Literatura
Internacional 23/04/2021

Las aventuras chinas del Quijote

En 1922 un escritor que no había leído la obra publicó una versión del libro en China

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Una ilustración del Quixot y la portada de la versión bilingüe en castellano y chino de 'Historia del caballero encantado'

PekínMiguel de Cervantes no pudo imaginar las aventuras y desventuras que tendría que superar el Quijote en China. La gran muralla de la lengua fue una batalla tan difícil como la que el ingenioso caballero libró contra los molinos de viento. No fue, de hecho, hasta 1922 cuando el Quijote, y con él su autor, llegaron al gigante asiático. Y, como si fuera el argumento de una novela de aventuras, hay que remarcar que el responsable de la publicación de la primera versión china del Quijote, el escritor Lin Shu, no sabía español, ni ninguna otra lengua extranjera, y ni siquiera había leído el libro. Hizo una versión a partir de lo que Chen Jialing, un amigo suyo que sí se había leído la obra en inglés, le había explicado años atrás. No era, pues, una traducción. Era una readaptación del libro.

Lin Shu tituló esta reconstrucción de la novela, escrita en mandarín, Historia del caballero encantado o Moxia zhuan. Ahora, casi un siglo después, el Quijote recorre el camino contrario y vuelve a casa. La primera versión en mandarín de la novela ha sido traducida al castellano por la sinóloga Alicia Relinque y se ha publicado en una edición bilingüe que también incluye el texto original de Lin Shu.

Reinterpretación del personaje

Evidentemente, había diferencias entre la obra principal y la versión que escribió el autor en 1922. El Quijote que leyeron los chinos, por ejemplo, era más profesor que caballero andante. La relación entre el Quijote y Sancho se convierte en la de maestro y discípulo probablemente porque traduce del inglés el término master como maestro y no como amo. Hay personajes que desaparecen, el cura se convierte en médico y Dios tampoco está presente. La traductora del texto Alicia Relinque dice en declaraciones al ARA que en muchas partes del libro se puede rastrear el original, pero Lin crea un personaje más digno y “pierde un poco del estilo grotesco y de la locura”. Se presentan las acciones del personaje con “un halo de reverencia hacia el pasado, y esto en China se aprecia mucho”. Y este respeto a las tradiciones entronca con la cultura confuciana.

Ni Cervantes ni su personaje eran conocidos en la China de principios del siglo XX. Solo la élite que podía viajar al extranjero y conocer idiomas tenía acceso a la cultura occidental. Precisamente Lin Shu tenía la misión de dar a conocer las obras extranjeras para que pudieran influir en la literatura china, y con el mismo sistema oral tradujo más de un centenar de novelas.

Éxito editorial

El libro generó polémica y fue criticado por estar escrito en chino clásico en un momento de profundas transformaciones en el que los intelectuales apostaban por renovar el lenguaje. Pero la polémica lo benefició: Alicia Relinque afirma que el libro, “según las crónicas de la época, se vendió muchísimo y fue reeditado dos veces en los 12 años posteriores, un dato importante para un país en el que no había mucho dinero”. Con esta publicación, “la figura del Quijote estalló y en la década de los años 30 aparecieron las primeras traducciones con su título original”. El personaje ya era reconocido.

Prueba del éxito es que, según el hispanista Zhao Zhenjiang, desde entonces se han publicado unas 80 traducciones de la novela al mandarín. Zhao destaca la influencia de la obra en escritores como Lu Xun y asegura que “despertó un espíritu quijotesco, de atreverse a hacer las cosas que se sabía que eran imposibles”. En la época de la publicación, añade, “China se encontraba en un periodo todavía semifeudal y semicolonial, y se necesitaba este espíritu revolucionario”. La literatura china, en cambio, ha tardado mucho más en ser traducida al español: los primeros títulos de narrativa no aparecieron hasta los años 80.

Cervantes, en el prólogo de la segunda parte de su libro, hace broma con aceptar la invitación del "emperador de China” para ser rector de un colegio donde se enseñara la lengua castellana y se leyera la historia del Quijote. En realidad era un visionario y, aunque se ha tardado unos siglos, al final los libros han acercado dos culturas aparentemente tan diferentes.

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