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Avanzando juntos en la educación integral de los niños y jóvenes

Hoy en día, educar se convierte en una misión compartida entre familias y escuela para preparar a niños y jóvenes para un futuro incierto con valores, sentido y compromiso.

La escuela Meritxell de Mataró
Redacció
10/02/2026
2 min

La educación de niños y jóvenes ha sido siempre un reto de la humanidad. Nuestros ancestros velaban para que los más pequeños adquirieran el grado de instrucción necesario para ser útiles al clan, así como el grado de autonomía adecuado para autoprotegerse, proteger a los demás y aportar al grupo. Desde entonces ha pasado mucho tiempo y la historia nos ha enseñado que ha habido épocas oscuras en las que la crianza y la instrucción de los niños no ha sido –digamos– éticamente justa.

Educar en tiempo de incertidumbre: un reto compartido

Hoy, los herederos de una historia y una tradición milenarias nos enfrentamos a retos del todo desconocidos tanto a nivel social como tecnológico o incluso cultural. El ser humano vive hoy uno de los momentos probablemente más inciertos que le ha tocado vivir desde la irrupción de los sepias. Y en este contexto de inseguridad, volatilidad y cuestionamiento moral, nos preguntamos cómo debe ser el modelo de crianza y educativo de nuestros niños. ¿Para qué tipo de futuro debemos prepararlos? ¿Dónde debemos centrar los esfuerzos para que adquieran el grado de autonomía necesario para prosperar y ser felices en este futuro ignoto al que nos dirigimos? Son preguntas que no sabemos responder por completo con seguridad. Pero esto, que ha sido muy bien definido por los sociólogos y estudiosos pertinentes, no debe detenernos en nuestra labor educativa. Una educación integral no puede ser uniforme ni estática. Necesita estar viva y estar conectada con la realidad cambiante que nos rodea y capaz de adaptarse a las necesidades de cada alumno. Esto implica escucharlos, observarlos y entender que cada uno lleva un ritmo propio y unas inquietudes únicas. El aprendizaje, cuando es significativo, despierta el interés y se convierte en una herramienta de empoderamiento. Por eso, en las escuelas debemos crear entornos seguros y estimulantes donde niños y jóvenes puedan desarrollar sus potencialidades con libertad y responsabilidad.

La comunidad educativa como motor de cambio

Sean cuales sean los retos que presentará el futuro de nuestros niños y jóvenes, el rol que debemos jugar los adultos que les acompañaremos en este tráfico sí debe estar claro y bien definido. Familias y escuela debemos concordarnos para actuar de manera unitaria, comprometida y responsable acompañando el camino que deben recorrer, trabajando juntos para ayudarles a construir unos cimientos éticos sólidos, rellenos de valores, que les servirán de base para afrontar sean cuales sean los envites que encontrarán en su experiencia vital. La escuela no puede ni debe ser una isla. Es un agente clave en la comunidad y, como tal, debe promover la participación activa y el compromiso social de todos los que forman parte de su comunidad. La construcción de un mundo mejor comienza en las aulas, pero se expande cuando lo que se aprende se pone al servicio de los demás. A través de proyectos solidarios, actividades colaborativas y experiencias reales en las que participan las familias, el equipo docente y los alumnos, la educación se convierte en motor de transformación social.

Familias y escuela tenemos el desafío más importante de la humanidad: ¡avanzar juntos en la educación integral de nuestros niños y jóvenes!

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