La guerra híbrida contra la UE es una realidad

Aunque muchos países del Este ya habían acusado a Rusia de practicar lo que se denomina "guerra híbrida" contra ellos, ahora ha sido Alemania quien ha acusado directamente a Moscú de estar detrás del incidente de principios de agosto en el aeropuerto de Leipzig, cuando un dron cargado de explosivos impactó contra un avión ucraniano sin llegar a explotar. Un mes después, la investigación de las autoridades alemanas llega a esta conclusión tras analizar la operativa y las características del dron. En agosto, el ministro de Defensa alemán, Alexander Dobrindt, ya fue muy claro al afirmar: "Somos el objetivo diario de la guerra híbrida".

El 13 de julio Francia atribuyó una campaña de ciberespionaje al FSB, los servicios secretos rusos, e incluso reveló el nombre en clave que tiene el departamento responsable: Unidad 61240. El ministerio de Exteriores francés llamó a consultas al embajador ruso en París mientras el Elíseo hacía un llamamiento a todos los socios europeos a prepararse para hacer frente a todos estos ataques de guerra híbrida. Este lunes, el presidente español, Pedro Sánchez, atribuyó a "foros digitales" de Rusia e Israel la amplificación de noticias sobre la entrada masiva en Ceuta con una clara intencionalidad desestabilizadora. Y si vamos más atrás, en el año 2017 una investigación de la CIA dictaminó que había habido una injerencia rusa durante la campaña presidencial de 2016 que favoreció la candidatura de Donald Trump y perjudicó la de Hillary Clinton.

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En el caso europeo es muy fácil saber cuáles son los objetivos del Kremlin. Vladímir Putin busca debilitar el proyecto de la Unión Europea, a la que percibe como una amenaza existencial para los valores que representa, y su estrategia pasa por hacer crecer el descontentamiento y la desconfianza de los ciudadanos hacia sus instituciones y favorecer electoralmente a fuerzas de extrema derecha, que son por definición nacionalistas y antieuropeístas. La tesis de Moscú es muy sencilla: una UE dividida siempre será mucho menos poderosa y más fácil de manipular.

Y lo cierto es que hasta ahora parece que Rusia está teniendo bastante éxito en su estrategia. La Unión Europea no ha sido capaz de dar una respuesta coordinada a crisis como la de Ceuta, y países como Italia han restablecido los controles migratorios como antes había hecho la misma Alemania. La influencia de la extrema derecha no hace más que crecer, y arrastra a los partidos conservadores tradicionales e incluso a algunas izquierdas como la danesa hacia su discurso antiinmigración. También es cierto que han sufrido derrotas, como la debacle de Viktor Orbán en Hungría, pero Putin sabe que la gran batalla que puede decidir el futuro de la UE serán las elecciones presidenciales francesas del año que viene, en las que Marine Le Pen es la favorita. Por eso Europa –los gobiernos de los estados y también el de la UE– debe dejar de ir con el lirio en la mano y afrontar una realidad incómoda: hay una guerra no declarada y no convencional con Rusia en la que se juega su futuro.