Beti Badia

El mito del himen que nadie te ha explicado

Durante años nos han presentado el himen como si fuera una especie de “precinto” que tapa la vagina y se rompe con la primera penetración. Una imagen que ha alimentado mitos, miedos e incluso formas de control sobre la sexualidad de muchas mujeres. Pero la realidad anatómica es bastante diferente.

El himen no es una membrana gruesa situada en el interior de la vagina. Es un tejido flexible que se encuentra en la entrada vaginal y que, en la mayoría de los casos, tiene forma de anillo o de media luna, con una abertura en el centro por donde pasan fluidos como la menstruación. De hecho, es visible a simple vista si se observa la vulva con un espejo.

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Además, no existe un único tipo de himen. Los hay de muchas formas, grosores y tamaños. Algunas personas casi no tienen, mientras que en otras es más visible. Cada cuerpo es diferente, y el himen también.

Otro mito muy extendido es que el himen “se rompe” con la primera relación sexual con penetración y provoca sangrado. Pero esto no siempre ocurre. El himen es elástico y a menudo simplemente cambia de forma con el tiempo. Puede modificarse haciendo deporte, utilizando tampones o copa menstrual, masturbándose… o sin ningún motivo concreto. 

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Por eso, el estado del himen no es ninguna prueba de virginidad. Entre otras cosas, porque la virginidad no es una condición física, sino un concepto cultural cargado de expectativas y significados sociales.

Del mismo modo, esto ha sido uno de los ingredientes clave para perpetuar el coitocentrismo, lo que nos recuerda que conocer el propio cuerpo es una herramienta poderosa contra la desinformación.