El mundo mira a Islamabad: las conversaciones entre los EE. UU. y el Irán penden de un hilo
Pakistán ha jugado un papel clave para llegar a una cumbre que decide si el conflicto puede ser contenido y reconducido
LondresEl mundo mira a Islamabad y contiene la respiración. En un conflicto marcado por la desconfianza generalizada, Pakistán ha conseguido situarse en un lugar singular y privilegiado: el de interlocutor aceptado por todos y pieza clave para evitar el peor escenario. La prueba más visible de la cumbre inminente entre Washington y Teherán, prevista para este sábado salvo que descarrile antes de empezar, es doble. Por un lado, el frágil alto el fuego en vigor desde el miércoles de madrugada. Por otro, la fortificación sin precedentes de la capital del país, Islamabad, y Rawalpindi, ciudad anexa, que funcionan de facto como un único entramado urbano.
Desde el jueves por la noche, según informan los medios locales, la base aérea de Nur Khan –a entre 10 y 15 kilómetros del Hotel Serena, epicentro de las conversaciones de paz– registra un intenso movimiento. Varios aviones de transporte pesado de las fuerzas aéreas de EE. UU. han ido aterrizando de manera continuada. Y hace solo unos minutos, el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, se ha alzado desde Washington hacia Islamabad. Poco antes de subir al avión, Vance ha dicho: "Tenemos ganas de negociaciones". Y ha añadido que EE. UU. están dispuestos a "alargar la mano" si los iraníes actúan “de buena fe”. No obstante, ha advertido que si les "intentan engañar", los Estados Unidos no serán receptivos.
Pakistán ha intensificado los esfuerzos diplomáticos en múltiples bandas –China, Egipto, Turquía y Arabia Saudí– para sentar en la misma mesa a Estados Unidos y a Irán. El presidente Donald Trump ha añadido un grado de incertidumbre a la celebración misma de la cumbre, antes de que se hiciera público el viaje de Vance. En uno de sus últimos mensajes había acusado a Teherán de hacer un "trabajo muy pobre" al no permitir el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz.
Por su parte, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, publicó el jueves en X que el Líbano "forma una parte inseparable del alto el fuego". En otras palabras, o Israel detiene la agresión, que el miércoles llegó a extremos insoportablesEn todo caso, en principio, la parte americana estará bajo la batuta de Vance,
En cualquier caso, en principio, la parte americana estará bajo la batuta de Vance, el hombre de la administración Trump menos inclinado a dar luz verde al ataque de la mano del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Informaciones de Al-Jazeera y del diario pakistaní Dawn apuntan que con toda probabilidad le acompañarán Jared Kushner, yerno de Trump, y el enviado especial y amigo del presidente, Steve Witkoff, así como el general Brad Cooper, que supervisa las operaciones militares de los Estados Unidos en la región.
Por la parte iraní, la delegación incluirá, según las mismas fuentes, el también mencionado presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, que ya ha participado en conversaciones nucleares anteriores con los norteamericanos. Es probable que se una a ellos el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y el viceministro de Asuntos Exteriores.
Y mientras tanto, haciendo malabares, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, será el anfitrión, acompañado por el jefe del ejército, el mariscal Asim Munir, amigo de Trump, y considerado el verdadero hombre fuerte del país. Y el ministro de Asuntos Exteriores, Ishaq Dar.
¿Cómo ha llegado Pakistán hasta aquí?
La posición de Islamabad "no es fruto de la casualidad, sino de un equilibrio geopolítico muy específico", afirma a el ARA Irene Martínez, profesora del Institute of Business Administration, de Karachi. Islamabad mantiene canales directes con Washington, pero al mismo tiempo conserva una "relación funcional con Teherán", alimentada tanto por la proximidad geográfica como por los contactos sostenidos entre las respectivas estructuras de seguridad. "No hay ningún otro país con esta doble entrada operativa", apunta Martínez.
En las conversaciones de Islamabad está en juego, sobre todo, la contención inmediata del conflicto y la posibilidad de abrir una vía negociadora más amplia. Muy difícilmente de este fin de semana saldrá nada concreto. En el mejor de los casos, se continuará comprando tiempo. Solo hay que recordar que el acuerdo entre Irán y el grupo P5+1, firmado el 14 de julio de 2015 en Viena, y que limitaba el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de sanciones, se estableció después de más de veinte meses de negociación. Después, durante su primer mandato, Donald Trump se desentendería. Y de aquella polvareda viene este lodo.
En conversación con el ARA desde Karachi, Irene Martínez asegura que Pakistán ha optado por un enfoque “pragmático y acotado”, centrado en la seguridad del estrecho de Ormuz, con el objetivo de conseguir resultados tangibles en un ámbito donde "los intereses globales son más coincidentes". Esta estrategia responde a la "ventana de oportunidad" abierta por el cansancio de las partes por la guerra. Pero no deja de admitir "la fragilidad extrema" del proceso, donde todo puede caer en cualquier momento.
Desde el punto de vista pakistaní, lo que está en juego es aún más existencial. Martínez subraya que mediar es "no solo una opción diplomática, sino una necesidad estratégica". El país quiere evitar ser arrastrado a una guerra que podría activar compromisos militares con Arabia Saudita, desestabilizar su frente interno –con una importante comunidad chií– y comprometer su seguridad. La crisis energética por el estrangulamiento de Ormuz también es otro factor clave.
Por su parte, y en declaraciones a Al-Jazeera, el contraalmirante retirado Syed Faisal Ali Shah refuerza esta idea desde una perspectiva más explícita: Pakistán "no es parte de este conflicto, pero tiene intereses directos", recuerda. "Lo que pasa afecta a Pakistán y lo que quede después de esta guerra también tendrá consecuencias para el país", afirma. El conflicto impacta directamente en su seguridad, y también en la economía.
Al mismo tiempo, Pakistán se juega su papel de potencia regional en el ámbito internacional que, en esta ocasión, ha pasado la mano por la cara a su rival histórico, la India. Irán busca garantías de que "la guerra no les será impuesta de nuevo dentro de unos meses", pero difícilmente cederá en su capacidad de misiles balísticos, que considera esencial. Esto delimita el margen real de las negociaciones: avances parciales y graduales, más que un acuerdo estructural inmediato. En síntesis, en Islamabad se decide si el conflicto puede ser contenido y reconducido, y Pakistán se juega tanto su estabilidad interna y regional como su proyección como actor diplomático imprescindible, tanto en el Asia del Sur como en el Próximo Oriente.