¿Todavía existe una mayoría a favor de blindar los derechos en Europa?
La lista de agravios recientes en la Unión Europea es larga y pesada: la inacción ante un genocidio, chantajes trumpianos múltiples y una deshumanización histórica de las personas migrantes. A todo esto se añade un último síntoma: la "política de castillo".
Hablo de la reciente reunión de líderes en el castillo belga de Alden Biesen, donde debían hablar de economía y competitividad después de escuchar de primera mano las demandas de la gran industria para deshacer las leyes que protegen a los consumidores ante la contaminación. Una coreografía que no ayuda a acercar a la UE a la ciudadanía y que refleja un escenario político donde grandes corporaciones parecen dictar el rumbo global.
Ahora bien, este jueves Politico explicaba que nueve países de la UE han pedido por escrito a la Comisión Europea que explore crear un fondo para garantizar un aborto seguro y accesible en toda Europa. Esta iniciativa no sale de un despacho, sino de las activistas de MyVoiceMyChoice que han movilizado a más de 1,2 millones de personas en toda la UE. Como han logrado más de un millón de firmas, la Comisión está obligada a pronunciarse. Las activistas esperan que lo haga la próxima semana.
Cuando la ciudadanía se organiza y traspasa fronteras, obliga a los políticos a mirarse en el espejo. Aunque Francia haya incluido el derecho del aborto a la Constitución, todavía existen países como Malta y Polonia donde está criminalizado. Esta iniciativa no busca hacer que el aborto sea legal en toda la UE, sino asegurar que las mujeres que deben irse de países como Polonia para abortar puedan hacerlo de forma segura y sin arruinarse.
Sorprendentemente, el 17 de diciembre, la Eurocámara votó a favor de esta iniciativa. El texto, que define los derechos sexuales y reproductivos como un "derecho fundamental", salió adelante con una mayoría clara de 358 votos a favor, 202 en contra y 79 abstenciones. Sí, el propio Parlamento que en el 2025 desmenuzó el cordón sanitario contra la extrema derecha, demostró que existe otra mayoría alternativa en favor de blindar derechos en lugar de recortarlos.
La fractura del PPE
El voto fue simbólico pero políticamente significativo. La Izquierda Europea, Verdes, liberales y socialistas votaron en bloque a favor del texto, pero la clave fue la fractura del Partido Popular Europeo. Pese a haberse aliado con la extrema derecha antieuropea en varias ocasiones, en este caso el grupo dio libertad de voto y quedó literalmente partido de por medio: un 43% de sus europarlamentarios votaron a favor y un 41% en contra.
Esta grieta demuestra que el PPE no es un monolito y que todavía hay sectores que se niegan a comprar entero el marco político de la extrema derecha. Sin embargo, en el caso del PP español la fotografía quedó de un color más bien verde-Vox: todos los parlamentarios votaron en contra menos cuatro abstenciones.
La mayoría que protege los derechos humanos en Europa todavía existe, pero nos engañaríamos si no reconocemos que es frágil y que se encuentra bajo una presión asfixiante. La extrema derecha ya ha activado toda su maquinaria de presión para evitar que la Comisión escuche la demanda de 1,2 millones de personas.
Pronto sabremos si la UE todavía quiere ser un espacio de defensa y protección de los derechos fundamentales o si hemos vuelto a la política del castillo.