Todos los famosos de la Maricarmen
La causa de la vivienda ha conseguido mucha adhesión los últimos días por parte de ciertos tipos de famosos, pero muy poca por parte de otros: los 'influencers'
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BarcelonaTradicionalmente, los artistas que se ganaban la vida dando conciertos en las fiestas mayores de los pueblos tendían a morderse la lengua en cuestiones políticas. Significarse públicamente les podía comportar que algunos alcaldes y alcaldesas vengativos no les contratasen para las fiestas de los pueblos en los que gobernaban y eso les podía perjudicar mucho. Es por eso que en una España en la que la oferta musical es mucha, el mercado es limitado y los ayuntamientos son agentes de contratación muy importantes resulte tan habitual que los artistas –salvo algunas excepciones...– hayan sido siempre muy discretos políticamente.
Esto les ha pasado y les pasa especialmente a los más famosos, que son los que tienen más impacto mediático cuando se pronuncian sobre cuestiones políticas. Es por eso que su silencio es especialmente doloroso: son el referente de mucha gente –que les escucha más que a los sociólogos o politólogos...– y lo que ellos dijeran tendría un impacto mucho mayor. Pero aun teniendo más capacidad de resistir que otros artistas más pequeños, en su caso la venganza podría ser doble, ya que además de perder los contratos de algunos consistorios también podrían perder oportunidades con televisiones públicas de aquí, de allá o de todas partes durante periodos prolongados según quién las gobierne. En épocas de baja actividad, concursar en Masterchef, ser jurado de no sé qué talent show o hacer el concierto televisado de Fin de Año es una buena dosis extra de oxígeno para capear el temporal.
Sin embargo, que se contrate o se deje de contratar a profesionales no por su talento sino por lo que piensan es una triste realidad contra la que algunas contadísimas personalidades pueden luchar. Por ejemplo, los que se ganan la vida en el extranjero. Un ejemplo muy evidente es Pedro Almodóvar, que con un patrimonio ya más que consolidado e ingresando dinero de todo el mundo con sus producciones no es tan vulnerable a los posibles boicots en casa. Si bien son valiosísimas sus habituales manifestaciones a favor de colectivos más desfavorecidos, está claro que las puede hacer desde una calma que muchos otros de su gremio no tienen. De la misma manera que se puede argumentar esto, se debe reconocer también que el director manchego nunca se ha cortado mucho a la hora de posicionarse contra intereses de personas poderosas.
En todos los escenarios
El caso del desahucio de la anciana madrileña Maricarmen Abascal, sin embargo, ha sacado de casa a muchas más personas conocidas de las que se podía esperar, ya que ante injusticias similares a esta, a muchos de los que ahora se han posicionado públicamente en contra de la especulación inmobiliaria no se les recuerda ninguna aportación. Ya sea por el dispositivo antidesahucio que el Sindicato de Inquilinas de Madrid montó en la puerta de su bloque o por la posterior acampada de la Puerta del Sol para presionar a los partidos políticos y que se apruebe el decreto que lleva el nombre de la octogenaria, el rastro de caras conocidas que se han dejado ver es muy amplio.
Los cantantes Rozalén e Ismael Serrano, los actores Alberto San Juan y Juan Diego Botto y el humorista Facu Díaz son algunos de los nombres que se han sumado a esta causa. También el cómico Ignatius Farray y el cantautor y poeta Marwan se han solidarizado con ella y con lo que simboliza, cosa que también han hecho el actor Carlos Bardem, el realizador Sergio Peris-Mencheta, la comunicadora Samantha Hudson, la actriz Aitana Sánchez-Gijón, el actor Daniel Guzmán y las presentadoras Inés Hernand y Alba Carrillo. El cantautor badalonés Miguel Poveda, el futbolista Borja Iglesias y el grupo musical Amaral también han dicho la suya, aunque no haya sido presencialmente. Todos ellos al rebufo, como siempre, de una incombustible Ana Belén, que les lleva décadas de ventaja en este sentido y que fue de las primeras que acudió a apoyar a Maricarmen a la puerta de su casa.
Amaia de España
También destaca la aportación de la cantante Amaia Romero, que en la entrega de los Premios Vanguardia esta semana ha destacado bastante por encima del resto. Cuando subió a recoger su galardón, la artista navarra entregó al presidente del gobierno español una tarjeta en la que había escritas dos palabras: Decreto Maricarmen. Esto dio mucha proyección a la causa y eclipsó en cierta manera el reconocimiento que se estaba haciendo a la artista. Pero a Romero esto no le importó nada, cosa que pocos habrían querido que sucediera si el premio hubiera sido para ellos.
Todos juntos, estos famosos representan un buen grueso de caras conocidas de toda índole que en pocas ocasiones se pueden ver dando apoyo en público a ninguna causa. Pero es cierto que en este mejunje de famosos faltan los de la última hornada: los influencers, los que más impacto tienen entre los jóvenes, que son los más afectados por el problema de la vivienda.
Por decirlo elegantemente, ha sido lamentable la timidez con la que se han acercado a este clamor popular los millonarios perfiles de las redes sociales. Los referentes de los más jóvenes en Instagram y en TikTok no han encontrado el momento para hacer su aportación –pequeñísima en comparación al privilegio en el que viven– a esta causa. Suponemos que principalmente ha sido porque ellos ganan tanto dinero desde tan pronto que cuando llegan a la edad de tener un problema habitacional ya tienen el piso comprado y, quizás muchas veces también pagado. De hecho, tanto es así que algunos a veces aprovechan para crear contenido con las segundas residencias que adquieren o, en los casos de mayor insensibilidad, explicando incluso el buen negocio que tienen previsto hacer con ellas.
Desviar la mirada
Y esto no significa que los jóvenes que trabajan de influencers sean miopes y no vean el mundo que les rodea. Al contrario, son muy conscientes de ello, ya que todas las personas que forman parte de sus equipos y sus amigos reales tienen los mismos problemas que el grueso de la sociedad. Pero es cierto que si los famosos de antes –los artistas– podían vivir de sus espectáculos si contaban con el apoyo del público a pesar de eventuales boicots, los influenciadores no. Por más que la gente que les sigue aplaudiera su contenido abiertamente político si lo hicieran, su actividad económica está directamente vinculada a las campañas publicitarias que cuelgan en sus redes. Es por eso que son mucho más vulnerables a las presiones del poder económico, y es por eso que son tan cautos. No es, sin embargo, que esto justifique silencios que resultan clamorosos, porque se entiende que en unos mínimos sí que se deberían poder mojar. Especialmente en causas tan básicas.
En la medida en que ellos callan, enseñan a los jóvenes que les idolatran que callar es una opción válida ante ciertas injusticias. Algo que las generaciones que idolatraban artistas nunca aprendieron de sus ídolos. Mientras esto siga pasando, algunos intereses que no son los de las clases populares van abriéndose camino más cómodamente que nunca. Por ahora este modelo se mantiene en pie, pero al ritmo que avanza la precarización de todo, estos silencios no serán tolerados por parte de los jóvenes, que verán cómo todos sus likes a determinadas figuras de internet nunca se traducen en un poco de empatía de vuelta.