Rusia y Ucrania redoblan los ataques después de seis meses sin conversaciones

Sin la mediación activa de Trump, las negociaciones para poner fin a la guerra llevan medio año en pausa

Un edificio crema después de unos ataques con drones rusos en la localidad de Petxeníkhy, en la región de Khàrkiv, el 18 de agosto de 2026.
18/08/2026 - 12:14 h.
4 min

MoscúCuando el 18 de febrero concluyó la tercera ronda de las conversaciones trilaterales entre Rusia, Ucrania y los Estados Unidos, todo el mundo dio por hecho que habría una cuarta al cabo de pocos días. Con el mismo convencimiento, nadie esperaba que aquellas negociaciones trajeran un alto el fuego a corto plazo. Pese a que no habían sido infructuosas, sobre todo en el aspecto militar, las cuestiones políticas continuaban enquistadas. Lo que resultaba impensable entonces era que, medio año después, no habría habido ninguna otra conversación para abordar el fin del conflicto, que el proceso de paz estaría congelado, que las posiciones de ambos bandos no habrían hecho sino alejarse y que la guerra habría entrado en la fase más destructiva. Solo esta mañana han muerto diez personas y diecisiete más han resultado heridas en un ataque ruso en la región de Járkov. Y es que tanto Kiev como Moscú creen que tienen más que ganar en el campo de batalla que en la mesa de negociación.

La campaña estadounidense contra Irán eclipsó la guerra de Ucrania. Vladímir Putin celebró que Washington destinara parte de su arsenal a otro frente –especialmente los misiles defensivos Patriot que tanto necesita Volodímir Zelenski– y que la pausa en la diplomacia le dejara vía libre para continuar los ataques fuera del radio de atención internacional. Aquella circunstancia volvió a poner sobre la mesa una realidad que se ha ido arrastrando desde que el republicano volvió a la Casa Blanca: sin el empuje de los Estados Unidos no hay negociaciones de paz en Ucrania.

Durante los últimos seis meses, el presidente estadounidense solo se ha involucrado seriamente en la interlocución entre unos y otros en una ocasión. Fue la víspera del 9 de mayo, cuando pidió a Zelenski que se abstuviera de amenazar la plaza Roja durante el desfile militar de Putin. El único éxito de aquella tregua relámpago fue un intercambio de mil prisioneros por bando. Pero una golondrina no hace verano, sino lo contrario, y con la llegada del buen tiempo se abrió la puerta a uno de los períodos más sangrientos del conflicto.

Más víctimas civiles

El aumento de las capacidades de larga distancia de ambos ejércitos ha convertido en rutina los ataques con víctimas civiles, que cada mes baten registros. Mientras Rusia aprovecha la escasez de misiles Patriot para castigar las ciudades ucranianas, Kiev intenta sobresaturar con un éxito limitado las defensas casi inexpugnables de Moscú. En dos de las tres últimas noches ha superado el récord de drones contra la capital. Esta madrugada ha lanzado 627 sin provocar muertos; solo tres heridos. Los aparatos han golpeado un almacén de Wildberries, la mayor empresa rusa de comercio electrónico, y han dejado unas 10.000 personas sin luz en la región.

El recurso a estos bombardeos de largo alcance es una consecuencia directa de la interrupción de las negociaciones y del estancamiento en la primera línea. Ucrania ha conseguido frenar la ofensiva rusa en la mayoría de frentes, pero no ha sido capaz de revertir la tendencia del conflicto, a pesar de haber recuperado algunos territorios. Rusia ha concentrado buena parte de las fuerzas en Donetsk y ha continuado avanzando hacia los últimos bastiones del Donbás. A pesar de las dificultades para progresar, Putin se ha convencido aún más de sus posibilidades en el campo de batalla y parece haber enterrado las expectativas de culminar sus objetivos por la vía pacífica.

Putin no renuncia a nada

Las últimas declaraciones del presidente ruso demuestran que sus condiciones no han variado en ningún momento, pero recientemente las ha expresado con la máxima contundencia e, incluso, ha amenazado con más conquistas. A finales de junio, Putin repitió que su propósito es el control de Luhansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia, y habló de la necesidad de establecer una zona de seguridad a lo largo de la frontera, es decir, de ocupar más partes de Ucrania al norte de las regiones que se anexionó a la Constitución.

La perspectiva de un alto el fuego tampoco parece cercana. El Kremlin rechazó una supuesta oferta ucraniana para limitar los ataques a las cuatro regiones en disputa, mientras que en los últimos días ha desestimado una tregua en el Mar Negro. El fin de los combates se mantiene como la condición número uno para Zelenski, pero Putin insiste en que, antes de cualquier discusión sustantiva y de plantear una tregua, es necesario que Kiev retire sus tropas del Donbás.

Así pues, no es solo la mediación de los Estados Unidos lo que parece tener limitaciones, sino las fórmulas ideadas. Zelenski aseguró el martes pasado que había entregado a los emisarios de Washington nuevas propuestas para acabar la guerra con la intención de superar este impás. Los enviados de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, hace semanas que dicen que se están preparando para visitar Kiev y Moscú, pero, a la hora de la verdad, nada se mueve. Mientras tanto, Putin no tiene prisa por reactivar la diplomacia, convencido de que, si Trump continúa anclado en el frente interior y exterior, nadie le podrá parar los pies.

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