Trump amenaza con "eliminar" las embarcaciones iraníes que se acerquen al bloqueo de Ormuz

Washington y Teherán escalan la retórica ante el anuncio del presidente de que aplicará un bloqueo naval

Washington/LondresLa conclusión de las conversaciones de paz en Islamabad sin acuerdo aumentó la incertidumbre en torno al frágil alto el fuego, que desde que nació ha estado tambaleándose por las bombas israelíes que caen en el Líbano. A esto se añade el bloqueo estadounidense en el estrecho de Ormuz. Donald Trump amenaza ahora con "eliminar" cualquier nave iraní que intente cruzar su cordón militar desde este lunes. "Si alguno de estos barcos se acerca a nuestro bloqueo, será inmediatamente eliminado, y utilizaremos el mismo sistema de eliminación que usamos contra los traficantes de drogas en barcos en el mar. Es rápido y brutal", ha advertido el republicano, en alusión a las ejecuciones extrajudiciales en el mar Caribe contra supuestas lanchas narcos. La marina estadounidense ha confirmado que la acción ha entrado en vigor a las 10 de la mañana (hora de la costa este) y que durante los primeros 90 minutos no se han registrado incidentes.

Trump tuvo la ocurrencia de bloquear Ormuz a las naves iraníes este domingo, después de que la delegación estadounidense volviera a Washington sin ningún acuerdo con los iraníes. El presidente quiere infligir daños económicos al régimen de los ayatolás, que el medio estadounidense Bloomberg estima que ya se han embolsado unos 139 millones de dólares diarios desde que el Tesoro estadounidense levantó las sanciones al petróleo iraní el 20 de marzo. En un esfuerzo por contener los mercados, que no hacen más que dispararse con cada nuevo giro de guion, la Casa Blanca decidió suspender las sanciones al petróleo iraní que ya estaba en tránsito hasta el 19 de abril.

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Paradójicamente, la amenaza de hacer saltar por los aires las embarcaciones iraníes llega mientras los ayatolás aún pueden vender el crudo que ha conseguido cruzar el estrecho antes del bloqueo estadounidense. Eso sí, Trump avisó con más de 24 horas de antelación: el domingo a primera hora desde Washington dijo en Truth Social que impondría el cerco el lunes por la mañana.

garantiza que el precio del petróleo continúe al alzaEfectos económicos

El humo retórico dificulta ver la realidad. A pesar de todo, parece que el alto el fuego sigue vigente. Este lunes el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, aseguraba que la tregua mediada por su país seguía en vigor. En declaraciones televisadas durante una reunión de gabinete, Sharif ha recordado que las mediaciones de paz llevan tiempo. De hecho, la imagen de los iraníes desesperados por negociar resulta contradictoria con el resumen que hizo la delegación estadounidense sobre las conversaciones en Pakistán. Antes de volver a Washington, el vicepresidente J.D. Vance, que lideraba la delegación estadounidense, dijo que habían dejado su "mejor oferta final" sobre la mesa de los iraníes y daba a entender que ahora la pelota estaba en su tejado.

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Lo único esperable en medio de todo este lío de declaraciones es una incertidumbre que garantiza que el precio del petróleo continúe al alzaestas instalaciones de los países del Golfo, vitales para su poblaciónDesde que Irán contestó la agresión ahogando el 20% del flujo del petróleo global, la prioridad de Washington ha sido restablecer la normalidad en el paso. Aunque Estados Unidos no es un gran dependiente del petróleo que circula por Ormuz, no es ajeno a sus efectos. Antes de la tregua, el precio del crudo se disparó a niveles del inicio de la guerra de Ucrania. Una subida drástica que se produce en un contexto en el que la administración ya ha hecho todo lo posible para paliar y suavizar el incremento: desde levantar sanciones al petróleo iraní y ruso, hasta liberar unos 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.

Pero el problema no es solo el petróleo. El paso por Ormuz es vital también para el gas licuado, especialmente el de Qatar, y para las exportaciones de varios países del Golfo. En estos momentos, buena parte de este flujo está condicionado o directamente reducido o parado. Según estimaciones del sector, la guerra ya ha recortado en unos ocho millones de barriles diarios el flujo global de crudo, una cifra lo bastante significativa para tensionar los mercados.

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Trump volvía a insistir este lunes en que el gran punto de fricción durante las maratonianas conversaciones con Teherán era el programa nuclear, pero lo que se filtraba el fin de semana a través de los medios estatales iraníes era otra idea. Según fuentes diplomáticas, la gran fuente de discordia era el futuro de Ormuz. Los iraníes, que gracias a la guerra han descubierto el daño global que pueden infligir con el estrecho, quieren el control total. Aunque los Estados Unidos solo pedían reabrir Ormuz como condición inicial para negociar, tampoco tienen interés en dejarlo en manos de un país enemigo.

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Según fuentes de la administración norteamericana citadas por The Washington Post, sobre la mesa del Despacho Oval hay tanto una campaña de bombardeos a gran escala como ataques selectivos contra infraestructuras iraníes. El mismo Trump lo había sugerido con su habitual combinación de amenaza y aparente reticencia: "Odiaría hacerlo, pero son sus plantas de agua... muy fáciles de golpear". Una frase que, en el contexto actual, suena menos a duda moral y más a advertencia operativa. Un ataque a las desalinizadoras de Irán podría desencadenar una respuesta recíproca de Teherán contra estas instalaciones de los países del Golfo, vitales para su población.

La incertidumbre no es solo económica. Es, sobre todo, estratégica. Interceptar barcos de terceros países –chinos, indios o pakistaníes– podría convertir una operación de presión en un conflicto de dimensiones más amplias, consideran diferentes analistas. En términos estrictos de derecho internacional, abordar una embarcación puede ser interpretado como un acto de guerra. Irán, a su vez, asegura que cualquier nave en las aguas de Ormuz supondrá en la práctica una ruptura del alto el fuego y será tratada en consecuencia.

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Distancia europea

Europa, por su parte, de momento marca distancias. El primer ministro británico, Keir Starmer, ha calificado este lunes la situación de "profundamente perjudicial", y ha reiterado que el Reino Unido no se sumará a la operación estadounidense: "No nos veremos arrastrados a una guerra que no es de nuestro interés nacional", ha declarado al programa de radio BBC Live 5, al regresar de una breve gira por los países del Golfo. Londres apuesta por una misión multinacional para garantizar la libertad de navegación por el estrecho, una iniciativa que impulsa conjuntamente con la Francia de Emmanuel Macron. El mensaje es claro: desescalar o, al menos, no contribuir a la escalada. De momento, sin embargo, es más un deseo que una realidad.