La incierta transición hacia la democracia en Venezuela

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, en un acto con familiares de los militares venezolanos y cubanos fallecidos durante el ataque de EEUU a Venezuela el pasado 3 de enero
Hugo Prieto
13/01/2026
4 min

No se habían enfriado todavía las cenizas de la destrucción que dejó en Venezuela el ataque militar estadounidense que ya empezamos a oír hablar de una posible transición hacia la democracia. Hemos oído estas palabras tantas veces que se han convertido en una letanía, especialmente a partir de 2013, el año que Nicolás Maduro reemplazó a Hugo Chávez como presidente de Venezuela. No debería sorprendernos. Las élites del país no han podido resolver la crisis política que se profundizó a partir del 2004, año en el que la reforma constitucional, impulsada por Chávez como eje de su proyecto político, naufragó en las urnas.

Muy pocos repararon en que al dejar el chavismo al frente del gobierno y del control territorial, el presidente Donald Trump anulaba o minimizaba el papel que podía tener la oposición en una hipotética transición. Un proceso que parece incierto, porque las piezas para que cristalice no están completas, ni mucho menos. Maryhen Jiménez, doctora en ciencias políticas por la Universidad de Oxford, recuerda que los sectores de oposición en Venezuela se empeñaron en sacar a Hugo Chávez del poder, por distintas vías, legales o no, sin éxito. El chavismo demostró una gran capacidad para mantenerse en el poder. Es probable que la administración Trump haya llegado a la conclusión de que el cambio político no depende exclusivamente de una intervención militar o de la sustitución fast track del ejecutivo (de la persona a cargo de la presidencia), sino de una reconfiguración más compleja de equilibrios internos que incluya a actores del sistema.

Tengamos en cuenta que las transiciones, en buena parte, son procesos monitorizados ya veces vigilados. El caso más emblemático es el de Chile, donde el dictador Augusto Pinochet se encargó de esta labor, al reservarse la comandancia general del ejército. Una transición política, pactada por Estados Unidos y el chavismo no podría funcionar, entre otras cosas, porque faltan piezas para resolver el rompecabezas. Estas prendas son sectores de la oposición política y actores representativos de la sociedad civil. Falta mucho camino por recorrer.

David Smilde, profesor y director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Tulane (EE.UU.), va más allá al afirmar que la intervención militar ordenada por Trump no necesariamente conducirá a una transición democrática. Todavía no está claro lo que quiere Estados Unidos en Venezuela. Trump, básicamente, ha hablado de petróleo y de la industria petrolera. En su campaña del 2024, nunca habló de democracia ni de derechos humanos, sino de inmigración y bandas criminales. Lo relevante es la geopolítica y la estrategia de seguridad nacional. Quizá la visita de María Corina Machado a Washington esta semana ayude a esclarecer este asunto. "Creo que podrían hablar sobre cómo podría llevarse a cabo la transición en Venezuela", dice Margarita López Maya, historiadora y doctora en ciencias sociales.

Desmontar el autoritarismo y reconstruirse institucionalmente

En el horizonte existen más interrogantes que respuestas. Jiménez acierta cuando se pregunta: "¿Está Venezuela ante la posibilidad de una apertura del sistema liderada por el propio gobierno o, por el contrario, se acerca una nueva fase de consolidación de poder bajo un chavismo 3.0?".

El ataque militar estadounidense dejó un disgusto en los venezolanos. La "extracción" de Maduro barrió la figura del dictador, pero el orden y la dominación chavista se mantuvieron intactos. Trump no nos devolvió la democracia, tampoco abrió la puerta de la transición. Quizás porque este proceso no implica que un actor extranjero pueda diseñar o dirigir la transformación del país. "Para ser viable y sostenible, este diseño sigue dependiendo de decisiones políticas internas y de acuerdos entre actores venezolanos", advierte Jiménez.

El proceso de transición política exige, además, algo que en Venezuela no hemos visto desde hace años: confianza entre los actores políticos. Smilde señala que la liberación de un pequeño grupo de presos políticos apunta en esa dirección, pero queda mucho por hacer. De lo que se trata es de desmontar el autoritarismo, y una medida perentoria podría ser levantar todas las restricciones que limitan la libertad de expresión.

Lo electoral es un tema de enorme dificultad. Si se materializa el inicio de una transición hacia la democracia, quizás el objetivo de hacer valer el resultado de las elecciones del 28 de julio no sea parte de la solución sino del problema. Además no sería consecuencia de un proceso de transición. Lo que se asoma en el horizonte son unas nuevas elecciones, pero no podrían organizarse a corto plazo. "No existen condiciones mínimas para celebrar unas elecciones razonablemente democráticas", afirma López Maya. Venezuela necesita reconstruirse institucionalmente. Esto es fundamental. "Para avanzar hacia una democracia es importante orientar las conversaciones hacia las reglas del juego e instituciones, construyendo así acuerdos inclusivos sobre el funcionamiento de un nuevo sistema", señala Jiménez.

Todo esto va en contra de la larga tradición que hay en Venezuela en torno a los liderazgos personalistas. Un hecho: "Este tipo de liderazgo resulta seductor, y en contextos de crisis prolongadas, puede incluso tener un efecto calmante, al desplazar la carga de la incertidumbre del individuo hacia alguien que promete resolverlo todo", sentencia Jiménez. Y de esto no nos hemos curado.

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