Hay varias cosas que tener en cuenta si alguien está pensando en hacerse un tatuaje paramédico. La primera es que al igual que ocurre con el resto de tatuajes, es reversible. Eso sí, hay que tener en cuenta que el color más agradecido por eliminar de la piel es el negro, precisamente el menos utilizado en paramédico, que echa más por tonos blancos y amarillos. De todas formas, no es una disciplina que pida mucha cantidad de color, lo que le hace fácil sacar si alguien lo quiere. Tanto Arantxa como Cristina estuvieron dos sesiones de trabajo. En la primera, se lo hizo en una zona prácticamente insensibilizada, por lo que la mujer sólo sintió "cierta molestia". En el otro caso, directamente lo recuerda como "una horita muy relajante".
«Con 58 años y una operación de pecho, me he atrevido a hacer topless»: así son los tatuajes paramédicos
Visitamos un estudio de Barcelona en el que utilizan esta técnica que tiene el objetivo de disimular lesiones y marcas en la piel


"Por fin puedo ir a la piscina pública y cambiarme al vestuario sin temor a que la gente me mire y me vea como algo raro". La Arantxa reconoce que después de haber pasado una mastectomía radical lateral, fruto de una intervención a causa de un cáncer de pecho, se sentía "como un extraterrestre al que le falta algo". Navegando por Instagram, descubrió a una tatuadora paramédica que le cambió la vida. "Estoy encantada con el resultado. No solo volvería a hacerlo, sino que lo he recomendado a una amiga que estaba en un caso similar al mío", explica. Residente en Madrid, Arantxa es una de las personas que se han decidido a hacerse un tatuaje paramédico, una acción que le ha mejorado ostensiblemente el día a día.
El tatuaje paramédico se aleja de lo que generalmente viene a la cabeza cuando uno piensa en un tatuaje común: éste no tiene ningún tipo de intención artística, sino que se hace con el objetivo de tapar alguna problemática surgida dentro de un ámbito médico. Sea debido a una enfermedad o por una operación, una intervención de estas características se aplica cuando alguna parte del cuerpo se ha visto afectada y el paciente quiere cambiarla. En estos casos, la finalidad de los tatuadores paramédicos es restaurar la parte implicada con tinta. Según explican los especialistas, es como realizar un dibujo que no quiere lucir. Al contrario, lo que quiere es pasar desapercibido: "Lo que hacemos es un tatuaje que pretende no parecer un tatuaje", explica Isa Cercós, tatuadora con un estudio en el barrio de Sant Gervasi y la persona que tatuó a Arantxa.
Uno de los trabajos más pedidos, y que además es la gran especialidad de Cercós, tiene que ver con el pecho, una zona que, según el especialista, es muy agradecida por trabajar a causa del cambio del color y textura de la areola. Otros casos que se encuentra son la cicatriz resultante de la abdominoplastia –cicatrices largas y extensas que necesitan cicatrizar bien– o un ombligo. "Mi trabajo es hacer un engaña-ojo: puedo hacer ver que hay un ombligo cuando no hay un ombligo, o un pezón cuando no está", explica. Paradójicamente, lo que hace excelente, o no, el trabajo de un tatuador de este estilo es todo lo contrario que el de uno corriente: su trabajo estará mejor hecho cuanto menos se note que está ahí.
Cristina Andreu es otra persona que se ha hecho un tatuaje de estas características. En su caso, para camuflar cicatrices periareolares, que son las que quedan en torno a la areola tras una operación en el pecho. La mujer recuerda cómo, año y medio después de la intervención quirúrgica mamaria, por la que la coloración de los pezones era visiblemente muy clarita y se veía parte de la cicatriz, decidió dar el paso a pasar por un estudio. "Mi cirujano me comentó que podía tatuarme los pezones para disimular las cicatrices. Entonces busqué tatuadores", explica. Ella también acabó en este local de Sant Gervasi: "Me contaron de forma comprensible, honesta y clara lo que hacían. Luego envié unas fotos y pedí la cita", recuerda.
Un volumen bastante alto de la clientela, cerca del 60%, deciden hacerse un tatuaje paramédico después de intervenciones quirúrgicas que, por lo que sea, no han ido bien o han quedado con cicatrices no deseadas. El resto, en cambio, lo que quieren es mejorar algo que no les acaba de agradar. En estos casos, también han entrado en quirófano, pero aunque todo haya ido bien, piensan que pueden estar mejor. "La gente que busca este tipo de servicios lo que quiere es volver al origen, volver a verse de forma natural", dice Cercós, que empezó a realizar este trabajo casi por casualidad. Licenciada en bellas artes, en un año sabático decidiendo qué es lo que quería hacer con su vida, acabó apuntándose a tatuaje, aunque siempre le habían dado pánico las agujas. Poco después ya estaba haciendo tatuajes en la consulta de su padre, médico, y de esa relación entre el arte y el estar cerca de pacientes por razones estéticas, salió la profesión.
Una relación especial
Un tatuador de este estilo tiene una relación con el cliente bastante diferente a la que se tiene cuando existe un tatuaje artístico, ya que en muchos casos se trabaja con los complejos de sus clientes: estar fuera de norma puede generar inseguridades, sobre todo cuando no es decidido sino debido a una intervención, y más cuando no es deseada. De ahí que la relación que se establece entre tatuador y tatuado sea muy especial: "La mayoría de los clientes lo que quieren es sentirse que están en el canon, que son lo menos distinto posible del resto", explica Cercós. En el caso de Arantxa, asegura que hacerse este tatuaje ha provocado que, cuando se mira, no sienta "ese dolor constante de pensar que falta algo". Sin embargo, también hay clientela que pide tatuajes artísticos para disimular cicatrices. En estos casos, el procedimiento no es muy diferente a uno convencional, que sale a partir de una conversación entre tatuador y tatuado sobre lo que quiere el cliente. Otro caso sería el hecho de hacerse uno artístico en según qué zonas donde es realmente difícil disimular el color a partir de la cicatriz. En este caso, ya no se busca la naturalidad, sino realizar algún dibujo que haga más atractiva la zona.
Según comenta el especialista, la gente suele visitarla con miedo, sobre todo porque hay bastantes clientes que acaban en un estudio de tatuajes después de haber probado otras cosas que no han terminado de funcionar. La tatuadora explica que deben tener claro que "hay cosas que quizás piensan que no tienen solución, y sí que tienen". O por lo menos se puede hacer algo para llevarlo mejor de lo que lo traen. "Para las que hemos sufrido este tipo de cirugías, muy agresivas y psicológicamente muy traumáticas, trabajos como éste nos han ayudado muchísimo a hacernos volver a sentir bien. En mi caso incluso me he atrevido a hacer topless con 58 años. Yo que nunca, ni jovencita, lo había hecho. Estoy contentísima y feliz", dice Cristina Andreu.