La escuela donde estudian los talibanes del futuro

Los alumnos de la madrasa paquistaní Jamia Zubairia quieren extender el Emirato Islámico en Asia

Peshawar (Pakistán)Bajo fuertes medidas de seguridad, Mulana Rahimullah Haqqani asiste a la oración del mediodía con los estudiantes de su escuela coránica, Jamia Zubairia. Ahí se enseña la doctrina radical deobandi, de la que salen los talibanes de la temida red Haqqani, a la que se atribuyen los atentados suicidas más sangrientos contra las fuerzas extranjeras en Afganistán. Su máximo líder, Sirajuddin Haqqani, es ahora el ministro del Interior afgano.

Este seminario islámico fue objetivo de un atentado en octubre de 2020 que casi acaba con la vida de Rahimullah. Una potente bomba de siete kilos de material explosivo colocada en una bolsa estalló cuando este guía religioso estaba impartiendo una conferencia sobre el islam a los alumnos de la madrasa. Ocho estudiantes murieron y más de 100 resultaron heridos, además de él. Ningún grupo reivindicó la autoría del ataque, pero la red Haqqani es también el principal enemigo del Estado Islámico Jorasán (ISIS-K), al que combaten en Afganistán. “Hemos sacrificado 10.000 combatientes luchando contra el Estado Islámico. Esta es la tierra de los talibanes y no dejaremos que Afganistán vuelva a quedar en manos extranjeras. No permitiremos que nuestro territorio vuelva a ser utilizado como campo de batalla de los demás”, sentencia Mulana Rahimullah durante una entrevista con el ARA.

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Para el líder religioso, el ISIS-K es “un producto de América”. “Ellos [los norteamericanos ] los han traído a Afganistán, les han dado dinero y armas”, afirma. Pero ahora que las fuerzas de la coalición se han ido de Afganistán, Rahimullah sostiene que el Estado Islámico Jorasán es “más débil”.  

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Unidad de los talibanes

Tras la caída del primer Emirato de Afganistán, las diferentes facciones talibanas empezaron a actuar de manera independiente, rivalizando entre ellas, a veces hasta llegar casi a una guerra entre clanes. En el caso de la red Haqqani, estrechó los lazos con Osama bin Laden, a quien dieron refugio en Pakistán. Sin embargo, como asegura Mulana Rahimullah, los tiempos han cambiado: “Los talibanes hemos acordado no volver a luchar entre nosotros. No volveremos a ponernos en contra los unos de los otros ni en Afganistán ni en Pakistán”, dice.

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“Empieza una nueva era en Afganistán con el triunfo del Emirato Islámico. No somos los mismos muyahidines que derrotaron las fuerzas soviéticas [en los 80]. Hemos adquirido experiencia en estos últimos 20 años. Sabemos cómo negociar mejor que el primer gobierno talibán, tanto en terreno político como en el militar”, avisa Rahimullah, que confía en que el Emirato Islámico conseguirá el reconocimiento internacional.

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“Hay mucha propaganda negativa sobre los talibanes. Nosotros respetamos a la mujer dentro de los parámetros del islam, con respeto y justicia. Sabremos cómo tratar a los demás con tolerancia y respeto”, puntualiza, y añade: “El Emirato Islámico quiere fomentar las relaciones económicas y comerciales con otros países. Rusia, China, Turquía y Qatar han mostrado su voluntad de comerciar, y los talibanes les damos la bienvenida”, exclama.

El papel de Pakistán

Es un secreto de dominio público que Pakistán, y particularmente sus servicios secretos (ISI), ha sido clave para el rápido avance de los talibanes en la última etapa de la retirada de las tropas de los Estados Unidos de Afganistán. Aunque Islamabad no ha reconocido oficialmente al Emirato Islámico, no ha perdido ni un segundo en extender su influencia sobre la nueva administración afgana, enviando delegaciones de alto nivel a Kabul mientras recibía una cohorte de talibanes en Peshawar.

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En este sentido, el líder talibán habla de “intereses mutuos”, pero niega que la colaboración del ISI les haya dado la victoria. “Ninguna agencia del gobierno nos ha apoyado ni nos ha financiado. Hemos comido pan seco y cebolla, nos hemos calzado chanclas de plástico, pero el espíritu de nuestros combatientes es muy fuerte y con la ayuda de Dios y del islam hemos ganado”, subraya.

Hay más de 30.000 madrasas distribuidas por Pakistán en las que se estudia la corriente deobandi, la más extendida en Asia, pero también la doctrina wahabita y salafista de Arabia Saudita. Los estudiantes coránicos suelen provenir de familias paquistaníes o afganas con pocos recursos que les envían a estos centros donde reciben educación religiosa, alojamiento y comida de forma gratuita. Muchos de estos seminarios religiosos se escapan de los ojos del gobierno y acaban siendo centros de entrenamiento de militantes, como es el caso de la escuela coránica Jamia Zubairia, donde la media de edad es de 20 años. 

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La yihad como único camino

Tras responder con bastantes evasivas las preguntas de esta periodista, Mulana Rahimullah accede a permitirnos el acceso a la madrasa, pero siempre acompañados de la inquisitiva mirada de un escolta. El recinto, a primera vista, es de lo más normal: una sala principal donde los estudiantes se reúnen, rezan cinco veces al día y comen juntos. En la planta de arriba, los dormitorios son zona prohibida, y solo nos dan acceso a la sala de la biblioteca, únicamente con libros sobre el islam y las enseñanzas de Mahoma.

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A estos estudiantes coránicos se les enseña que la guerra santa o yihad es el único camino que ha llevado a la victoria al Estado Islámico en Afganistán. “El islam es sacrificio y nos continuaremos sacrificando por el islam porque el martirio es el camino de la verdad”, responde brevemente un estudiante. “Nuestra generación llevará el islam por todo el mundo. Esta vida es pasajera, pero en el paraíso hay la vida eterna. Con el triunfo de los talibanes en Afganistán extenderemos el Emirato Islámico más allá de Indonesia”, advierte otro compañero, antes de añadir: “Es el tiempo del ocaso de Occidente y del renacimiento del islam”.