Elecciones legislativas

El país más pobre de la UE afronta las octavas elecciones en cinco años con un pro-ruso como favorito

Bulgaria sufre una elevada inflación meses después de entrar en el euro

Carteles de la formación política Revival (Renacimiento) en Sofía (Bulgaria), de cara a las elecciones legislativas anticipadas del 19 de abril.
Paulina Kamburova
17/04/2026
3 min

SofíaBulgaria, el país más pobre de la Unión Europea, celebrará este domingo sus octavas elecciones parlamentarias en cinco años. La inestabilidad no es solo política: la inflación continúa disparada, apenas unos meses después de la adopción del euro. El favorito es el exgeneral prorruso Rumen Radev, que dimitió por sorpresa de la presidencia para concurrir a los comicios al frente de la nueva coalición Bulgaria Progresista (PB). Su programa combina promesas sociales con el compromiso de desmantelar un sistema que muchos ciudadanos consideran oligárquico y clientelar.

Con 6,5 millones de habitantes, Bulgaria arrastra una profunda crisis política desde 2021, cuando una oleada de protestas forzó la caída del populista Boyko Borissov, líder del partido GERB (Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria), que había dominado la política nacional durante gran parte de la década anterior. Desde entonces, el país vive en una inestabilidad casi permanente.

El último gobierno, una coalición tripartita formada por GERB, el Partido Socialista Búlgaro (BSP) y la formación antisistema ITN, asumió el poder en enero de 2025, pero se derrumbó en diciembre. Gobernaba en minoría gracias al apoyo del DPS–Nuevo Comienzo, partido vinculado a la minoría turca y controlado por el controvertido oligarca Delyan Peevski, sancionado por Estados Unidos y el Reino Unido por corrupción.

Las protestas anticorrupción de diciembre pasado, en un contexto de fuerte subida de precios, precipitaron la dimisión del gobierno proeuropeo encabezado por el conservador Rosen Zhelyazkov. De esta manera, el país se vio abocado a una nueva repetición electoral.

En esta ocasión, la participación podría ser más elevada de lo habitual, impulsada por las expectativas que despierta Radev. La situación recuerda, en parte, al año 2001, cuando el regreso del rey Simeón de Sajonia-Coburgo-Gotha desde España movilizó al electorado y lo llevó a convertirse en primer ministro.

Los manifestantes, decepcionados

Pero muchos de los manifestantes que salieron a la calle en diciembre miran con escepticismo al exgeneral. Acusan a Radev de haber instrumentalizado las protestas. “Queríamos acabar con la corrupción del gobierno de Borissov, pero el presidente aprovechó la movilización para dar el salto al poder ejecutivo”, lamenta el músico Rado Stanchev. “Simplemente, sustituirá una oligarquía por otra, con un giro geopolítico que nos alejará de Europa y nos acercará a Rusia”, advierte.

El apoyo a Radev proviene de dos bloques diferentes. Por un lado, los votantes rusófilos, partidarios de estrechar relaciones con Moscú y críticos con la integración europea. Por otro, ciudadanos proeuropeos desencantados con el sistema actual, que ven en él una figura capaz de regenerar la política.

“Es sorprendente ver que, una vez más, la mayoría está dispuesta a entregar el poder a un nuevo salvador”, señala Atanas Kolev, un agricultor ecológico que vive cerca de Plovdiv, que también había participado en las protestas.

Mientras tanto, el gobierno interino liderado por Andrei Gyurov, junto con el ministro del Interior, Emil Dechev, asegura estar trabajando para garantizar unos comicios limpios. En las últimas semanas, la policía ha intensificado las operaciones contra la compra de votos y el tráfico de influencias, con más de un millón de euros confiscados y varias detenciones.

Entre los principales afectados por estas investigaciones figuran el entorno de Borissov y el partido DPS–Nuevo Comienzo de Peevski, que mantiene un electorado fiel entre la minoría turca y romaní de origen turco. Sus detractores lo señalan como símbolo de las redes de poder que dominan el país.

El voto claramente proeuropeo se concentra en la coalición Continuamos el Cambio (PP) y Bulgaria Democrática (DB), que moviliza principalmente a jóvenes y votantes urbanos con un nivel educativo más alto. Sin embargo, su influencia continúa siendo limitada fuera de las grandes ciudades.

“Confío en que estas elecciones confirmen que Bulgaria quiere convertirse en un país europeo moderno, que respeta los derechos y ofrece oportunidades a las próximas generaciones”, afirma Yolanda Zografova, psicóloga social que también participó en las protestas.

Fin de la inestabilidad?

Aunque la coalición de Radev se imponga en las urnas, el escenario posterior continúa siendo incierto. La fragmentación parlamentaria podría obligar a negociaciones complejas y no garantiza la formación de un gobierno estable.

Si el nuevo Parlamento queda dividido entre cuatro, cinco o incluso seis fuerzas políticas, la presión para pactar será alta. Pero las profundas diferencias –especialmente en política exterior– podrían volver a bloquear el sistema y empujar al país hacia unas nuevas elecciones en otoño.

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