¿Cómo garantizar las pensiones en el futuro?
El discurso simplista de la guerra entre generaciones esconde un debate político sobre cómo financiar el sistema
BarcelonaLos youtubers y algunos perfiles en las redes sociales han encontrado un nuevo filón para generar discusión, crispación y, por tanto, más visitas para sus contenidos. La reivindicación de que los jóvenes (milenniales y zetas) tendrán un futuro mucho más negro que el presente disfrutado por sus padres y abuelos (boomeros) ha reabierto el debate en torno a la sostenibilidad de las pensiones y un escenario de guerra intergeneracional que está capitalizando especialmente el espacio de la ultraderecha liberal. Que el sistema está tensionado es una evidencia de que los expertos repiten desde hace años, pero más allá del enfrentamiento por grupos de edad, la pregunta que se plantea para las próximas décadas es otra: ¿cómo garantizar las pensiones en el futuro?
Buena parte de estas preocupaciones se basan en el impacto del envejecimiento de la población. En 2005, las personas mayores de 65 años representaban el 16,5% de la ciudadanía española; veinte años después, su peso ha crecido hasta el 20,7%. Al mismo tiempo, nunca había habido tan pocos nacimientos: de los 519.779 de 2008 han caído –justo antes de la gran crisis financiera– a los 318.005 en 2024. La pirámide poblacional actual nada tiene que ver con la de 1975 –ver gráfico–. Entonces, el grupo más numeroso era el de menores de cuatro años, mientras que hoy lo son los de 45 a 49 años, que se jubilarán en las próximas dos décadas. El sistema se prepara para recibir mayor presión con la llegada de estos nueve pensionistas que, además, lo serán durante más años por la mejora progresiva de la esperanza de vida en España. Hace cincuenta años, los hombres vivían de media hasta los 70 años y las mujeres hasta los 76. En el 2024, esta cifra ha subido a 81 años para ellos y 86 para ellas.
Este incremento de la población envejecida en España también se refleja en otro indicador clave: el ratio de cotizantes por jubilado. Si hace unos años cuatro afiliados sostenían a un pensionista, hoy la cifra ha bajado hasta los 3,28. Aún así, los recientes récords de afiliación a la Seguridad Social –impulsados sobre todo por las últimas oleadas migratorias– han contribuido a mitigar este desequilibrio. Sin embargo, la evolución de la demografía obliga a analizar con detenimiento las proyecciones para las próximas décadas para entender hasta qué punto será sostenible el sistema. De acuerdo con los últimos cálculos de la AIReF, la población española aumentará hasta 51,2 millones en 2040, alcanzará los 52 millones en 2050 y superará los 52,7 millones en 2070. Al mismo tiempo, la tasa de dependencia de los mayores de 66 años –es decir, la proporción de personas mayores respecto al grupo de 6– y 2050, y se duplicará del 26,6% actual al 48,2%. Esto significa que, según la autoridad fiscal, habrá aproximadamente dos personas en edad de trabajar por cada persona mayor.
Para el profesor de economía aplicada de la Universidad de Barcelona (UB) Ramon Franquesa, el argumento de la pirámide de población "es una falsificación de la realidad", ya que el sistema ha aguantado otras sacudidas demográficas en el pasado y ahora cuenta "con más cotizantes que nunca". "Es un discurso construido que se utiliza para amenazar con que en algún momento las pensiones se acabarán y para fomentar una guerra generacional", remarca. "Hay tres factores que inciden: el demográfico –por el envejecimiento de la población–, el laboral –como va la economía– y el político, el que tiene más peso de todos. Son los gobiernos los que deben decidir si quieren tener pensiones o no, y detrás de este debate también hay intereses económicos", añade Elena Idoate, economista y miembro de inversión colectiva.
Los detractores del modelo actual alertan del incremento significativo del gasto en pensiones, que se ha disparado desde principios de siglo. En 2005, la nómina anual de las pensiones de jubilación ascendía a 45.484 millones de euros, mientras que en 2025 se triplicó hasta 138.816 millones. Además, el gasto sobre el PIB español que suponen las pensiones de jubilación se ha elevado del 4,9% de 2005 al 8,2% en 2024. Este aumento se explica, en gran parte, por el crecimiento del número de jubilados, que ha pasado de 4,6 millones a casi 6,5, y también por el aumento de la pensión. La mayor duración de las trayectorias profesionales y los salarios más altos han hecho que haya subido de 686 euros a 1.506 en los últimos veinte años. De hecho, en España, la tasa de sustitución –el porcentaje que recibe un jubilado en pensión con respecto a su salario previo– es de las más altas de la Unión Europea y la OCDE, con un 86,3%, según el último informe publicado por el organismo. En el Estado, los salarios son relativamente más bajos que la media europea y, además, las pensiones han sido tradicionalmente generosas respecto al sueldo, por lo que el porcentaje es mayor.
"No es tanto una cuestión de colapso, porque en la medida en que sea un gasto prioritario para el Estado, se seguirán pagando las pensiones. Es una cuestión de justicia intergeneracional. ¿Tiene sentido que, si cada vez la gente vive más tiempo, se siga priorizando ese gasto respecto a otros que puedan ser más justos como la vivienda o la educación?" Yo creo que no. Conde-Ruiz, catedrático de fundamentos del análisis económico de la Universidad Complutense de Madrid. Para el economista Ángel de la Fuente, director ejecutivo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), el sistema actual es "demasiado generoso": "Pagamos una rentabilidad sobre las mayores cotizaciones de la que genera el país. Cada nuevo cotizante está generando más déficit, y que haya más personas trabajando no te soluciona. tiene mala solución".
Sistema de reparto
En España, las pensiones públicas se financian por un sistema de reparto. Es decir, los actuales contribuyentes pagan las pensiones de los jubilados de ahora. Este dinero llega por diferentes vías, pero la principal son las cotizaciones de los trabajadores y los empresarios a la Seguridad Social. Cuando estos ingresos no son suficientes, el Estado lo complementa con transferencias de sus presupuestos. Este año, en el acumulado de 2025 hasta noviembre se recaudaron 162.032 millones de euros a través de las cotizaciones de los españoles, que se compensaron con transferencias por valor de 50.890 millones de euros, casi un 10% más que en el mismo mes del año anterior.
Otra fuente de recursos son los rendimientos del Fondo de Reserva de la Seguridad Social –conocido como "la hucha de las pensiones"–, un instrumento creado en el 2000 durante el gobierno del PP de José María Aznar con el objetivo de ahorrar los excedentes de las cotizaciones para hacer frente al pago de las futuros. Así, en los años de superávit, la hucha se fue llenando hasta alcanzar su máximo de 66.815 millones de euros en el 2011. Con la Gran Recesión, sin embargo, este fondo empezó a vaciarse; el fuerte impacto de la crisis en el mercado de trabajo redujo sus cotizaciones, que no llegaban para cubrir los gastos. Aunque en los últimos años ha vuelto a crecer ligeramente, su tamaño ahora es mucho menor: en el 2024 cerró con 9.376 millones de euros.
Para el economista y titular de la cátedra sobre ahorro y pensiones del Iese, Javier Díaz-Giménez, uno de los errores de base es que la Seguridad Social haya asumido el pago de mayores prestaciones de las previstas inicialmente, mientras su único ingreso "verdadero" son las cotizaciones. El académico critica que la ministra del ramo, Elma Saiz, asegure que las pensiones carecen de déficit –los fondos de la Seguridad Social registraron un superávit de 8.505 millones de euros en noviembre del 2025– y que menosprecie la dependencia de las transferencias del Estado para cubrir sus obligaciones de pago. Idoate también reclama una mayor transparencia, pero desde otro punto de vista: "Durante mucho tiempo, la caja de las pensiones ha financiado otras políticas". Existe una deuda reconocida en un informe del Tribunal de Cuentas. El auditor estimó que entre 1989 y 2013 la Seguridad Social asumió 103.690 millones de euros de gastos "impropios" que no debía pagar el instituto público.
Más allá del debate sobre la creciente nómina de las pensiones, cabe recordar que entre los perceptores también persisten desigualdades importantes. El 47,1% de los pensionistas –incluye jubilación, incapacidad permanente, viudedad u orfandad– cobra un importe inferior al salario mínimo interprofesional (SMI), mientras que el 50,1% recibe una cantidad entre el SMI y la pensión máxima, fijada en 3.359,60 euros mensuales. Si bien la renta media del colectivo de jubilados se sitúa en 19.436 euros anuales, por encima de los 16.387 euros de media estatal, un 15,4% se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social, el 18,9% cobran la pensión mínima, y una de cada tres personas jubiladas declara tener dificultades para llegar a fin de mes. A ello se suma la brecha de género de las pensiones de jubilación, puesto que la prestación media de los hombres es de 1.785,01 euros, mientras que la de las mujeres es de 1.255,57, una diferencia de casi 530 euros al mes.
La lucha en las calles ha sido uno de los grandes activos de los pensionistas, un colectivo que ha logrado grandes victorias sociales desde el estallido del 15-M. Después de que en plena crisis el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero reformase el sistema para elevar progresivamente la edad legal de jubilación hasta los 67 años y que el ejecutivo del PP de Mariano Rajoy impusiera una subida mínima de las pensiones del 0,25%, los jubilados se movilizaron por todas partes del Estado para reivindicar vuelven a estar indexadas en el IPC por ley. Esta última reforma impulsada por el partido de Pedro Sánchez –la segunda parte se aprobó en 2023– se centró en reforzar los ingresos del sistema con la creación del mecanismo de equidad intergeneracional (MEI), una cotización adicional (del 0,9% este año) repartida entre el trabajador y la empresa para llenar la hucha frente a la hucha frente a la hucha baby-boomers. Por otra parte, también ha entrado en vigor un nuevo sistema de cálculo de las pensiones y se han introducido más incentivos en la jubilación activa.
Posibles soluciones
Según De la Fuente, esos cambios legislativos van en la dirección equivocada. El economista de Fedea defiende que los mejores sistemas y los más sostenibles son "los de tipo sueco", también llamados de cuentas nocionales o de capitalización. Con esta fórmula, las cotizaciones se acumulan en una cuenta virtual, de la que dependerá el cálculo final de la pensión pública, que se ajusta automáticamente a la esperanza de vida. Además, existe un 2,5% de los ingresos de cada contribuyente que se destinan al fondo de inversión que elija el trabajador. Y todavía hay una tercera pata: las pensiones complementarias basadas en el empleo que pactan las empresas y empleados. Díaz Giménez y Conde-Ruiz también ven con buenos ojos apostar por un sistema mixto.
En cambio, tanto para Idoate como para Franquesa, dejar entrar a los mercados financieros en las pensiones públicas es un riesgo a evitar. "En un momento de crisis financiera, todo derecho social que esté en forma de capitalización tendrá muchos números de perderse de un día para otro. Tenemos la experiencia de los últimos cincuenta años en Chile o Estados Unidos", argumenta el profesor de la UB, que celebra que por ahora las pensiones privadas siguen teniendo poco peso en España. Por su parte, el economista del seminario Taifa pone sobre la mesa que la sostenibilidad de las pensiones pasa por una reforma fiscal que saque peso a las cotizaciones y haga pagar más las rentas del ahorro y las empresas, o fórmulas de redistribución de la riqueza como la renta universal.