Turismo

Tocan fondo los viajes y excursiones de los catalanes dentro de Cataluña

Hacer turismo por Cataluña se ha encarecido un 14% más que el IPC general desde el 2019

25/07/2026 - 21:24 h.

BarcelonaMientras llegan a Cataluña más turistas extranjeros que nunca, el turismo interno cae. Las excursiones y los viajes de los catalanes por el territorio bajan un 25,6% respecto a antes de la pandemia, el 2019. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) recopilados por el ARA, los viajes se reducen un 19,1% y, las excursiones de día, un 28,3%.

El conjunto de viajes de los catalanes –independientemente del destino– bajan un 9,3%, aunque dormimos un 3,4% más de noches fuera de casa. Estas cifras contabilizan todos los trayectos de más de un día, ya sea un fin de semana en el Empordà o un viaje organizado a China. "Si consideramos viajar el acto de ir a un lugar diferente, los catalanes lo hacemos menos que antes. Ahora bien, si viajar es estar tiempo fuera de casa, no viajamos menos. La conclusión es que estamos viajando diferente", resume Josep Reyner, presidente de la comisión de economía catalana del Colegio de Economistas de Cataluña (CEC).

Aunque los viajes por Cataluña continúan siendo mayoritarios, el aumento de las salidas es al extranjero. ¿Es simplemente un tema de preferencias? ¿Esta tendencia tiene consecuencias a escala de país?

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¿Quién visita Cataluña, pues?

Desde hace tres años, los turistas extranjeros han vuelto a superar a los catalanes, igual que ocurría antes de la pandemia. En el año 2025 viajaron por Cataluña –haciendo como mínimo una noche fuera– 16,5 millones de catalanes, 20 millones de extranjeros y 5,8 millones de ciudadanos del resto del Estado. La antropóloga de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Elisenda Ardèvol recuerda que el turismo también es "explorar los propios territorios", una práctica que lleva a "profundizar en las raíces" y contribuye a construir identidad. ¿Los catalanes no viajamos por Cataluña porque preferimos hacerlo al extranjero?

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Los expertos consultados por el ARA señalan el encarecimiento de la oferta turística en nuestro país como un factor importante a tener en cuenta, partiendo de la premisa de que todas las realidades son multifactoriales. "No se trata de preferencias", alerta la geógrafa y profesora de la Universitat de Barcelona (UB) Velislava Simeonova. "El coste de hacer turismo en Cataluña ha ido creciendo más rápidamente que el poder adquisitivo de los catalanes", añade.

El gasto diario de los turistas internos subió casi un 30% entre 2019 y 2025 –rondando los 88 euros por persona–, mientras que "el de los extranjeros lo hizo un 12,21% –superando los 221 euros per cápita–, estima el Idescat. De estos datos se desprende que los extranjeros en 2025 hacen ahora un turismo más económico que antes de la pandemia, dado que, si consumieran los mismos servicios que entonces, el encarecimiento debería haber sido igual o similar al de la inflación de los servicios turísticos, del 25,5%. Del mismo modo, los catalanes que viajan optan por productos más caros, porque su gasto ha subido más que la inflación.

Reyner ve "un cierto aspecto de selección", por el cual los hogares catalanes con menos recursos "no viajan, o lo hacen menos" por Cataluña. Precisamente por este cribado de acuerdo con el poder adquisitivo de los turistas, Ivan Murray, doctor en geografía por la Universitat d'Edimburg, opina que los catalanes estamos dejando de viajar. "Imagina que tenemos 100 personas que viajan y pasan 5 días fuera, frente a 50 personas que pasan 10 días fuera. ¿Qué conclusión sacarías?", se pregunta.

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Simeonova considera que los datos recopilados por el ARA muestran ""dos grupos de turistas que no viven en la misma economía", en referencia a los catalanes y extranjeros. Entre los mercados "más recientes donde se han promocionado Barcelona y Cataluña", la experta enumera el estadounidense, el chino, el coreano y el japonés, mercados donde el turista medio tiene una renta más elevada que en Cataluña. En cambio, entre las familias catalanas hay "una demanda fugada", porque, "con el mismo presupuesto, una familia obtiene más fuera de Cataluña que aquí". A preguntas del ARA, la Dirección General de Turismo de la Generalitat ha rechazado hacer una valoración de los datos.

Tossa de Mar, sostenida por los extranjeros

En Tossa de Mar, uno de los enclaves más icónicos de la Costa Brava, el 58% de los visitantes residen en el Estado español y el 42% restante son extranjeros. El público de proximidad que reciben es, mayoritariamente, de estancia corta y repetición: "Viene en coche, conoce el destino y muy a menudo no pernocta". A pesar de ser mayoritario, el año pasado el gasto de los visitantes internacionales más que duplicó el de los que tenían DNI español.

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En consecuencia, desde el Ayuntamiento defienden que "la discusión no sería extranjeros versus catalanes, sino más bien excursionista versus turista". El gobierno municipal trabaja para "convertir excursionistas en turistas", dado que son los segundos los que generan más riqueza para el municipio.

En paralelo, el Ayuntamiento y el sector quieren reforzar el turismo de proximidad porque creen que se alinea con el producto turístico que pretenden consolidar, y que incluye cultura, naturaleza activa, gastronomía y comercio. "El reto es convencer al visitante de proximidad de que Tossa es un destino donde vale la pena quedarse a dormir, no una excursión de día". De momento, sin embargo, admiten que "el público internacional es estructuralmente el que sostiene la economía alojativa y el gasto".

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¿Somos más pobres?

La renta disponible de los catalanes, una vez descontado el efecto de la inflación, "ha mejorado más en los últimos tres años que en los anteriores", aunque, respecto a antes de la crisis, hemos "perdido poder adquisitivo", explica Reyner. El incremento de la renta de las familias "se ha producido en todos los grupos, especialmente en los más bajos", dando lugar a un reparto de los ingresos "muy similar a la media de la Unión Europea, y un poco mejor que la media española".

Ahora bien, entre 2019 y 2025, los precios de los servicios turísticos catalanes subieron un 14,3% más rápido que el IPC (el indicador que mide la evolución de los precios) general, según el INE. A esta divergencia hay que añadir que los productos más básicos, como la alimentación y la vivienda, son los que más se han encarecido, y también los que más protagonismo tienen en el gasto de los hogares con rentas más bajas. En consecuencia, estas familias notan más el aumento del coste de la vida. "Cada persona tiene un IPC diferente, depende de las necesidades de consumo", recuerda Reyner.

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Todas las familias tuvieron que destinar una porción mayor de sus ingresos a alimentación y vivienda en el año 2025 que el anterior: ahora bien, las rentas bajas dedicaron casi el 60% de las ganancias, mientras que los más ricos solo invirtieron entre el 43% y el 48%. En paralelo, las familias más humildes tuvieron que reducir más que el resto el gasto en transporte, restaurantes y alojamientos –tres de las principales partidas de la actividad turística–, a pesar de que todo el mundo tuvo que ajustarse el cinturón. "Las primeras cosas que caen de la cesta de la compra cuando la vida se encarece es el producto turístico", subraya Murray.

Un cambio en el modelo turístico?

Tal como avanzó el ARA, en la última década la oferta hotelera de alta gama ha ganado peso hasta ser mayoritaria, y ha pasado de representar el 47,41% al 56,93% de las camas. Desde 2015, el país ha perdido 18.332 plazas en establecimientos de hasta cuatro estrellas mientras que, en paralelo, ha sumado 43.494 en los de cuatro estrellas o más –de estos, sin embargo, no todos se consideran de lujo; solo una minoría—. El incremento neto de plazas hoteleras en los últimos diez años (25.162 camas nuevas) es la punta del iceberg de un movimiento de placas tectónicas más profundo, que muestra cómo Cataluña está consolidando gradualmente el cambio de modelo turístico tan anhelado por el sector y las administraciones.

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El catedrático de Esade y profesor de la escuela de negocios de la Universitat Pompeu Fabra (UPF-BSM) Josep-Francesc Valls defiende que "en los años setenta, en Cataluña, se pusieron precios turísticos demasiado baratos" porque dependían de los operadores europeos y que el vínculo directo con el visitante permite "crear mayores experiencias" a un precio superior. Asegura que Cataluña se está convirtiendo en "una de las destinaciones más competitivas e innovadoras" de Europa, precisamente porque atrae un porcentaje de clientes a quienes, por su lugar de origen, se atribuye más capacidad de gasto. En cambio, Murray alerta que "no hay suficientes ricos para todos" y que hay "una disputa entre territorios, a través de la intervención pública, para competir y ver quién se queda con más turistas", con políticas fiscales como el IVA reducido para la hostelería o la tasa turística.

¿Qué hacemos, cuando viajamos?

El descenso del total de turistas entre catalanes y extranjeros se ha notado en todo el territorio. Entre 2024 y 2025, la región de la Costa Dorada y las Tierras del Ebro es la que más visitantes ha perdido, un 12,67% menos; seguida por el entorno de Barcelona, un 11,47%; la Costa Brava, un 9,32%; Tierras de Lleida, un 9,38%, y, Pirineos y Valle de Arán, un 7,33%. La ciudad de Barcelona es la que mantiene más el nivel, pero, aun así, baja un 4,91%. Continúa superando los 12,3 millones de turistas anuales.

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Los viajes de los catalanes también se redujeron de manera generalizada en todo el país, especialmente en polos turísticos como Barcelona (-21,5%); Palafrugell (-32,4%); Torroella de Montgrí (-38,2%); Premià (-52,9%); Puigcerdà (-29,4%); Cambrils (-24,6%), y Salou (-10,6%) y Lloret de Mar (-9,9%). Ardèvol alerta que "la bajada del turismo interior en Cataluña no es solo un problema de falta de dinero: es una pérdida de vínculo afectivo de la ciudadanía" con su propio país.

Cuando hablamos de turismo, hacemos referencia al aventurero que se marcha lejos para conocer otras culturas, y al visitante de masas que solo busca una fotografía para colgar en Instagram, pero Ardèvol reclama "buscar otra palabra" para describir viajes como los de Josep Pla, Jacint Verdaguer y Josep Maria Espinàs. Después de haber dado la vuelta al mundo como corresponsal, Pla publicó una serie de obras sobre los paisajes y la forma de vivir en Cataluña. En La Costa Brava, Pla reivindicaba que el lugar "conserva todavía toda su gran belleza, su incentivo y su fascinación, intactos" y expresaba la voluntad de "mantener unos valores de realidad que todavía subsisten bajo esta voluminosa multitud humana" llevada, a su parecer, por el turismo.