¿Más electrificación y menos renovables?
El ministerio de Industria ha presentado este martes un programa de subvenciones para incentivar la eficiencia energética de los sectores industriales (600 millones de euros de ayudas) y promover el coche eléctrico (400 millones de ayudas, vía la convocatoria Autoplus). El objetivo es que la reindustrialización vaya de la mano de la transición energética. Según datos del último mes, la venta de vehículos electrificados en el Estado supuso un 23% del total. Todas las subvenciones, tanto a coches como a empresas, serán retroactivas al 1 de enero. Y para acreditar las ayudas a la descarbonización de la industria, se podrán validar actuaciones de los últimos tres años. Medidas como estas las están llevando a cabo todos los estados europeos. Nadie quiere quedarse atrás.
En España y en el conjunto de Europa, la electrificación industrial avanza, igual que lo hace la producción de energías renovables. Es una exigencia comunitaria estratégica enmarcada en la lucha contra el cambio climático, pero también en el contexto del fuerte avance de China en este doble terreno. ¿Y qué pasa en Cataluña? Por supuesto, también aspira a situarse en esta dinámica, pero de momento no se sale. Ni los gobiernos anteriores ni el actual están consiguiendo romper una dinámica inmovilista en cuanto a la producción de renovables.
Los datos del 2025 marcan un retroceso difícil de digerir. Es una anomalía grave. ¿Cómo puede ser que Cataluña, un país con tanto sol y viento, no avance en producción de energía fotovoltaica y eólica? ¿Por qué la fuente hidráulica –fruto en buena parte de los pantanos franquistas– es todavía la más productiva cuando no hay sequía? ¿Por qué seguimos siendo tan dependientes de las envejecidas centrales nucleares? ¿Por qué en 2025 hemos importado más energía de la que hemos producido con las renovables? A escala europea, en energías renovables estamos a la cola, solo por delante de Chequia. La parte de la demanda satisfecha con electricidad proveniente de las renovables ha pasado aquí en un año –del 2024 al 2025– del 16,2% al 15,3% del total. En la Unión Europea, las renovables representan aproximadamente el 25% del consumo total de energía.
Y mientras esto pasa, las renovables se disparan en territorios vecinos como Aragón: el 83% del total generado. Para 2030, los objetivos fijados por la UE sitúan la cuota del consumo final en el 42,5%. La aspiración para 2050 es la plena neutralidad en carbono mediante un sistema eléctrico libre de emisiones y basado mayoritariamente en fuentes limpias. En Cataluña estamos muy lejos. Y en lugar de acercarnos, nos alejamos. Ahora mismo, parece imposible llegar. Deberíamos estar actuando con sentido de urgencia, con la concertación entre sectores productivos, empresas energéticas, administración y grupos ecologistas. ¿Por qué no se han tejido complicidades entre los cuatro sectores?
La realidad es que las dificultades administrativas, sumadas a los movimientos opositores territoriales, a menudo con una alianza atípica de sector turístico, campesinado y movimientos ecologistas locales, están obstaculizando la implantación de parques eólicos y solares. La filosofía nimby (not in my back yard, no en mi patio) está ganando la batalla. Cataluña está perdiendo el tren de las renovables.