Monogamia: ¿elección o inercia?

La gran pregunta de primer de psicología es: el comportamiento humano se da por genética o por contexto? La respuesta es, básicamente, que un poco de las dos, así que os acabo de ahorrar cuatro años de carrera. 

Si lo aplicamos a la monogamia, las cosas son un poco diferentes. Podemos observar que en el reino animal es más bien una excepción que una norma. Más allá de algunas especies –los pingüinos se han llevado toda la fama–, las formas de vincularse son extraordinariamente diversas. Los humanos tampoco escapamos de esta diversidad, aunque a menudo actuamos como si solo existiera una manera correcta de amar.

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Y aquí es donde creo que vale la pena detenerse. Porque decir que la monogamia es una construcción o pacto social, no es decir que sea mala, anticuada o menos válida. El problema aparece cuando no escogemos. Cuando simplemente tiramos con piloto automático.

Conoces a alguien, os enamoráis, "cerráis" la relación, vais a vivir juntos, adoptáis un perro, os casáis, tenéis hijos y, si todo va bien, coméis perdices. Es una escala que parece venir de serie. 

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Con todo esto lo que quiero decir es que la monogamia muchas veces se da por inercia y no nos paramos a pensar si es lo que realmente queremos. Por comodidad, por desconocimiento, por miedo, o por herencia cultural. Cuando en una relación tenemos “la conversación”, no se debe quedar solo en si somos pareja o no, sino de qué manera lo somos o lo queremos ser. Y quizás con algunas personas querrás monogamia y con otras no, escúchalo, elige. Porque todos tenemos derecho a escoger de qué manera queremos amar.