¿Nuevos caballos de Troya en la UE? Orbán se va, Fico toma el relevo y Radev se sitúa
Ten cuidado de caer en la tentación de buscar analogías entre la espectacular derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría y la no menos ostentosa victoria de Rumen Radev en Bulgaria. El ultra jefe del gobierno húngaro tiene poco que ver con el exaviador y exjefe de estado búlgaro. Radev es un populista, sí, pero que no pierde de vista sus compromisos con la Unión Europea. Con todo, es inevitable destacar que el Radev que será investido primer ministro no renunciará a su fidelidad a Rusia, un factor que puede representar obstáculos en la ayuda comunitaria a Ucrania. Una situación que invita, pues, a esperar y ver.
De momento el Kremlin ha celebrado la llegada de Radev y, aunque Moscú no ha recurrido al pasado, pocos olvidan que Bulgaria fue considerada durante décadas la decimosexta república de la URSS. Una manera de menospreciarla que llegaría hasta el final mismo de la Guerra Fría, cuando el dictador comunista búlgaro Todor Zhivkov fue destituido el 10 de noviembre de 1989, al día siguiente de la caída del Muro de Berlín.
Nada casualidad y, eso sí, el inicio de una transición plagada de inestabilidad política y de corrupción, que es lo que ha empujado a la sociedad búlgara a votar por un personaje sólido como Rumen Radev, aunque no ha escondido su apuesta por Moscú. Pero cuidado con este punto: según una encuesta publicada hace unas semanas –y de la que se ha hecho eco la investigadora del CIDOB Carme Colomina– el 56% de los búlgaros quieren continuar teniendo Europa como socio prioritario y solo el 19% apostarían por Rusia. Una situación que invita al nuevo líder a ser pragmático y poner en marcha una política –si es que la pone en marcha– que podría tener aspectos oscilantes, pero evitando decantarse hacia puntos de no retorno.
Robert Fico aspira a ser el nuevo Orbán
Precisamente todo lo contrario de lo que hace el primer ministro eslovaco, Robert Fico, que a estas alturas se vanagloria de ser el nuevo conductor del caballo de Troya antieuropeo construido por Viktor Orbán. Fico advirtió que Eslovaquia continuaría bloqueando el préstamo de 90.000 millones de euros que la UE tiene comprometido con Ucrania. Pero el préstamo fue desbloqueado el miércoles por los embajadores de los 27 miembros de la UE: el representante eslovaco no hizo uso del veto. A Robert Fico, un populista ultra pro-ruso que se presenta como “socialdemócrata”, le costará mucho más que a Viktor Orbán amargar la vida a la UE: el eslovaco no es tan sólido como el húngaro. Fico se resiente todavía de el atentado a tiros que sufrió en mayo de 2024, poco después de las investigaciones del periodista Ján Kuciak –más tarde asesinado– que lo señalaban como socio de la mafia italiana.
Todo esto, rodeado de acusaciones de corrupción y de misoginia. Fico habría conseguido, con presiones y amenazas, que la presidenta del país Zuzana Caputova renunciara a un segundo mandato. Las relaciones de Fico con Putin continúan bien articuladas, pero no parece que lo estén las que tiene con Donald Trump: todavía no se ha aclarado si Fico habló o no con miembros del Consejo Europeo sobre “el mal estado psicológico de Trump”, que el primer ministro eslovaco habría detectado después de su visita al presidente de los EE. UU. en la residencia de Mar-a-Lago.
Habrá que estar atentos a los movimientos, salidas y aspavientos de Robert Fico, sobre todo cuando Viktor Orbán haya desaparecido de la escena política, y Rumen Radev comience su recorrido. Quizás el caballo de Troya antieuropeo ha empezado a caer a pedazos, pero todavía quedan secuencias para ver el final.