Mediterráneo

La migración se desconfina

Las causas que empujan a la gente a buscar un futuro en Europa se han agravado con la pandemia

BarcelonaEl Ocean Viking, el barco de rescate de la ONG francesa SOS Mediterranée, ha empezado a desembarcar este mediodía en Sicilia a 572 personas, entre las cuales hay 183 menores, supervivientes del drama cotidiano que se vive en el Mediterráneo, ahora lejos de los focos mediáticos. Los rescataron en seis pateras en las aguas que separan Libia de Malta, la mayoría en la zona de rescate responsabilidad de la isla europea, y después de una semana en alta mar podrán desembarcar en Italia. La más grande era una barcaza de pesca que llevaba 369 personas. El pasado sábado otra patera se hundió ante Túnez, y dejó al menos 43 muertos y 83 supervivientes. En la frontera sur española se acumulan este semestre más de dos mil muertos, según ha anunciado esta semana la ONG Caminando Fronteras. Son solo los primeros compases de un verano que volverá a llenar de muertos las aguas del Mediterráneo, la frontera más desigual del planeta.

“Tenemos tres mujeres a bordo que nos han explicado cómo fueron detenidas y violadas durante meses en los centros de detención de Libia. Nos dicen que ellas y sus hijos eran tratados como mercancías”, explica al ARA Claire Juchat, responsable de comunicaciones a bordo del Ocean Viking. Hace años que se acumulan los testigos de supervivientes de estos centros, donde los migrantes son retenidos y maltratados por hombres armados hasta que sus familias pagan un rescate o consiguen huir. “Nuestro equipo médico a bordo ha tratado heridas de bala y de palizas y torturas”, añade. 

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Los náufragos rescatados provienen de lugares tan lejanos como Bangladesh, y otros más próximos como Egipto, Eritrea o Sudán, que han pasado por Libia, hoy un estado fallido donde una constelación de grupos armados dominan el territorio. Pero Libia no es solo un país de tránsito: entre los hombres y mujeres que viajan en las pateras también hay libios, como una familia con dos niños con graves minusvalías que el Ocean Viking rescató con sus sillas de ruedas. 

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Capturas, no rescates

En las 72 horas que el barco de rescate humanitario estuvo trabajando en la zona se encontraron cinco pateras vacías que habían sido capturadas por los autodenominados guardacostas libios, el cuerpo financiado y entrenado por Italia y la Unión Europea que atrapa a los migrantes en alta mar para devolverlos al infierno libio. Al menos 15.000 migrantes han sido devueltos por la fuerza por estos guardacostas, que no dudan incluso en dispararles, como documentó hace unos días con un vídeo grabado desde su avioneta la ONG alemana Sea Watch.

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Como explica Xavier Aragall, experto en migraciones del IEMed: “Europa, poco a poco y silenciosamente, se ha quitado de encima el problema con estas interceptaciones de los guardacostas libios y tunecinos: no sabemos qué pasa con toda esta gente cuando los devuelven, a pesar de todos los informes de la ONU sobre las terribles condiciones en los centros de detención libios, que se han agravado con la pandemia. Lo peor es que en Europa esto ya no levanta discrepancias: el consenso es que cuanto menos llegadas haya, mejor”. 

Esta política de externalización del control fronterizo lo aplica también España para frenar las salidas hacia Canarias, con acuerdos con los gobiernos de Senegal, Mauritania y Costa de Marfil, y ha puesto en manos del régimen del Marruecos la clave de la vigilancia en las fronteras de Melilla y Ceuta, como evidenció la última crisis de mayo. 

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Vuelven las barcazas de madera

Pero en un lugar sin un estado funcional, como Libia , los resultados son más caóticos. Ahora volvemos a encontrar en el Mediterráneo central grandes barcazas de madera, como la que fue rescatada por el Ocean Víking con 369 personas a bordo, que hacía tiempos que no se veían en la zona. “Esto indica que las playas de Libia no están siendo tan vigiladas, porque estas barcas son muy visibles y hacen falta horas para embarcar a todo el mundo, no como las pequeñas balsas de goma que pueden salir por la noche desde cualquier punto: los traficantes se están moviendo con menos vigilancia”, apunta desde Roma Flavio Di Giacomo, de la Organización Internacional para las Migraciones. 

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También hay otro factor que explica la reaparición de estas grandes barcazas: con menos efectivos de rescate desde que Italia retiró la operación de salvamento Mare Nostrum, los traficantes ofrecen a quienes les pueden pagar barcas más sólidas, las únicas que tienen opciones de llegar hasta la isla italiana de Lampedusa o a las zonas de rescate europeas.

¿Y que hemos de esperar este verano? Todo apunta a que, después de las restricciones de movimiento impuestas por la pandemia, que han afectado también a las personas en tránsito sin papeles, las migraciones han empezado también a desconfinarse.

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Haizam Amirah, investigador del Real Instituto Elcano, recuerda que las causas de fondo que empujan a la gente a migrar no solo continúan sino que se han agravado. “Tenemos estados fallidos, como Libia, Siria o el Líbano. Egipto, que es el país más poblado de la cuenca, tiene hoy un régimen más autoritario de lo que lo era el de Hosni Mubàrak. En Argelia hay una crisis política que no se ha resuelto desde 2019 y un creciente malestar social que el régimen ya no puede apaciguar con subvenciones debido a la caída de los ingresos por el petróleo. Marruecos y Túnez dependen del sector turístico, que genera muchos puestos de trabajo. Y al sur del Mediterráneo no hay ni colchón social ni planes de estímulo y de recuperación como los de Europa. Lo que sí que hay es mucha población, y muy joven, que no llega a cubrir sus necesidades porque no encuentra trabajo”.