Europa

Un siglo después de una llanta rota, el norte y el sur valoran la unificación

Los periodistas Sam McBride y Fintan O'Toole diseccionan en un libro los retos clave de un posible referendo

Cartel alusivo en la unidad de la isla de Irlanda en la zona católica de Derry, en una imagen de marzo de 2018.
23/01/2026
5 min

LondresA finales del pasado 2025 se ha conmemorado el centenario del acuerdo que consolidó la partición de Irlanda, asumiendo como frontera permanente la línea provisional fijada en 1920, y que dio como resultado veintiséis condados en el sur y seis en el norte. Coincidiendo con la efeméride se ha publicado el libro For and Against en United Ireland, de los periodistas y escritores Sam McBride y Fintan O'Toole. El primero, del norte, es el editor de The Belfast Telegraph. El segundo, del sur, un muy reputado columnista de The Irish Times.

Ambos han explicado recientemente en Londres, ante un grupo de corresponsales extranjeros, entre ellos este cronista, por qué han escrito un libro que defiende, al mismo tiempo, dos posiciones completamente opuestas sobre la posible unificación irlandesa. De hecho, ninguno de los dos se muestra ni a favor de la unificación ni delstatu quo actual. El ejercicio puede parecer paradójico, pero McBride y O'Toole lo han reivindicado como cauce para entender un debate que ya no es especulativo, sino un horizonte "probable" en un plazo razonable. "No somos políticos, ni activistas, ni estamos haciendo campaña", subrayó McBride. "Intentamos conseguir cierta objetividad a través de un mecanismo muy poco neutral: ser completamente partidistas, pero en direcciones exactamente opuestas".

McBride describió el método con una metáfora jurídica: "Me imaginé como un abogado penalista que debe construir el mejor argumento posible para un cliente y, después, hacer exactamente lo contrario". El objetivo, decía, es demostrar que "hay dos posiciones muy creíbles" y que la política irlandesa necesita una cultura de debate menos visceral. "En Irlanda hemos pasado demasiado tiempo matándonos o, como mínimo, llamándonos. Respetar a tu oponente, aunque creas que se equivoca del todo, es algo que el mundo está perdiendo".

O'Toole, por su parte, reivindicó el papel del periodismo para hacer comprensibles cuestiones que a menudo se atascan en la academia. "Si algo hacemos bien a los periodistas es traducir grandes debates para que sean comprensibles". Y recordó la singularidad del marco político actual: desde 1998, Reino Unido ha aceptado en un tratado internacional que parte de su territorio puede dejar de serlo de forma pacífica. Pero esto no hace que la reunificación sea "simple".

Una factura difícil de calcular

En el fondo, las lecciones del Brexit, y el caos desatado en el Reino Unido a raíz de un referéndum muy mal preparado por el gobierno de David Cameron, se cierne sobre el texto. Ambos coinciden en que elAcuerdo del Viernes Santo transformó profundamente la concepción de la soberanía y de la identidad en la isla. "Es uno de los pocos casos en los que un país reescribe la Constitución para sacar una reclamación territorial", recordó O'Toole. El nuevo texto habla de "unir a todos los que comparten la isla de Irlanda, en toda la diversidad de identidades y tradiciones".

Mural en el barrio del Bogside, donde se sitúa el inicio del período más duro de la represión británica de la población católica, favorable a la unificación de la isla de Irlanda.

Una diversidad que hoy es aún más marcada que hace tres décadas: colapso del catolicismo como identificador nacional, referendos sobre el matrimonio igualitario y el aborto, y el hecho de que "el 20% de la población de la República haya nacido en el extranjero". Por eso O'Toole plantea una pregunta que considera central: "¿Quién decidirá en un futuro referendo?". No sólo unionistas y nacionalistas, sino una franja creciente de ciudadanos con identidades múltiples: "Mi pasado está en Polonia o Nigeria; decidme por qué la unidad es buena para mis hijos?".

Los obstáculos, insiste O'Toole, son de naturaleza identitaria y económica. "Hay todavía una mayoría –aunque es una situación fluida– de ciudadanos de Irlanda del Norte que no quieren formar parte de una Irlanda unificada". De acuerdo con las encuestas más recientes, sólo entre el 30 y el 34% de los habitantes de la provincia están de acuerdo. En la república, los partidarios se sitúan por encima del 60%. Asimismo, "Irlanda del Norte es muy cara de mantener… Londres envía cada año entre 11.000 y 12.000 millones de libras". El cálculo de integrar este gasto en el presupuesto irlandés es, admite, "inmenso" y un factor que podría reprochar, incluso, a los más convencidos.

McBride puso cifras en el debate, citando dos corrientes académicas que llegan a conclusiones diametralmente opuestas. "John D. Fitzgerald y Edgar L. Morgenroth hablan de unos 20.000 millones de euros adicionales al año durante veinte años", mientras otros economistas, como John Doyle, rebajan la factura a "unos 2.500 millones anuales, que disminuirían con el tiempo". Y concluye: "No sabemos cuál es la cifra correcta. Lo que sí sabemos es que la reunificación alemana costó mucho más de lo previsto inicialmente".

Pero el dinero no sólo es una de las grandes incógnitas de la posible reunificación. El comportamiento futuro del Reino Unido es otra. Fintan O'Toole advierte que hay demasiadas incógnitas para dar nada por seguro. "Los nacionalistas irlandeses más duros, que odian a Gran Bretaña, dicen de repente que Londres se comportaría magníficamente. Pero no es tan simple". Un gobierno británico podría optar por una transición "larga y generosa" o, en un clima político deteriorado, por una ruptura "caótica". "No es imposible imaginar Nigel Farage como primer ministro", ironizó.

No hace falta asumir la victoria en el sur

Pese a las encuestas, ambos autores consideran que el resultado de un posible referendo no sólo depende del norte. "Es un error asumir que la República votaría a favor sin dudar", alertó O'Toole. Un estado unificado "no sería la República de Irlanda con seis condados añadidos, sino un nuevo país".

Un hombre sostiene una bandera republicana de Irlanda mientras encabeza una marcha por el aniversario del Domingo Sangriento en la zona Bogside de Derry.

McBride añade una advertencia más contundente: la seguridad. "Existe el doble de paramilitares lealistas en tiempos de paz que soldados en el ejército irlandés", dijo. Recuerda que él creció "con el ejército en las calles y asesinatos casi diarios", y advierte de que el Estado irlandés no está listo para afrontar un repunte de la violencia. "El ejército irlandés no puede imponer su voluntad como podía hacerlo el ejército británico". E ilustra la fragilidad con un detalle: "Cuando escribíamos el libro, sólo una de las tres naves de la marina podía operar, y no tenía el cañón en condiciones".

También alerta del peso de los mitos de sacrificio, tanto en el republicanismo como en el unionismo: "En Irlanda, gente que sabía que perdería militarmente decidió luchar igualmente. Eso es venerado a ambas tradiciones". Y añade que ver a la policía irlandesa patrullando barrios protestantes de Belfast sería "una perspectiva completamente diferente".

Con todo, McBride reconoce que el "momento Brexit" activó urgencias en el nacionalismo –"algo impensable acababa de pasar por ahora-" unificación y que Londres no tiene ninguna presión para convocar un referéndum. Sin una preparación detallada, dice, el debate permanece en un no man's land estéril. O'Toole coincide en que "2030 no parece responsable" como fecha para un referendo, y pide un proceso compartido entre Londres y Dublín para evitar "repetir el Brexit".

A pesar de todas las cautelas, ambos autores concluyen que el debate ya es inevitable y que es necesario afrontarlo sin ingenuidades ni dogmas. "Yo mismo no habría escrito este libro hace unos años; habría parecido ridículo", admite McBride. Pero ahora, remacha, la conversación es abierta, urgente y, sobre todo, "necesariamente paulatina y planificada".

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