Desmontando el amor romántico: el amor no lo puede todo

Espero no estropear el día de nadie con esta afirmación, pero no, el amor no lo puede todo.

Nos han vendido este amor Disney en el que, simplemente queriéndose, bastaba. Porque si la persona es “la persona”, todo funcionará. Y, aún más, tendremos que aguantar lo que haga falta porque nos queremos.

Pero la realidad es un poco más compleja. Evidentemente, el amor es una fuerza muy potente que nos impulsa a cuidar, a construir y a comprometernos. Pero no es una fuerza sobrenatural que esté por encima de todas las cosas. Sobre todo cuando estas cosas son tan grandes como la distancia, el perdón, la decepción, la incompatibilidad de valores, las diferencias en el modelo relacional, la manera de entender la convivencia, los estilos de vida, los proyectos de futuro o un largo etcétera. 

Cargando
No hay anuncios

Porque querer a alguien no implica necesariamente avanzar en un mismo camino con aquella persona. Podemos querer profundamente a alguien y, al mismo tiempo, darnos cuenta de que queremos cosas diferentes. Podemos querernos y tener ritmos vitales incompatibles. Podemos querernos y no compartir los mismos objetivos. Podemos querernos, pero saber que aquella persona no es lo que queremos o necesitamos. Y reconocer esto no convierte aquella relación en un fracaso.

De hecho, una de las ideas más dolorosas –y al mismo tiempo más liberadoras– que podemos aprender es que el amor, por sí solo, no sostiene una relación. Además del amor, hacen falta acuerdos, comunicación, admiración, compatibilidad, voluntad de construir conjuntamente y, sobre todo, una dirección compartida.

Cargando
No hay anuncios

Y entender esto es también una manera madura de entender el amor: no como una magia que lo resuelve todo, sino como una parte importante –pero no la única– de aquello que hace que una relación funcione. Porque el amor es una condición necesaria para una relación, pero no una condición suficiente.