Orbán, el enemigo interior de Europa
La UE vive momentos difíciles, con dos enemigos poderosos que le hacen la pinza y que intentan minar su autonomía en todos los ámbitos. Uno es la Rusia de Vladimir Putin, que desde la invasión de Ucrania no ha parado de amenazar incluso militarmente al espacio europeo. El otro son Trump y su administración, que no han parado de despreciarla y amenazarla económicamente e incluso militarmente a pesar de ser aliados históricos. Y, por si fuera poco, están los enemigos interiores, cuyo principal es, y eso no es demasiada sorpresa, Viktor Orbán, el primer ministro húngaro, que no ha parado de poner bastones en las ruedas en las iniciativas comunitarias, especialmente las relacionadas con el apoyo europeo a la Ucrania de Volodímir Zelenski.
Podría parecer, pues, que hay poco nuevo en la información publicada este fin de semana por el diario estadounidense The Washington Post sobre los lazos de Orbán con Putin. Pero sí. Lo que relata el diario es de una gravedad extrema. Explica que el ministro de Relaciones Exteriores y Comercio de Hungría, Péter Szijjártó, pasaba información a su homólogo ruso, Sergei Lavrov, a los remansos de las reuniones a puerta cerrada de la UE para que conociera al momento no sólo lo que se estaba debatiendo sino las diversas posiciones y planteamientos que existían. Sin contar, además, según el diario estadounidense, que había dado acceso a hackers rusos en los servidores de su ministerio, lo que permitía que tuvieran acceso también a información del todo privilegiada y secreta. Naturalmente, la UE ha pedido explicaciones por esa traición a Budapest, que de momento lo niega todo. Pero el primer ministro polaco, Donald Tusk, está tan convencido de que en un tuit ha dicho que esta era la razón por la que él prácticamente no hablaba de nada relevante en las reuniones si estaban los representantes húngaros.
Hungría celebra elecciones el 12 de abril y las encuestas no benefician a Orbán, que podría perder el gobierno en manos del también conservador Péter Magyar. Sus aliados, por supuesto, se han movilizado. Según el Washington Post, los servicios secretos rusos proponían que se hiciera un falso atentado contra Orbán que, como ocurrió en el caso de Trump, le permitiera darle la vuelta a las encuestas y volver a ganar la simpatía del electorado. Por otra parte, Estados Unidos también ve a Orbán como su principal aliado en Europa y le apoya todo, tanto personalmente a través de Donald Trump, que ha hecho vídeos explícitos, como por parte de los altos cargos de su administración, como Marco Rubio, secretario de Estado, que viajó personalmente a Budapest para apoyar a "uno de los nuestros". Ayer se celebró en Budapest una cumbre del grupo Patriotes por Europa, que lidera Santiago Abascal y que cuenta con el apoyo de Marine Le Pen y Matteo Salvini, para apoyar también a Orbán. La campaña mediática y en las redes que habrá desde ahora hasta el 12 de abril para dar la vuelta a las encuestas –o para impugnar los resultados si Orbán pierde– será fuerte y difícil de combatir. Carme Colomina explicaba el otro día que el futuro inmediato de Europa posiblemente se juegue este abril en Budapest. Por eso las acciones contra esta traición deben ser contundentes y es necesario ir pensando con la máxima urgencia la reforma de la UE para evitar que personajes como Orbán la puedan boicotear desde el interior. Y corre prisa.