PANDEMIA
Internacional 10/05/2021

Ley seca y calles vacías: Turquía confinada durante el Ramadán

El país está cerrado durante 17 días, con los hospitales al límite debido al covid y una economía que se hunde

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Una calle completamente vacío en Estambul debido al confinamiento este mismo domingo.
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EstambulLargas colas de coches inundaron las salidas de Estambul, la gran megalópolis turca, en un éxodo provocado por la última medida del gobierno para combatir la pandemia. Después de que el presidente Recep Tayyip Erdogan anunciara un cierre total del país, miles de personas huyeron de la ciudad en los últimos días de abril por lo que vendría en los 17 días siguientes. Y el propio presidente sabe que va a contracorriente respecto de los vecinos europeos: “En un momento en el que Europa entra en una fase de reapertura, tenemos que reducir rápidamente el número de casos a menos de 5.000 [diarios] para no quedarnos atrás”. La cifra que se ha fijado como objetivo está a años luz: Turquía registra hoy por hoy una media de 30.000 contagios de covid-19 cada día.

Colas para salir de Estambul el 29 de abril, horas antes de que empezara el confinamiento total en Turquía.

Solo pueden estar abiertas las tiendas esenciales, los hospitales y la producción, mientras que la restauración y los comercios –en un país donde el turismo representó en 2019 el 12,7% del PIB– se desangran. Kenan tiene un pequeño restaurante cerca de la icónica plaza de Taksim, que en época prepandémica solía estar atestada durante el mes de mayo, y por segundo año consecutivo se tendrá que comer él mismo el pescado. “Éramos veinte trabajadores, ahora somos solo dos. Las cosas no han mejorado ni creo que lo vayan a hacer”, explica. Y como él, miles. Mesas vacías que solo se llenarán si los clientes quieren llevarse la comida: “¿Quién me pedirá comida a domicilio?”, dice Kenan consciente de que su clientela llega de todos los lugares del planeta menos de las cuatro calles que rodean su local.

Cerca de este restaurante está la calle más concurrida del país, Istiklal, por donde pasan más de tres millones de personas al día en los meses turísticos. Hoy, nada que ver. Pero el cierre durante lo que queda de Ramadán, según asegura el gobierno de Erdogan, busca justamente volver a llenar la ciudad y reactivar una economía que ya venía defectuosa de serie. “Si no aplicamos el confinamiento pagaremos un gran coste en todas las áreas de manera inevitable, desde el turismo hasta la educación pasando por el comercio”, dijo el mandatario en un comunicado. Y las cifras ya avisan. O, más bien, las comparaciones: si en 2019 Turquía consiguió unos ingresos de 34.000 millones de dólares gracias a los turistas, en 2020 solo entraron 12.000.

Con 80 millones de habitantes, Turquía ha confirmado casi cinco millones de casos de covid y poco más de 40.000 muertes. En cuanto al número de vacunaciones, el gobierno afirma haber administrado más de 23 millones de dosis –en gran medida gracias a los socios chinos y la vacuna Sinovac– y cerca del 12% de la población ya está completamente inmunizada. Según ha asegurado el ministro de Sanidad, Fahrettin Koca, el incremento del número de ciudadanos con las dos dosis permitirá en los siguientes meses una apertura gradual del país y la consiguiente recepción del esperado turismo. De hecho, el propio Erdogan ya avanzó que no pediría el discutido pasaporte de vacunaciones, en caso de que se ponga en marcha durante los meses de verano: las puertas del país estarán abiertas para quien muestre un test PCR negativo.

Ley seca

A pesar de la indignación de una hostelería que ha visto sus locales cerrados durante meses y no ha podido atender ni a un solo turista, el gobierno turco sorprendió a su población con una medida inédita: los supermercados de bebidas alcohólicas “no entran en las excepciones”, afirmó el ministro del Interior, Süleyman Soylu. Inmediatamente, los colectivos de comerciantes relacionados con la venta de alcohol pusieron el grito en el cielo y uno de sus líderes, Özgür Aybaş, aseguró: "Se trata de un golpe de estado a la vida privada y a la cultura. El coronavirus es la excusa”, dijo.

Pero Soylu lo avisó hace unos meses: “Nuestra decisión es coherente con la visión científica. El alcohol tiene un impacto que provoca un menor distanciamiento social”. Esta base científica no es compartida para muchos: un diputado de la oposición, Veli Ağbaba, afirmó que estas prohibiciones son "un intento de ingeniería social, no una lucha contra el brote” de coronavirus. El siguiente objetivo de Soylu, según anunció esta semana, es prohibir la venta de tabaco durante el Ramadán. La recomendación tampoco provenía de una fuente científica, sino religiosa: “Hay que dificultar el acceso”, dijo Nuri Ünal, presidente de la Unión de Trabajadores de Asuntos Religiosos de Turquía.

La prohibición hizo estallar las redes sociales, que se llenaron de mensajes que insinuaban que la decisión podría servir como experimento para hipotéticas futuras ocasiones: Erdogan, que busca dar el máximo peso posible a los valores del islam en su programa de gobierno, nunca ha sido amigo de las bebidas alcohólicas ni del tabaco. La pandemia, que por un lado ha vaciado los pocos ahorros de los turcos, por el otro ha ayudado al presidente a sacar adelante una agenda sin casi oposición en la calle, y ahora también sin alcohol. Turquía se ha convertido en el país de los 17 días de ley seca, donde los hospitales son atestados y donde solo están abiertos los establecimientos esenciales, como las mezquitas.

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