Gente caminando hacia la estación de Iganmu, una de las estaciones de la nueva Línea Azul del metro de Lagos.
15/08/2026 - 18:57 h.
3 min

No importa el rincón de África donde estés. Tanto si estás en un pequeño pueblo a las afueras de Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, en una capital provincial guineana o en una gran ciudad como Lagos, en Nigeria, siempre encontrarás una figura repetida: un producto, un proyecto o una gran infraestructura hecha en China. El gigante asiático se presenta a los africanos con una narrativa muy efectiva: durante el siglo XIX, ellos también sufrieron los efectos de la dominación extranjera, y ahora se han convertido en una potencia mundial siguiendo su propio camino, ignorando las críticas de los países que antes les habían dominado. Si los africanos se unen a China, serán capaces de recorrer el mismo camino hacia un nuevo orden global, rompiendo el monopolio del poder occidental. Sobre el terreno, esto se traduce en la construcción de carreteras, hospitales, escuelas y aeropuertos, inversiones estructurales para garantizar la movilidad y el futuro del continente.No todo es idílico. En todo el continente, trabajadores africanos de empresas chinas denuncian casos de explotación laboral, y en los casos más graves los han acusado de actuar como nuevos colonizadores. La extracción de recursos ha generado contaminación de ríos y bosques, escasez de pescado y aumento de precios de la comida, mientras una parte de la oferta disponible es empaquetada y vendida a China. Las relaciones comerciales con China no dejan de tener las mismas contradicciones que la globalización genera en todas partes.Mientras la guerra comercial entre los Estados Unidos y China ocupa la mayoría de titulares, otra realidad ha quedado oculta: el 2025 fue el año en que el déficit comercial de África con China batió su récord histórico. 100.000 millones de dólares, un 61% más que el año anterior. Por ahora, África vende sobre todo materias primas sin procesar, y China vende productos manufacturados y maquinaria. Es un patrón comercial que no resuelve los problemas estructurales del continente africano, y tanto en las capitales africanas como en Pekín son conscientes de ello.La revolución de las cadenas de valor

“Hoy en día, países como Zimbabue, Namibia, Mozambique, Ghana y Guinea están desmantelando este sistema: prohibiendo la exportación de materias primas y haciendo cumplir las normas de transformación local”, escribía esta semana el periodista keniano Jevans Nyabiage en el South China Morning Post. La importancia de los llamados minerales críticos ha generado un pequeño margen de negociación para los africanos. Conscientes de la escasez de estos recursos, los países africanos atraen inversiones chinas para transformar sus minerales. Saltar de la venta de litio sin procesar a la primera fase de la refinación implica que, por kilo, Zimbabue pueda ganar entre 3 y 5 veces más. Los inversores chinos responden positivamente a estas peticiones: es una forma de abaratar costes de su propia cadena de valor.La compra de tecnología china ligada a las energías renovables también se ha disparado durante los últimos cuatro años. La energía es la condición imprescindible para alcanzar la industrialización. El paquete conjunto de energía y transferencia tecnológica es, para los africanos, una rendija a través de la cual poder acceder a la industrialización. El último año y medio ha constatado las diferencias, desde la perspectiva africana, entre los bloques hegemónicos de la economía global. Los Estados Unidos aumentan aranceles y reducen la ayuda al desarrollo; Europa también reduce esta ayuda –con menos titulares de alarma– y prioriza el control migratorio. China hace años que facilita la entrada de estudiantes africanos a sus universidades, y ha abierto de par en par las puertas a sus productos: desde mayo de este año, 53 países africanos pueden vender sin aranceles a China. Pese a las contradicciones, en muchos lugares de África ven a China como un socio fiable que les permitirá cambiar sus condiciones de vida, y algunos países están dispuestos a intentarlo.

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