidez de la divisa estadounidense, especialmente con un presidente al frente del país que antagoniza a socios y enemigos extranjeros y amenaza a la institución que debe garantizar la solidez de las finanzas públicas estadounidenses y de la misma moneda.
"Una parte es inercia", dice Joan Ribas, profesor de economía de la Universidad Pompeu Fabra. Aunque hay algunas señales de que el dólar puede estar perdiendo la garantía de solidez que le veían todos los inversores extranjeros, la pérdida de confianza "no pasa de un día para otro". En este sentido, un inversor particular puede deshacerse en pocas horas de los dólares o de los títulos de deuda de EE.UU. que tenga, pero para grandes compañías o bancos centrales que controlan las reservas de divisas de sus países, esto no es tan sencillo.
En primer lugar, porque el dólar se mantiene como la moneda más utilizada en intercambios comerciales, algo que la inestabilidad política en Estados Unidos también puede erosionar con el tiempo, pero que todavía se mantiene. Este hecho hace que, aunque no quieran, las empresas necesiten dólares para comprar productos en otros países o tengan que aceptar pagos en dólares de clientes. Según datos del Banco Internacional de Pagos, aproximadamente la mitad de las transacciones comerciales en el mundo se realizan en la moneda de EE.UU.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, a pesar de crear incertidumbre y aumentar claramente los costes del comercio internacional con los aranceles, la economía mundial ha seguido funcionando. EEUU mantiene un crecimiento robusto, la UE ha recuperado la actividad económica y China también registra tasas positivas. Trump, pues, "ha hecho daño, pero no ha sido tan real", añade Ribas, sino que el daño de momento ha afectado sobre todo a la confianza de los agentes económicos.
Una base ideológica para devaluar el dólar
Otro hecho a destacar es que no parece que el nuevo gobierno de EE.UU. esté especialmente preocupado por el estatus de su moneda. La razón es que algunos de los ideólogos económicos de Trump, como Michael Pettis o Stephen Miran, consideran que un dólar fuerte es perjudicial para EEUU, porque hace que las exportaciones estadounidenses a otros países sean "más caras", recuerda Ribas. Por eso, "les estaría igual" que el dólar perdiera importancia a escala global, ya que consideran que su posición como moneda de referencia mundial hace que esté "sobrevalorado" y esto afecte negativamente a la competitividad de las empresas del país. Esta visión contrasta con la de la mayoría de economistas, tanto liberales como keynesianos (más partidarios de la intervención pública), que argumentan que tener el control de la moneda de referencia en el mundo es una fortaleza, ya que permite a EEUU endeudarse con un riesgo muy bajo.