200 euros de ayuda por hijo al mes: una buena propuesta
Por fin está sobre la mesa, y con un amplio consenso político y técnico, la propuesta de incluir una prestación universal para la crianza de sus hijos. Hoy la defiende en el ARA el presidente de la Mesa de Entidades del Tercer Sector Social de Cataluña, Xavier Trabado. Las entidades llevan tiempo avalando una medida de este tipo. Con esta iniciativa, que el gobierno español quiere incluir en los presupuestos del 2026 –habrá que ver si se aprueban–, las familias recibirían 200 euros al mes por cada menor de 18 años a cargo (2.400 euros al año por hijo). Diecinueve de los veintisiete países de la Unión Europa disponen de una asignación similar. ¿Es una buena idea? ¿Es socialmente justa? ¿Para qué sirve? ¿Funcionaría?
España y, especialmente, Cataluña tienen los índices más elevados de pobreza infantil de Europa. En concreto, los datos dicen que el 36,5 de los menores de edad que viven en Catalunya se encuentran en situación de pobreza, un porcentaje que en España es del 34,6%, sólo superado por Bulgaria. Uno de cada tres niños catalanes sufre situaciones de vulnerabilidad, es decir, problemas de vivienda, alimentación, pobreza energética, etc. Es una realidad enquistada que tiene muchos costes para la sociedad, tanto humanos como económicos: comporta, sobre todo, riesgos de salud y abandono escolar prematuro, o un nivel deficiente de seguimiento de los estudios (los malos resultados PISA están vinculados a ellos). Es un lastre que impide la cohesión social y el progreso colectivo. Y que acaba revirtiendo en ineficaces y recurrentes gastos sociales para hacer frente a situaciones límite.
Aparte de generar demagógicas acusaciones de pagueta por parte de la ultraderecha, las ayudas ad hoc, contra los tópicos falsos y malintencionados, no son en ningún caso un colador, al contrario. En el caso del complemento de ayuda para la infancia (CAPI) del Estado, por ejemplo, casi el 80% de las familias que tendrían derecho a él no lo cobran por desconocimiento o por burocracia. En realidad, una ayuda universal, que de entrada podría parecer injusta porque beneficia también a familias acomodadas que quizás no la necesitan, en la práctica es eficaz, porque se da automáticamente a todas las familias sin necesidad de solicitarla. Así se consigue que llegue a quien debe llegar. De paso, también es una medida en favor de la natalidad. Cabe recordar que, de nuevo, Cataluña y España están en mínimos históricos, y en la cola mundial en nacimientos.
El Comité de Derechos de la Infancia de la ONU defiende las ayudas universales contra la pobreza infantil, y las recomienda especialmente para España. No es tanto una apuesta ideológica como una estrategia práctica para incidir de verdad en el problema. De todas formas, se encuadra en la misma línea política que la gratuidad universal de la sanidad o la educación, que también llega a todo el mundo independientemente de los ingresos familiares. La igualación redistributiva se busca por la vía de un modelo fiscal progresivo. En este sentido, para cubrir el coste que tendría esta aportación de 200 euros por hijo al mes (supondría en torno a un 1% del PIB), el ejecutivo español quiere crear un impuesto a las grandes fortunas que grave con un 2% anual los patrimonios superiores a los 100 millones de euros.